Asturias tiene una oportunidad industrial histórica y necesitará más población inmigrante
El economista Antón Costas (Vigo, 1949), presidente del Consejo Económico y Social (CES) de España y catedrático de Política Económica de la Universidad de Barcelona, ofreció este viernes una conferencia en Sama organizada por «Cauce del Nalón» bajo el título «La realidad migratoria en España». La charla parte del informe elaborado por el CES a petición del Gobierno central, un trabajo que analiza el fenómeno migratorio desde una perspectiva económica, social y demográfica. Costas desgrana para los lectores de LA NUEVA ESPAÑA algunas de las principales conclusiones del estudio y reflexiona sobre el papel que la inmigración puede desempeñar en territorios envejecidos como Asturias.
[–>[–>[–>—¿El informe que sirve de base para su conferencia tiene alguna particularidad importante?
[–> [–>[–>—Sí. No es un informe de expertos que refleje únicamente una visión técnica. Es un informe del Consejo Económico y Social, elaborado a petición del Gobierno, que recoge lo que comparten los 60 consejeros y consejeras del CES. Hay representantes de los sindicatos, de las organizaciones empresariales y de otros sectores como el agrario, el pesquero, los consumidores o la economía social. Además de calidad técnica, tiene detrás un amplio consenso social.
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«No hay evidencia de que las regularizaciones provoquen un efecto llamada»
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—¿Cuál sería el diagnóstico general sobre la inmigración en España?
[–>[–>[–>—España ha vivido un proceso migratorio sin parangón. No hay otro país que en apenas veinte años haya pasado de tener una presencia muy reducida de inmigrantes a contar con cerca de diez millones de personas de origen extranjero. Hoy somos el cuarto país del mundo en proporción de población inmigrante, solo por detrás de Estados Unidos, Alemania y Reino Unido. La diferencia es que esos países tardaron entre seis y siete décadas en alcanzar esos niveles y nosotros lo hemos hecho en apenas veinte años.
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—¿Cómo se distribuye esa población?
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[–>—De forma muy desigual. La inmigración se concentra fundamentalmente en la fachada mediterránea, Madrid y las islas. En algunas de esas zonas supera el 25% de la población total y, además, encontramos barrios concretos donde supera el 50%. Ahí aparecen fenómenos de concentración y saturación que debemos saber gestionar.
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—El informe también destaca algunas singularidades de esa inmigración.
[–>[–>[–>—Una de ellas es que está muy feminizada. Más de la mitad de la población inmigrante son mujeres, algo poco habitual en otros países. Eso tiene aspectos positivos, pero también implica riesgos porque muchas veces sufren una doble discriminación, por ser inmigrantes y por ser mujeres. Además, estamos observando una cierta ruralización. La inmigración está contribuyendo a contener la pérdida de población y a rejuvenecer muchas zonas rurales.
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—¿Cómo debe abordarse el problema de la inmigración irregular?
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—La mayoría de las personas inmigrantes están en situación regular, pero existe una bolsa de entre 750.000 y un millón de personas en situación irregular. Y conviene aclarar una cosa: esa irregularidad no procede principalmente de las llegadas por mar. La mayor parte es lo que llamamos irregularidad sobrevenida. Son personas que entran legalmente por los aeropuertos y que, una vez agotado el plazo de estancia permitido, pasan a una situación irregular mientras intentan regularizarse. El problema está en que esos procesos son lentos y complejos.
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—¿Qué efectos tiene la inmigración sobre la economía española?
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—Los efectos macroeconómicos son claramente positivos. Lo vemos en el crecimiento, el consumo, el ahorro o la inversión. También observamos que, tras unos primeros años con peores condiciones laborales y salariales, los inmigrantes en situación regular convergen progresivamente con la población autóctona. Y tampoco encontramos efectos negativos sobre el empleo o los salarios de los trabajadores españoles.
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La llegada de inmigrantes a determinados puestos de trabajo ha favorecido una mejora de la posición laboral de muchos trabajadores autóctonos
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—Eso contradice algunas percepciones muy extendidas.
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—Así es. De hecho, observamos un fenómeno interesante: la llegada de inmigrantes a determinados puestos de trabajo ha favorecido una mejora de la posición laboral de muchos trabajadores autóctonos. Además, el aumento de la inmigración ha venido acompañado de una mejora de la productividad, algo que históricamente no era habitual en España.
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—Sin embargo, la percepción social parece haberse deteriorado en los últimos años. ¿Por qué?
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—Es cierto. España fue durante mucho tiempo una excepción europea por su actitud favorable hacia la inmigración. Ahora esa percepción está cambiando. Creo que una de las razones es que no hemos gestionado bien los fenómenos de concentración y saturación en determinados territorios. Ha existido un punto ciego: no hemos prestado suficiente atención al impacto que esos procesos podían tener sobre servicios públicos como la educación, la sanidad o la vivienda.
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—¿Qué habría que hacer?
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—Invertir muchos más recursos precisamente en esos lugares donde la presión es mayor. Si la población percibe que aumentan las dificultades para acceder a una vivienda o que empeora la calidad de determinados servicios públicos, es lógico que aparezcan tensiones. Una inmigración bien gestionada exige reforzar esos servicios.
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—Asturias afronta un fuerte envejecimiento y pérdida de población. ¿Puede la inmigración formar parte de la solución?
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—Sin duda. Pero no debemos verla como una solución mágica. Es parte de la respuesta a nuestras necesidades de población y de trabajadores. Además, Asturias tiene una oportunidad muy importante, histórica, ligada al retorno de la política industrial en Europa. La pandemia, la guerra de Ucrania y las tensiones geopolíticas han demostrado que necesitamos producir más cerca de casa. Eso favorece a territorios industriales como Asturias.
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—¿Y qué implicaciones tendrá eso?
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—Que necesitaremos más trabajadores y también más población. La natalidad autóctona difícilmente va a crecer. Por tanto, el rejuvenecimiento de Asturias pasará también por la inmigración.
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—¿Cómo se favorece el arraigo de quienes llegan?
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—Hay tres niveles de responsabilidad: Europa, que gestiona las fronteras; el Estado, que regula los permisos de residencia y trabajo; y el ámbito local, que es donde realmente se juega la integración. Es en los municipios, barrios y comunidades donde debemos garantizar la cohesión social. Para lograrlo hacen falta más recursos para educación, sanidad y vivienda social.
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—¿Cuál es el mayor mito sobre inmigración que desmienten los datos?
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—Que los procesos de regularización generan un efecto llamada. No hay evidencia de ello. No aparece ni en las siete regularizaciones realizadas en España ni en los estudios internacionales más rigurosos. Lo importante es que el modelo migratorio sea percibido como un modelo controlado y que sus efectos positivos sean visibles para la sociedad.
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«La inmigración bien gestionada es una bendición para España y también para Asturias»
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—Si tuviera que resumir su posición en una frase.
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—La inmigración bien gestionada es una bendición para un país como España, por tanto, para Asturias. La necesitamos para crecer económicamente y también para afrontar nuestro problema demográfico. Pero precisamente por eso debemos gestionarla bien.
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