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Bogotá: una cima del arte, la gastronomía y el (alegre) despiporre urbanístico | El Viajero

Bogotá: una cima del arte, la gastronomía y el (alegre) despiporre urbanístico | El Viajero
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  • Publishedabril 25, 2026



Bogotá es un caos. Caos delicioso y excitante, pero caos al fin y al cabo. Para empezar, hablamos de 1.776 kilómetros cuadrados de megalópolis (Madrid tiene 604 y Barcelona 102), divididos en 20 localidades (una especie de barrios), a su vez subdivididas en 1.922 barrios. Hay tantos que ni siquiera los taxistas más experimentados han oído hablar de ellos. En términos de población, las cifras oficiales ascienden a casi ocho millones de habitantes. Los informales hablan de más de 12 millones.

Por otro lado, la capital colombiana, situada a 2.600 metros de altitud, goza de un clima, digamos, impredecible. Lo que significa que en algún momento del día lloverá. Así es. Y en general también es genial. No en vano los colombianos en el Caribe lo llaman “el refrigerador”.

Para orientarse hay que buscar los Cerros Orientales, una cadena montañosa paralela a la ciudad, visible desde cualquier punto y que sirve de brújula tanto para extranjeros como para locales. Cuando te paras frente a ellos, el sur está a la derecha y el norte a la izquierda. Con un trazado urbano (más o menos) en cuadrícula, hay que dejarse guiar por las pistas (avenidas nombradas por números ordinales), que se alinean con estas montañas, de sur a norte. Las calles (también numeradas) discurren de este a oeste cruzando las carreras.

Dicho esto, no confíes en él. Si está pensando en alquilar un coche para su visita, pierda la esperanza ahora. Hay laderas con caminos que se retuercen como serpientes; la señalización tiende al minimalismo escandinavo; Los atascos son infernales y la ciudad no ganará ningún premio a la mejor superficie. Debes optar por taxis (mejor solicitarlos en el hotel) o aplicaciones de transporte móvil (la opción más segura).

Finalmente, está este absurdo urbanístico de Bogotá que, en cierto modo, funciona de maravilla (la exuberancia vegetal ayuda). Cada edificio es propiedad de su padre y su madre y generalmente no tiene conexión estética con el edificio adyacente. Hay belleza en el caos, sí, pero es mejor dejarse guiar por un cicerone local como Jaime Martínez, director de ArtBo, la feria de arte más importante de Sudamérica, organizada por la Cámara de Comercio de Bogotá. «La ciudad ha cambiado mucho. Ha crecido, está mucho más poblada», explica. “Y en 2026 se espera que se inaugure el metro, lo que cambiará la forma en que nos conectamos”.

Aunque Martínez nació en Cali, vive en la capital desde 2009. Lo que se dice roló (originario de esta megaciudad) sucedió. “Bogotá ofrece una escena cultural muy rica, pero a veces no nos valoramos”, admite. Como ejemplo, las 46 galerías que participaron en la última edición de ArtBo (muchas de las cuales tienen su sede aquí) y los más de 22.000 participantes. Para la próxima edición, la 22, que se celebrará del 24 al 27 de septiembre de 2026, planea un golpe maestro: el acceso gratuito para todos. Sería el primer espectáculo en el mundo de esta categoría en adoptar este formato antielitista.

Una visita a Bogotá debe comenzar por La Candelaria, el centro histórico, con sus calles empedradas y arquitectura colonial: multitud de museos, restaurantes y cafés con encanto. El día puede comenzar en la plaza del mercado de La Concordia, con sus mostradores de productos locales: frutas, zumos de frutas y café. Cerca de allí, en la plazoleta del Chorro de Quevedo, Gonzalo Jiménez de Quesada fundó la localidad en agosto de 1538. Hoy en día reinan aquí los puestos de artesanía (hippie) y bares con ambiente ruidoso.

El Bloque Cultural del Banco de la República es el epicentro artístico de La Candelaria. En un complejo de villas coloniales bien conservadas se encuentran el Museo Casa de Moneda (numismática), el Museo de Arte Miguel Urrutia (arte moderno y contemporáneo), la Biblioteca Luis Ángel Arango y la Casa Republicana (ambos con exposiciones temporales). Aunque la joya de la corona es el Museo Botero. Allí se exponen alrededor de un centenar de obras del célebre artista colombiano, además de decenas de piezas de su colección privada (Picasso, Renoir y Monet). Justo enfrente se encuentra el Centro Cultural García Márquez, otro monumento cultural de Bogotá.

Continuamos hacia la Plaza Bolívar, centro neurálgico y centro político, que está flanqueada por la Catedral Primada, el Palacio Arzobispal, el Capitolio Nacional (sede del Congreso de la República), el Palacio de Justicia y el Palacio Liévano (que alberga el ayuntamiento). A pocos metros se encuentran el Pasaje Rivas (ideal para comprar artesanías típicas) y el Teatro Colón, lugar que albergó la firma del acuerdo de paz entre el gobierno y la guerrilla de las FARC en 2016.

Para hacernos una idea de lo que suponía este acuerdo, nos desviamos hasta Fragmentos, Espacio de Arte y Memoria. Un lugar maravilloso, entre tropical y racionalista, con una cuidada programación de exposiciones. El piso del edificio, obra de la artista Doris Salcedo, constituye el núcleo conceptual de este contramonumento. Para su creación se utilizaron 37 toneladas de acero fundido procedente de armamento entregado por las FARC tras su disolución. “Es un espacio de calidad internacional”, afirma Jaime Martínez.

