Chabuca Granda, asturiana
La gloria de la música criolla, doña María Isabel Granda y Larco, conocida mundialmente como Chabuca Granda, era oriunda de Asturias. Ella misma lo recordaba cuando tenía la ocasión y se lo compartió también a Joaquín Soler Serrano en una de aquellas magistrales entrevistas televisivas suyas, en enero de 1977. Con su elegante expresión de siempre y su precioso acento limeño, le dijo esto: «el ancestro es una cosa muy fuerte. Tengo el temor de que si me echo a andar por Asturias, la caminaré como dos años. Nosotros somos de allí. Las gentes que se ocupan de eso remontan mi casa desde el siglo VII. Luego, es un país minero y yo nací en una mina. Pero ahí crece también el verde. Es fuerte el ancestro, y mi temor es que cuando venga a España la camine y me olvide de volver a Lima».
[–>[–>[–>El diplomático belga Ferdinand de Trazegnies, que se casaría con una Granda, confirma en su interesante trabajo sobre la estirpe de su mujer los datos que proporciona Chabuca. En «Los Granda en el Perú», editado en 1948 por el Instituto Peruano de Investigaciones Genealógicas, localiza en la parroquia homónima de Siero el solar familiar, del que saldrían para América distintos miembros a lo largo de los siglos. Aunque ese topónimo se extienda en el Principado por distintos concejos, Trazegnies hace suyos los criterios del genealogista Miguel Granda y Torres-Cabrera al concluir que «todos los Granda tienen un origen común, procediendo de una pequeña región asturiana inmediata a Oviedo, capital de esta provincia, que lleva el nombre de Granda y que arranca probablemente entre los años 718 y 1037, en tiempos de la Reconquista». Francisco de la Granda llegaría desde Asturias a Colombia de finales del XVIII, y de ahí se marcharían los Granda al Perú, en concreto a la zona de Camaná, en Arequipa, muy famosa por su fertilidad y hermosura.
[–> [–>[–>El laureado escritor Eduardo González-Viaña, que fue buen amigo de Chabuca, con quien viajó por México y trató en Madrid, ratifica este hondo sentimiento asturiano de la inmortal artista. Y hacia España. En plena Transición democrática, le vaticinó que nuestro país estaba viviendo el cambio más poderoso desde la invasión musulmana. Eduardo me confesó en alguna una oportunidad que parte de su pasión por Asturias se debe al amor que tenía a esta tierra la autora de melodías tan legendarias como «La flor de la canela» o «Fina estampa», esta última dedicada a su padre, ingeniero de minas. Viaña tiene pendiente de terminar una obra sobre la insuperable cantante y compositora peruana, que la pandemia interrumpió.
[–>[–>[–>
Aunque hubiera conocido la patria de sus mayores, me encantaría poder dar noticias de recitales ofrecidos en ella. O de letras evocadoras de su procedencia, pese a que hay quien especula que tal vez su tema «Canterurias», un homenaje a los picapedreros, sea en el fondo un juego de palabras entre la actividad extractiva y el nombre de nuestra comunidad.
[–>[–>[–>De todas formas, como esta grande entre las grandes dejó cientos de canciones y poemas inéditos custodiados hoy por sus hijos, a buen seguro que en ese ingente material descansa más de una referencia a este terruño que ella tanto quería. Y del que un día partieron sus ancestros hacia esa España del otro hemisferio que tan cerca del corazón tenemos.
[–>[–>[–>
Por las venas de una de las mayores estrellas del firmamento musical americano y universal, versionada por otros gigantes, corría sangre asturiana. Y algo así debiera hacernos despertar sano orgullo. Como el que latía en ella cuando rememoraba de dónde venía.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí