Carláctico
Carlos sigue batiendo récords, en resultados, en títulos, en copas, siendo ahora el más joven en convertirse en Oro. Sólo los superdotados consiguen esto en su carrera, él lo consiguió en apenas cuatro años, y de qué manera.
Frente a otros grandes con esa potencia para apoderarse del campo, si es necesario, defender, correr, trabajar con orden y precisión milimétrica, gran disciplina en sus patrones, y sobre todo, debilitar a su rival, en este caso un Djokovic adulto, y hacerle sentir punto tras punto, tiro tras tiro que le domina en el saque, en el descanso, en los entrenamientos, en los reveses, en las voleas o en las dejadas, y le hace sentir menos.
En el cuarto set, perdiendo 2-1, el serbio sacó a relucir su arsenal ante Sinner, pero Carlos aprovechó los momentos y acabó rompiéndole el servicio.
Una cosa es ganar y otra cómo ganar, el público mostró sus ganas de que Djokovic hiciera historia, pero con paciencia y sobre todo el lado espectacular de su tenis, volcó esas preferencias con esos tiros improbables, esos movimientos casi inhumanos o esa mentalidad de jugar para la historia con esa media sonrisa y hacer que el público acabe admirando la calidad, el nivel del tenis y quedándose satisfecho con la historia de Carlos, el ganador más joven.
El deporte es mágico, dos semifinales de ensueño para una final de cine, si el joven ganara, como pasó, un récord juvenil y si ganara el más joven, un récord para la historia, el tenis siempre ganaría una historia increíble.
Aquí en España, antes del torneo, se habló mucho de sus decisiones, de su capacidad para mantener el nivel y, según dijo, supo gestionar esta otra batalla y no dejar que afectara a su tenis. Analizando el pasado y sin saber los motivos, todos nos preguntábamos si era una decisión tenística para mejorar o puramente personal.
Cualquiera sea el motivo, supo gestionarlo con la capacidad de mantener el nivel e incluso pensar en mejorar, que para mí es el verdadero motor para seguir adelante. Llegó a Australia con una nueva preparación para el saque, jugando más profundo y avanzando. Él y su equipo siguieron trabajando para ser mejores y subir el listón, y este es el resultado: el Golpe de Oro.
Carlos Alcaraz celebra con el trofeo tras ganar el Abierto de Australia individual masculino ante el serbio Novak Djokovic.
Reuters
Siempre explico que no es lo mismo ganar porque tu oponente baja su nivel que ganar porque tú subes el tuyo. Y Carlitos suele ser quien gana escalándolo, a veces pensamos que no se puede hacer mejor o más difícil, en estas situaciones extremas él inventa la perfección, toca el Olimpo de los dioses y tal vez le ayuden, pero los busca.
Ganar así debe ser la cima, depende sólo de ti y de tu inspiración, después de tantos partidos y tanto tenis es casi imposible escribir tanta pasión, talento y habilidad. Ganar, ganar y sacar al público de sus asientos, incluso a aquellos que se oponen, describe el Niño de Oro.
Ya ha superado a todos en edad, ¿quién podría haber predicho que después de RF, RN, ND aparecería alguien como él, con las cualidades de los tres y con estas ganas de aprender por sí mismo y seguir mejorando?
Quiero felicitarlo por querer seguir creciendo, por apostar por su equipo, por su gente y dejarse aconsejar para seguir mejorando, felicitar al torneo por darle un trofeo al entrenador, en este caso Samu y también por convencerlo de la dura batalla de que, siendo tan bueno, quería seguir mejorando, y que el alumno quería hacer los cambios para subir el nivel.
Y a Carlitos porque ya recibió un nuevo nombre y quiere ser como él, Carláctico.
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