Desde La Candelaria se puede subir a la Iglesia de Monserrate, construida en honor a la Virgen de Montserrat de Barcelona. Puedes hacer el recorrido a pie, en funicular o en teleférico, si no quieres llegar a la cumbre con la lengua fuera. Rodeado por una impresionante reserva natural, ofrece vistas impresionantes. Desde el cerro de 3.152 metros de altura donde se ubica (cuidado con los mareos), te haces una idea de las colosales dimensiones de la ciudad.

Bajando se puede visitar la Quinta de Bolívar, antiguo lugar de descanso de Simón Bolívar, que sirve como casa museo. De vuelta al centro, el Museo del Oro es una visita innegociable. Esta colección de platería precolombina, la más grande del mundo, muestra el patrimonio de las culturas indígenas, con tesoros como la balsa muisca. Como contrapunto, a una cuadra está el Septimazo, un tramo de la Carrera Séptima llamado así coloquialmente, de ambiente popular y un tanto surrealista, donde se reúnen puestos de chucherías, artistas callejeros y carritos de comida rápida.

No muy lejos de allí se encuentran el Centro Internacional y el barrio Las Nieves, con dos gigantes culturales como el MAMBO (Museo de Arte Moderno de Bogotá) y el Museo Nacional de Colombia, con una colección que navega entre el arte, la arqueología, la historia y la etnografía. «Muchas de estas instituciones están financiadas por el Estado. Por eso la mayoría son gratuitas», explica Martínez.

Otra cita imperdible es La Macarena, un barrio bohemio con librerías, cafés y una vibrante vida nocturna. Aquí también se establecieron las primeras galerías. Hoy, nombres como Gallery están aquí [SN]Espacio El Dorado y NC art. Justo enfrente de este último se levantan las Torres del Parque, de Rogelio Salmona (también fue arquitecto de MAMBO), una obra maestra de la arquitectura del ladrillo, parte importante de la identidad visual de Bogotá. Detrás se encuentra la plaza cultural La Santamaría, una antigua plaza de toros (las corridas de toros fueron prohibidas en 2024), que ahora alberga espectáculos y la Bienal de Arte. Teusaquillo, el barrio adyacente, también cuenta con galerías interesantes como Mor Charpentier (en un ambiente neocolonial) y LT Projects (en el distrito financiero).

Al norte se encuentra el pueblo de Chapinero, un barrio que incluye decenas de pequeños barrios que por sí solos merecerían una visita individual. En La Cabrera y El Nogal conviven boutiques de diseño (como en la Calle de los Anticuarios), restaurantes de moda, centros comerciales y discotecas (agrupados en la Zona T). Quinta Camacho está dominada por casas de estilo Tudor construidas en la década de 1930 a imagen y semejanza de la arquitectura británica. En Rosales se encuentra la Zona G, la zona que impulsó la gastronomía indígena hace veinte años.

Aunque hoy Chapinero Alto es el destino para descubrir una nueva y pujante gastronomía, con destinos como Selma (cocina mediterránea, con influencias griegas y libanesas), Salvo Patria (con ingredientes locales y prácticas de sostenibilidad) y El Chato. “Es un bistró de cocina colombiana experimental, es impresionante y tiene muy buen ambiente”, explica Martínez. El comedor del chef colombiano Álvaro Clavijo fue nombrado recientemente el mejor restaurante de América Latina, según la lista The 50 Best.

En todos estos barrios hay un ecosistema de expositores como Montenegro Art Projects, Casas Riegner o El Museo. Aunque la región que desató este boom artístico fue San Felipe. “La transformación del barrio comenzó en 2012, cuando un grupo de empresarios compró inmuebles para alquilar a galerías”, recuerda Martínez. “Esto provocó que la ubicación típica de las tiendas de automóviles comenzara a cambiar, atrayendo bares y restaurantes”. Hoy espacios como SGR Galería, SKETCH, Juanita Echeverry o Elvira Moreno dominan estas calles, que alcanzan su punto máximo durante ArtBo Fin de Semana (del 15 al 19 de abril de 2026), el hermano pequeño de la feria.

Un momento perfecto para disfrutar de la vibrante vida nocturna de Chapinera, con bares como Aalto Bar-Bistró (en la azotea del centro comercial El Retiro, con un bar clandestino camuflado) y barra ODEM. «Una terraza para las tardes, aunque a medida que avanza la noche también puedes bailar. Está muy chulo», define Martínez. “Chapinero Bajo siempre ha sido una zona LGTBI, punketa Y hippie. Es el lugar perfecto para experimentar la vida nocturna de Bogotá. Más al norte, todavía nos encontramos con Chicó (con bistrós de alta gama) y Usaquén, donde se encuentra el mercadillo, abastecido por artesanos locales.

Todas las zonas mencionadas son tan seguras como cualquier capital europea, pero siempre es buena idea tener cuidado. Por eso no viene mal una última recomendación de Jaime Martínez: «Cuando un local te diga ‘no vayas a esa zona’, escucha. No vayas, no insistas». palabra de roló.





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