Buscamos llegar a la gente joven
Una tradición y devoción que se remonta a finales del siglo XIX, con mucho arraigo en Noreña, y que ahora afronta un relevo generacional. La Cofradía del Cristo del Ecce Homo, de la que se conservan documentos de hace casi 150 años, renueva su junta directiva. Y lo hace con el impulso de un grupo de cofrades, nacidos en los años ochenta y noventa, que aportan ganas y frescura. Christian Iglesias, vecino de la villa Condal de 37 años, al que su madre le inculcó la devoción por el santo, es el nuevo hermano mayor, tomando el testigo tras un cuarto de siglo a Menchu Cabeza.
[–>[–>[–>Más de 700 cofrades veneran al Cristo del Ecce Homo, que se encuentra durante todo el año en la capilla de La Soledad, hasta su bajada multitudinaria en septiembre, con un profundo respeto. “Damos el paso para que siga la tradición de esta procesión, que es algo que no se puede perder en Noreña. Trataremos de visibilizar aún más la tradición y llegar a la gente joven”, señala Iglesias.
[–> [–>[–>En la junta directiva le acompañan Javier Vidal García como secretario; Laura Suárez como tesorera; y Beatriz Corte, José Luis Rodríguez, Oliver Alonso, Alba Olay y Alejandro Rionda -éste último de la anterior junta directiva- como vocales. También cuentan con Sheila Abad como colaboradora.
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A la izquierda, José Luis Rodríguez, Javier Vidal García, Oliver Alonso, Laura Suárez, Christian Iglesias, Beatriz Corte, Alba Olay y Sheila Abad, al frente en la capilla de La Soledad de Noreña. junto al Cristo del Ecce Homo. / P. A.
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En este primer año, de toma contacto, agradecen en primer lugar el apoyo de la junta saliente, que les ayudará en la transición. Y también marcan ya algunas de las líneas a seguir, ya mencionadas, como conseguir la implicación de la gente más joven y también de todos los vecinos. “Nos gustaría que haya muchos más balcones adornados en Noreña, en los días de celebración, con estampas del Nazareno”, resalta Iglesias.
[–>[–>[–>De costaleros a directivos
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Entre los directivos de esta nueva junta se encuentran Oliver Alonso y José Luis Rodríguez, que han estado como costaleros, portando la imagen del Cristo, durante los últimos 17 y 16 años respectivamente. “Lo que más marca es cogerlo al hombro”, confiesa Alonso. “Y ver la gente cuando bajas, aprecias esa devoción que sientes, con un profundo respeto, es algo que te da respigo”, añade Rodríguez.
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Éste último además rememora la historia que le contó su familia sobre cómo, con solo once meses, vivió su primer Ecce Homo, en el que sus padres siempre explican que perdió un zapato y jamás apareció. “Eran otros tiempos, la cantidad de gente que seguía la procesión era inmensa, y muchísimas mujeres acompañaban al Cristo descalzas”, añade. Desvela también otra situación personal que le marcó y le conectó aún más con esta figura clave para los noreñenses: “En 2017 sufrí un ictus y salí adelante, cuando el Ecce Homo, en septiembre. Mi mujer subió descalza para pedir por mí”.
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[–>Algo parecido le sucedió a Beatriz Corte, a la que le detectaron un tumor cerebral, que finalmente fue benigno, y del que se recuperó. La operaron hace tres años, en septiembre, y vivió “unos días algo complicados, en los que tuve unos efectos secundarios, como que se me fue la cabeza y no conocía a nadie”. Añade que “me mandaron estampitas del Ecce Homo y pidieron por mí, y me recuperé”. Eso, sumado a que su madre siempre fue muy creyente, “marcó un antes y un después” para ella.
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Para Alba Olay estar en la junta directiva de la cofradía es una especie de homenaje a su abuela, que le inculcó el fervor por el Cristo, y con la que bajaba de niña en las procesiones. Y para otros, como Javier Vidal García, que se asentó hace cuatro años en Noreña, y que venía de estar en la Cofradía de San Juan Evangelista de Avilés, es haber descubierto “la vocación y admiración del pueblo de Noreña por el Ecce Homo y cuando me trasladaron esa llamada para colaborar aquí me sumé rápido”, comenta.
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