Cae en picado la popularidad de Trump a seis meses de las elecciones de medio mandato
A seis meses exactos de las elecciones de medio mandato en Estados Unidos, Donald Trump encara una campaña marcada por una paradoja incómoda: volvió a la Casa Blanca con el apoyo de millones de votantes que creyeron en su promesa de frenar el encarecimiento de la vida, pero durante su mandato los precios han seguido presionando a las familias. La gasolina, la comida, la vivienda y los servicios básicos no dejan de subir, acelerados por una guerra en Oriente Medio que el electorado desaprueba.
[–>[–>[–>Solo un 37% de los estadounidenses dicen aprobar al presidente, frente a un 59% que desaprueba su gestión, según el sondeo más reciente, realizado por The Economist y YouGov la semana del 24 al 27 de abril. El dato anticipa el riesgo para el Partido Republicano. Estas elecciones –llamadas midterms– renuevan toda la Cámara de Representantes y parte del Senado. Si el partido del presidente pierde una o ambas cámaras, la Casa Blanca tendrá menos capacidad para aprobar leyes, presupuestos o investigaciones.
[–> [–>[–>La encuesta tampoco muestra un cierre de filas claro tras el atentado fallido del 26 de abril en la cena de corresponsales de la Casa Blanca, a diferencia de pasados incidentes contra el mandatario. En particular, tras el primero de todos, en el mitin de campaña en Butler, en julio de 2024, cuando Trump fue impactado en la oreja, sí se registró un ascenso de popularidad inmediato. Esta vez, el ataque no parece haber cambiado de opinión a los votantes, ya sea porque el tercer atentado ha sorprendido menos, o porque el sentimiento popular lo dominan la economía, la guerra y el cansancio electoral.
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El presidente estadounidense Donald Trump y la primera dama en la cena de corresponsales de la Casa Blanca / Europa Press/Contacto/Yuri Gripas/POOL
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La economía se vuelve contra la Casa Blanca
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El frente más peligroso para los republicanos es el bolsillo. La guerra en Irán, con escasa aprobación pública, ha añadido presión sobre el combustible y ha reforzado la sensación de que la Casa Blanca no tiene un plan claro ni en el frente bélico ni para contener el coste de vida. Lo que debía ser uno de los puntos fuertes de Trump se ha convertido en una vulnerabilidad.
[–>[–>[–>Según Fox News, medio afín al presidente, solo el 34% de los votantes aprueba su gestión económica, frente a un 66% que la desaprueba. Por primera vez en 16 años, los votantes confían más en los demócratas que en los republicanos para gestionar la economía. Ese giro amenaza una ventaja histórica republicana.
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Trump ha intentado proyectar control, pero sus prioridades públicas alimentan la crítica de que no sintoniza con sus votantes. Mientras sus aliados reclaman atención a precios y salarios, el presidente ha dedicado tiempo a la política exterior y a proyectos personales. En declaraciones a los corresponsales de la Casa Blanca tras ser evacuados del hotel Hilton por el tiroteo, llamó la atención de todos los medios cómo el presidente aprovechó para defender su plan de construir «el mejor salón de baile del mundo» dentro de la Casa Blanca, un símbolo de desconexión con el electorado.
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La paralizada construcción del salón presidencial de Donald Trump en la Casa Blanca / Europa Press/Contacto/Christy Bowe
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El mapa electoral como salvavidas
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Con ese clima, los republicanos llevan meses estudiando cómo hacer que los mapas y colegios electorales jueguen a su favor. La práctica de redibujar distritos electorales para favorecer a un partido, conocida como gerrymandering, ha tomado especial relevancia en este ciclo electoral. En EEUU, cada estado se divide en distritos y cada uno elige a un congresista. Cambiar las líneas puede concentrar votantes rivales en pocos distritos o dispersarlos en muchos, alterando escaños.
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El Tribunal Supremo de Estados Unidos ha declarado inconstitucional el mapa de Luisiana por considerarlo un gerrymander racial: un diseño que usó la raza de los votantes de forma indebida y otorgó un peso electoral específico a determinadas comunidades. La consecuencia política puede ser la eliminación de al menos un distrito favorable a los demócratas.
[–>[–>[–>El efecto inmediato puede ser limitado. Luisiana tiene una primaria prevista para el 16 de mayo y el voto anticipado estaba a punto de comenzar. Pero el precedente importa. Florida ya aprobó un diseño que podría crear hasta cuatro distritos favorables a los republicanos.
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Los demócratas temen que el fallo debilite la Ley de Derecho al Voto, norma histórica contra la discriminación racial. Si se reducen esas protecciones, podrían perder alrededor de una docena de distritos de mayoría minoritaria en el sur. Nueva York, Colorado e Illinois estudian responder con cambios propios.
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Imagen de archivo del presidente estadounidense Donald Trump. / Andrew Leyden/ZUMA Press Wire/dp / Europa Press
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Los demócratas buscan agenda propia
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Los demócratas tratan de encontrar su propia agenda política. No quieren llegar a noviembre solo como el partido que se opone a Trump, sino con una propuesta económica reconocible. El ala progresista intenta ocupar ese espacio con una idea fácil de explicar: bajar el coste de la vida.
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El plan se llama Nueva Agenda de Asequibilidad y lo impulsa Greg Casar, congresista de Texas y presidente del Congressional Progressive Caucus. Incluye 10 proyectos sobre vivienda, cuidado infantil, horas extra, grandes empresas y productos básicos. Entre las medidas figuran ayudas para la primera vivienda, cuidado infantil local y pago doble por las horas extra.
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La estrategia evita temas que suelen dividir a los demócratas o movilizar a los republicanos, como inmigración, crimen o debates culturales. Casar presenta la propuesta como una ampliación del mensaje progresista: «Seguimos totalmente comprometidos con Medicare para Todos y seguimos luchando por esas ideas». Pero añade que el partido debe mostrar «nuevas ideas» frente a la crisis del coste de la vida.
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Los republicanos lo presentan como marketing electoral. Mike Marinella, portavoz republicano para la Cámara, sostiene que es «la misma agenda de extrema izquierda que subió los costes», rebautizada para un año electoral. Casar remata que los demócratas «tienen que ser más que un partido anti-Trump«. La batalla queda definida: Trump llega en mínimos, los republicanos buscan protegerse con los mapas y los demócratas intentan vender un plan para aliviar la economía.
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