Bernardo Díaz Nosty:
«Manuel Llaneza no es un personaje que me enamore, ni que me seduzca como líder, pero sí es una figura que deja muchos rastros». Así lo dijo ayer en el Club LA NUEVAESPAÑA el periodista, investigador y catedrático emérito de la Universidad de Málaga, Bernardo Díaz Nosty, en un coloquio sobre el movimiento minero, al hilo del libro «Mineros de Asturias» (Renacimiento), un ensayo en el que indaga en la figura del líder político y sindical Manuel Llaneza Zapico (1879-1931), fundador del Sindicato Minero Asturiano y alcalde de Mieres.
[–>[–>[–>El periodista Javier Cuervo, que fue alumno de Bernardo Díaz Nosty en la Universidad Complutense, reconoció haber sido, en cierta medida, el impulsor de la publicación de un trabajo que nació como tesis doctoral. Fue una entrevista realizada hace unos meses al autor la que despertó la posibilidad de rescatar una investigación que, según explicó Díaz Nosty, «seguía cubriendo una importante laguna historiográfica». Su interés por la historia del sindicalismo minero surgió a partir de los trabajos realizados sobre la Revolución de Octubre de 1934. Aquella investigación le llevó a preguntarse cómo se había llegado a un nivel de confrontación tan intenso. Díaz Nosty dibujó el perfil de un dirigente singular dentro del movimiento obrero español, que paso de una baja formación académica a diputado y líder sindical.
[–> [–>[–>Del salario mínimo a la jornada de siete horas
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«Llaneza defendió una vía reformista basada en el acuerdo, el diálogo social y la mejora gradual de las condiciones de vida de los trabajadores. Una posición que contrastaba con las corrientes revolucionarias que, especialmente a partir de 1917, ganaban peso dentro del socialismo y el sindicalismo», explicó el profesor, quien destacó la influencia que tuvieron en Llaneza los modelos sindicales franceses conocidos durante su etapa de emigración a Pas de Calais (Francia). «Allí adquirió una concepción pactista que le permitió impulsar avances tan significativos como la implantación de un salario mínimo o la jornada de siete horas en el interior de las minas», recalcó.
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El proyecto de Llaneza iba más allá de las reivindicaciones laborales. Díaz Nosty subrayó el carácter regeneracionista y regionalista de su pensamiento: «promovió la educación, la lectura y la formación cultural de los trabajadores, combatiendo problemas como el alcoholismo y el maltrato a la mujer, y apostando por una sociedad más ilustrada y democrática. Trataba de llevar a la clase trabajadora hacia un entorno más rico, menos violento y más civilizado», explicó.
[–>[–>[–>A lo largo de la conversación con Javier Cuervo, Díaz Nosty defendió que Llaneza nunca buscó la confrontación directa y lamentó que su muerte, en enero de 1931, le impidiera afrontar los profundos conflictos políticos que marcarían la Segunda República. «Llaneza hubiese sufrido mucho en aquel clima de confrontación», resaltó el investigador. «Desde la moderación y el reformismo, Llaneza intentó vincular el progreso de la minería con el desarrollo de Asturias en su conjunto, anticipando fórmulas de diálogo social que décadas después se convertirían en elementos esenciales de la convivencia», concluyó.
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