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Benidorm se vuelca más de 15.000 fans que vibraron con Van der Poel, Brand y Orts

Benidorm se vuelca más de 15.000 fans que vibraron con Van der Poel, Brand y Orts
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  • Publishedenero 18, 2026



benidorm Todavía era una fiesta. Ni siquiera el mejor de los escenarios habría podido dibujar un día tan redondo: cielos despejados, atmósfera cálida y más de 15.000 personas llenan los parques de Foietes y El Moralet como si fuera una final mundial. Familias enteras, grupos de ciclistas y curiosos se reunieron alrededor de las cintas del circuito para disfrutar de un evento que es mucho más que una carrera: es la gran cita del invierno mediterráneo.

La ciudad de Alicante se ha ganado con esfuerzo un lugar en el calendario y en el corazón de la afición. Cada rincón respiraba bicis y fiesta. Los vendedores de sándwiches hicieron su trabajo en enero y los niños imitaron a los corredores en cualquier montículo de tierra. Desde la primera hora, las gradas y pistas improvisadas se colorearon con banderas, cánticos y móviles levantados para dejar constancia del paso de los mejores del mundo.

En este escenario perfecto, la camiseta arcoíris de Mathieu Van der Poel volvió a llamar la atención de todos. El holandés dominó con su habitual solvencia y repitió la victoria que ya había firmado en 2023. Pero más allá del espectáculo deportivo, su galope en el barro fue el detonante del rugido del público, que celebró cada paso como si el campeón corriera para ellos.

Lucinda Brand también tuvo su momento de gloria. La holandesa ganó la prueba femenina y, al cruzar la meta, levantó los brazos ante un público que la aplaudió con la misma pasión que los ídolos locales. Porque aquí, más que de nacionalidades, se trata de ciclocross y de espectáculo.

Y si alguien encendió la mecha de la emoción fue Felipe Orts. El de La Vila Joiosa subió al podio entre los suyos al grito de “¡Felipe, Felipe!” bajando las pistas de Moralet. Su tercer puesto se sintió como una victoria. Pocas veces una medalla de bronce ha sido tan dorada.

La jornada también dejó espacio para promesas. Jóvenes como David Haverdings y Giorgia Pellizotti se abrieron paso a través del barro mientras el público recompensaba cada esfuerzo. Ni siquiera los más pequeños quisieron marcharse sin esperar a los podios, que se habían convertido en un espectáculo en sí mismos, con los altavoces a punto de estallar y el confeti coloreando el cielo.

Benidorm ha conseguido lo que pocos han conseguido: transformar una difícil disciplina de nicho en un fenómeno popular. La ciudad sonó, vibró y se llenó de acento ciclista. Cuando cayó la tarde y los trabajadores empezaron a levantar las vallas, todavía había grupos de simpatizantes brindando vasos con cerveza y arena en los zapatos. El ciclocross ya tiene su playa.



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