Carlos Martínez, vuelve el socialismo yeyé, por Matías Vallés
El comunismo fúnebre quedó arrasado en la izquierda postfranquista por el PSOE de la pana y los cabellos largos. La ideología vendría después, para coquetear muy pronto con el ultraliberalismo desenfrenado. Una eternidad más adelante, con Carlos Martínez Mínguez (52) vuelve el socialismo yeyé, desenfadado y melenudo. Aunque las comparaciones son ociosas, coloquen al lado una foto del ministro Óscar López Águeda (52).
[–>[–>[–>Carlos Martínez necesita presentación, pese a haberse convertido en la revelación de las elecciones a Castilla o León (no corregir por favor la disyuntiva, que define a dos comunidades en una). Alcalde a perpetuidad de Soria con cuatro mayorías absolutas en el morral, ascendió a secretario general socialista de la región a un año de los comicios, en sustitución del neutro Luis Tudanca. Con una campaña electoral yeyé, término evolucionado del ‘She loves you yeah yeah’ de los Beatles, no solo ha frenado la erosión socialista. Sumó dos escaños inesperados, de 28 a 30, aparte de catorce mil votos suplementarios. Ha devuelto el nervio a una formación desahuciada.
[–> [–>[–>Se reconoce a los campeones en la derrota, y Martínez compareció en la triste velada dominical al grito de «no me gusta perder ni al parchís», con un copyright previo en manos de Rafael Nadal. Felicitó a Maniquí Mañueco en público, anunció que refrendaría la concesión de la victoria en una llamada privada. Generó confianza porque no disimuló el desenlace masivo a favor de PP/Vox, con dos votos de cada tres.
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La energía contenida de Martínez causó por lo visto profunda desazón en Ferraz. El candidato de Castilla o León fue despachado de modo perentorio por Rebeca Torró, tal vez la peor entre los recientes secretarios de organización del PSOE, una de esas personas capaces de hundir a un partido sin ayudas externas. La dirigente izquierdista tampoco contempló la hipótesis de que los periodistas le plantearan preguntas sobre la valoración de los resultados, otro ejemplo de la degradación de la convivencia política.
[–>[–>[–>En esta página no podrá advertirse el tono, crucial en la expresión de Martínez, lo cual equivale a hablar de un conjunto yeyé sin banda sonora. Por simplificar, el redentor castellano no pretende ser más inteligente que sus votantes. Se inscribe en la estela del alcalde más famoso de Nueva York después de Zohran Mamdani. Se llamaba Ed Koch, y tenía el coraje de enfocar un mitin de campaña bajo el lema de que «si estáis de acuerdo conmigo en nueve de doce asuntos, votad por mí. Y si coincidís en doce de doce, consultad a un psiquiatra».
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También Martínez deja un margen de libertad a sus oyentes, por lo que su mensaje funciona como un antídoto contra el trumpismo desatado. Para desactivar a Trump no hay que imitarlo, sino neutralizarlo, según el modelo químico de la llave y la cerradura. El nuevo líder de la oposición a la Junta se bate con denuedo en esta batalla desigual, junto a izquierdistas tan acreditadas como la galleguista Ana Pontón o las opositoras madrileñas Mar Espinar y Manuela Bergerot. Con Gabriel Rufián de director de orquesta, algo se mueve en la izquierda española, si Podemos no lo desbarata según acostumbra.
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[–>El PP está receloso de Martínez, el PSOE solo celoso. Su irrupción resulta inconveniente, y aquí se entromete una de las cláusulas que obligan a sospechar que la clerecía socialista desea meterlo en vereda, porque las declaraciones del candidato fueron el lunes postelectoral mucho más ortodoxas. Es decir, aburridas y estériles.
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Hasta el punto de que he preferido no escucharlas, para blindar este texto con una panorámica favorable del personaje.
[–>[–>[–>Así habla Martínez sin el lastre de su partido perdedor:
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—Pocas veces es necesario mentir y hoy tampoco, no estoy contento.
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Hay algo ‘camusiano’ en la expresión, pero conviene aterrizar. Tal vez la única ventaja suplementaria de Martínez consiste en la frescura de su emergencia. El PSOE presentó en Extremadura a un futuro procesado, un nuevo récord incluso en partidos con condenas por corrupción. En Aragón se sacrificó a Pilar Alegría, donde cuesta trabajo decidir si estaba más lastrada por la portavocía del Gobierno que por sus comidas a solas con Paco Salazar.
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A partir de las últimas autonómicas, la conclusión moderada establece que el candidato importa. Relativamente, porque la ausencia de Sánchez puede ser más relevante que la introducción de un desconocido que elimina el aroma de secta esclerotizada. Martínez es el miembro del PSOE más atractivo de Castilla y León, tras la neutralización de Óscar Puente en Adamuz. Brota inesperado un socialismo que invita a mirar, un paso más y obligará a escuchar. Votar es otra cuestión, más comprometida.
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