Colombia, El Salvador, Honduras… Los embajadores de Trump no dejan de crecer en el continente
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, parece estar logrando en América Latina el éxito que, de momento, le niegan las encuestas.
Mientras la guerra en Irán, la cruzada contra la inmigración y los continuos cambios de criterio restan fuerza en las encuestas, fuera del país el sello MAGA es popular entre los votantes de derecha lo que significa que los candidatos que profesan su admiración por el inquilino de la Casa Blanca logran buenos resultados electorales.
Así lo demuestra este domingo el ganador de la segunda vuelta de las elecciones colombianas, Abelardo de la Espriella, el último de los trumpistas latinoamericanos en llegar al poder, y que se suma a una serie de líderes de extrema derecha fieles seguidores del presidente estadounidense, como el argentino Milei o el salvadoreño Bukele.
Y junto a ellos, un conjunto de líderes más o menos de derechas, más o menos populistas, que vienen confirmando en los últimos meses el innegable giro a la derecha del continente.
Frente a la prudencia diplomática de otros dirigentes, que expresan sus preferencias en elecciones ajenas antes que dirigentes de la misma tendencia pero sin alardear demasiado para no romper puentes políticos y comerciales en caso de derrota, Trump proclama con fuegos artificiales quién es “su candidato” antes, durante y después de la campaña.
El último ejemplo han sido las elecciones colombianas, en las que tanto Trump como el secretario de Estado, Marco Rubio, Han expresado públicamente su alegría por la victoria del derechista De la Espriella.
El club de amigos de Trump está presidido por el presidente argentino, Javier Milei, con quien el inquilino de la Casa Blanca se ha reunido en varias ocasiones, y que es «un buen amigo, luchador y ganador». La historia de amor es recíproca, por supuesto, porque Milei se deshace en elogios para el presidente estadounidense cada vez que se lo preguntan.
Otro miembro ilustre del club es, por supuesto, Nayib Bukele (El Salvador), a quien Trump admira por su mano dura contra el crimen, sentimiento que no le ha llevado a replicar las prisiones y métodos del presidente centroamericano en suelo estadounidense, aunque sí ha coqueteado con esta posibilidad con algunos de los centros para inmigrantes irregulares que ha abierto.
En marzo de 2026, Trump ya organizó una cumbre con líderes de derecha latinoamericanos, institucionalizando un bloque que no deja de crecer.
También se incluye al reciente presidente de Honduras, Nasry Asfura, que no era el favorito en las encuestas pero que llegó al poder tras recibir el respaldo de Trump.
En la órbita de Trump, sin llegar a una simbiosis tan fuerte con el movimiento MAGA, están Daniel Noboa (Ecuador), Santiago Peña (Paraguay), Luis Abinader (República Dominicana) o el recién electo presidente chileno, José Antonio Kast.
Para todos ellos, la armonía con Trump es un negocio próspero… por ahora. Porque con el presidente de Estados Unidos nunca se sabe. Si no, que se lo pregunten a la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, para quien la relación amorosa con el presidente estadounidense ha acabado en una discusión a la vista de todos.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí