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Arbaso, un hotel en el centro de San Sebastián para adentrarse en la cultura vasca a través de los detalles | Escapadas por España | El Viajero

Arbaso, un hotel en el centro de San Sebastián para adentrarse en la cultura vasca a través de los detalles | Escapadas por España | El Viajero
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  • Publishedmayo 17, 2026



El Hotel Arbaso se presenta como el alojamiento ideal para los amantes del diseño y la arquitectura que se alojan unos días en San Sebastián, pero no hace falta serlo para notar su encanto. Puedes entrar sin sentir ningún afecto particular por estas artes y volverte uno dentro de ti mismo. Estos son detalles. Algunas son estándar, como el hecho de que este alojamiento esté ubicado en un edificio más que centenario -construido en 1917- que linda con la catedral neogótica del Buen Pastor, con la consecuencia de la sensación de nobleza que provoca si se tiene suerte y sus ventanas dan a este edificio religioso, el más grande de todo Gipuzkoa. Otros han sido cuidadosamente pensados, perfectamente tejidos para que todo encaje, para transmitir a los huéspedes una reconfortante armonía que penetra a través de la vista, el tacto e incluso el olfato. “Sí, hemos desarrollado nuestro propio aroma”, confirma orgullosa Elena Narbarte, directora de comunicación del hotel y promotora del aroma.

San Sebastián es la ciudad más lluviosa de España (187 días de lluvia en 2025), pero eso no impide que los turistas se empapen de su diversa belleza, gastronomía y cultura. En 2024, por primera vez, se superó la barrera del millón de entradas de turistas -1.029.670 en total, que en 2025 descendieron ligeramente hasta 1.019.260- en los más de 150 hoteles de la ciudad vasca. El Arbaso no es para todos, empezando por que el precio de la habitación en temporada baja empieza en 157 euros, más 49 euros extra si se incluye el desayuno de degustación. ¡Sí, qué desayuno! – pero ciertamente sabe retener a quienes la eligen para que regresen y, de paso, la recomienden. Repito, estos son detalles.

Mesas de artesanos que cosen madera.

El principio del Hotel Arbaso parece sencillo. Su nombre significa antepasado en euskera y es el homenaje de las tres hermanas propietarias a su padre, pero también una pista de que lo que se esconde en este edificio refleja la esencia de los orígenes, la tradición y la cultura vascas. “La diferencia con otros hoteles, y así nos dijo la propiedad, es que cuando un huésped se despierta aquí sabe que está en el País Vasco”, explica su director, Raúl Fernández Acha. En la práctica, no es tan sencillo. El propio director admite que, por ejemplo, en varias reuniones intentó convencer a la propiedad de utilizar chimeneas eléctricas «que molan mucho» para minimizar riesgos y optimizar recursos, pero en Arbaso todo rezuma autenticidad, por lo que si en la estancia hay una acogedora chimenea, ésta se enciende con leña y fuego.

La madera es la gran protagonista de la vivienda y su presencia destaca por la más refinada sencillez. Los salones de los dormitorios -son 50 en total- cuentan con potentes troncos de roble a modo de mesas y los dormitorios cuentan con un escritorio en madera maciza de nogal europeo, ambos elaborados por los artesanos de Arkaia (división Mosela) en su taller de Vitoria-Gasteiz. Se caracterizan por el uso de baúles raros, rotos e imperfectos, con muchos contrastes, diferentes tonalidades y nudos, que luego transforman en muebles únicos mediante originales procesos ancestrales. En el hotel la llamada está muy presente tximeleta (mariposa, en euskera), que se remonta a la carpintería egipcia. “Es una cola de milano de doble cara para que las grietas no se separen más”, describe Diego Álvarez, director general de Arkaia. También abundan los detalles resultantes del proceso. Erreka (arroyo, en euskera), una especie de costura con palos para tapar grandes aberturas en la madera; o aquellos que tienen éxito con el proceso konikoaque consiste en hacer conos de diferentes tamaños a mano para introducirlos en el tablero hasta rellenar sus agujeros. «Arbaso es el cliente que más compradores nos ha atraído en los 63 años de historia de la empresa. Muchos nos buscan tras su estancia porque les encantaron las mesas», celebra Álvarez.

Uniformes que fusionan harrijasotzaile y pelotari

Hay otra mesa, y ésta no es de Arkaia, que también se ha convertido en un símbolo del hotel. Así son las mesitas de noche inspiradas en piedras pesadas que levantan el harrijasotzailes en este tradicional deporte rural vasco. Son una de las apuestas del estudio de arquitectura Fiark para las estancias, donde conviven con modernas lámparas de lectura con el original diseño de Norman Foster o con la lámpara flotante de Ilmari Tapiovaara. Todo es sobrio, discreto… agradable. Un poco de carácter vasco, según el hotel.

Este hilo conductor también se refleja en el personal y, por supuesto, en sus uniformes. “No querían que fuera literalmente lo que nos viene a la mente cuando hablamos de la cultura vasca, que son los trajes tradicionales. baserritarra [habitante de caserío] con delantal, falda y enagua», explica la diseñadora donostiarra Irati Guarretxena, directora artística de la marca Letitare y responsable del diseño de los uniformes de Arbaso. Decidió proyectarlo «de una forma más vanguardista» e inspirarse en los chalecos de la harrijasotzailes, jugando con colores neutros, texturas crudas y formas ergonómicas. “Creo que funciona muy bien porque es muy práctico en el día a día”, afirma Guarretxena, que también fue responsable de los uniformes de Narru, el delicioso restaurante que convive con el hotel. El conjunto se completa con una camisa de cuello mao y Gerriko (cinturón) de cuero del que cuelgan cuerdas de algodón, en alusión al traje de los pelotaris o pelotaris vascos. “Son guiños muy sutiles, pero pueden evocar materiales y sensaciones locales de una manera más conceptual”, enfatiza.

Muros de luz extraídos de la cantera

En las habitaciones uno se siente como en casa -y en casa normalmente no hay alfombras de fibra de palma, cortinas de lino, cabeceros de cuero, mesas de acero o parqué de roble-, pero también en las zonas comunes. La recepción emana calidez tanto por el trato del personal como por la chimenea central que cobija a los huéspedes que se topan con las lluvias características de San Sebastián. Y esta sensación de refugio se ve acentuada por la intervención del célebre artista bilbaíno Aitor Ortiz, Gran Premio de Honor en la Bienal de Arte de Alejandría en 2001. Los suelos de mármol negro de la entrada se mimetizan con su obra. paredes de luz, forma parte de una serie del fotógrafo inspirada en la carrera de Markina –la colección permanente del Guggenheim– y la posición fluctuante de sus paredes. “Lo que me gusta de la relación entre la obra y el hotel es que nació un poco del origen original del albergue, que se manifestaba en estos espacios tallados en la piedra, en estos espacios de luz que, sin decirte nada, te trasladan a lugares primitivos, pero al mismo tiempo transmiten esa sensación de calidez, confort o hogar”, describe Ortiz.

Aquí nunca se ha alojado, a diferencia de Guarretxena, que fue cuando abrió a principios de 2020, cuando aún se desconocía que estaba a punto de estallar una pandemia mundial. El turismo paró, pero les dio el margen necesario para perfeccionar su apuesta. “Estéticamente, en cuanto a diseño, en cuanto a materiales, para mí es una auténtica gozada. Por cualquier rincón que mires está todo muy cuidado”, define Guarretxena su experiencia desde el interior. El director del hotel insiste en que la calidad se aprecia estando ahí, tocando las sábanas, la madera, las plantas… Ver cómo la luz inunda la estancia “cuando sale el sol”. Aquí no hay nada divertido, todo tiene sentido. Y funciona.





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