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Alemania sigue atrapada entre la crisis industrial y la falta de reformas un año después de la llegada de Merz

Alemania sigue atrapada entre la crisis industrial y la falta de reformas un año después de la llegada de Merz
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  • Publishedmayo 6, 2026




La promesa de reactivar la economía alemana fue el eje sobre el que Friedrich Merz construyó gran parte de su ascenso al poder. Después de años de estancamiento, Crisis energéticas y desgaste político.El nuevo canciller se presentó como el líder capaz de devolver el dinamismo a la mayor economía europea y recuperar la confianza de las empresas. Sin embargo, un año después, el equilibrio económico del gobierno de gran coalición deja un panorama mucho más ambiguo en un país donde El malestar empresarial está creciendo al mismo ritmo que la percepción de que aún no se han producido reformas importantes. El Ejecutivo defiende su gestión recordando las rebajas de impuestos a las empresas, las medidas para reducir el precio de la energía y un paquete de incentivos a la inversión. El llamado “impulso del crecimiento”, basado sobre todo en ventajas fiscales y amortizaciones de inversiones empresariales, fue recibido inicialmente con cierto optimismo por parte del sector. También se aprobaron reducciones en la factura eléctrica para algunos sectores industriales o la eliminación de determinados cargos vinculados al almacenamiento de gas, aunque el impacto político y económico de estas decisiones ha sido hasta ahora limitado.

La economía alemana sigue moviéndose en cifras mínimas y el Gobierno ha tenido que revisar a la baja sus previsiones de crecimiento. El ligero aumento del producto interior bruto durante el primer trimestre no ha conseguido cambiar el clima de fondo en un país donde las insolvencias empresariales han alcanzado sus niveles más altos de las últimas dos décadas y donde muchas pequeñas y medianas empresas siguen señalando el precio de la energía como su principal problema. El desgaste afecta especialmente al tejido industrial, que esperaba un vuelco más claro tras la salida de la anterior coalición y que empieza a mostrar signos crecientes de impaciencia. Este desencanto se percibe incluso entre sectores que inicialmente apoyaron a Merz. La asociación que representa a las pequeñas y medianas empresas alemanas afirmó recientemente que la «euforia» generada durante la campaña electoral se había transformado en «auténtica consternación». La Federación de la Industria Alemana también advirtió que Las empresas aún no ven una estrategia clara capaz de impulsar el crecimiento y mejorar la competitividad en un momento especialmente delicado para la industria exportadora alemana.

Parte del problema es que dentro de la propia coalición no existe una visión compartida de qué significa exactamente reformar la economía. Mientras la Unión conservadora insiste en recortar el gasto social, flexibilizar el mercado y aliviar la carga fiscal de las empresas, el Partido Socialdemócrata intenta preservar el Estado de bienestar y rechaza algunas propuestas planteadas por el entorno de la canciller, como la supresión de determinados días festivos. Las tensiones internas han acabado contagiando al debate económico y alimentando la percepción de bloqueo que ya marcó la etapa final del anterior Gobierno. A ello se suma el impacto de la guerra en Irán y la subida de los precios de la energía derivada de la crisis en Oriente Medio, que ha vuelto a estrechar el margen financiero del Ejecutivo y le ha obligado a posponer algunos de los cambios más ambiciosos. Berlín ha logrado cerrar acuerdos concretos, como la reforma sanitaria o algunos compromisos presupuestarios, pero los grandes expedientes siguen abiertos y reformas estructurales como las de las pensiones o el mercado laboral siguen aplazadas mientras crece la presión sobre las cuentas públicas y aumentan las preocupaciones sobre la capacidad de Alemania para sostener su modelo económico.

El debate sobre la dirección económica también se ha extendido a la política climática. El Ejecutivo de Merz ha sido acusado por organizaciones ecologistas y el sector académico de desmantelar instrumentos de protección medioambiental en nombre de la competitividad. La recuperación de las subvenciones al gasóleo agrícola, la reducción de algunas exigencias medioambientales o la relajación de las regulaciones ligadas a las infraestructuras energéticas han alimentado las críticas de quienes consideran que Berlín está frenando la transición ecológica sin conseguir también mejorar la situación económica. Paralelamente, el propio estilo político de Merz ha comenzado a convertirse en un factor de desgaste adicional. Sus declaraciones impulsivas, los enfrentamientos públicos dentro de la coalición y la creciente tensión con Washington han contribuido a erosionar la imagen de un canciller que había prometido estabilidad y capacidad de gestión. Mientras tanto, la incertidumbre económica sigue cundiendo en una parte de la sociedad alemana que esperaba una recuperación más rápida y que empieza a perder la paciencia con un Gobierno atrapado entre crisis internacionales, divisiones internas y reformas que, un año después de la llegada de Merz al poder, todavía no han materializado el cambio prometido.



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