CONFLICTO GANADERO | Un siglo después de su compra, el Puerto de Pinos moviliza al campo: “Lo pagó el pueblo para usarlo, no para prohibirlo”
El recrudecimiento de la “guerra” de pastos se está dejando notar en las “trincheras”, donde los ganaderos de Mieres han logrado mantener un frente unido y combativo. El sentir general es coincidente. Se trata de un conflicto cada vez más politizado que amenaza con dejar a decenas de profesionales sin unos pastos que, en muchos casos, ya utilizaban sus abuelos en el Puerto de Pinos. La historia es bien conocida por todos en el sector. El Ayuntamiento de Mieres compró el monte hace un siglo para garantizar su uso ganadero. Por eso, hoy nadie entiende que sus reses tengan que dejar de pastar allí.
[–>[–>[–>Vanessa Losa lo explica sin rodeos. Es ganadera en la zona de El Pedroso y maneja una explotación de más de 60 reses, una cifra que varía según la temporada. Su día a día depende directamente de poder subir al puerto. “Si no hay pasto, no puedes tener animales”, resume con crudeza. En un concejo como Mieres, donde la superficie de pradería es limitada, el acceso a Pinos no es una opción, sino una necesidad.
[–> [–>[–>La incertidumbre pesa. “Queda un mes y aquí estamos sin saber qué hacer”, señala, rodeada de compañeros en la protesta. Mantener el ganado en el valle durante el verano es, sencillamente, inviable. “Es imposible, ni a pienso ni a forraje. No sería rentable”, insiste. En su caso, además, la situación tiene un impacto añadido. Practica la trashumancia y pasa parte del año fuera de Asturias. “Yo ahora estoy en Extremadura y de allí voy a Pinos. Si me quitan eso, acaban con mi ganadería”, lamenta.
[–>[–>[–>
Un problema para grandes y pequeños
[–>[–>[–>
A su lado, Pablo Sánchez asiente. Él tiene una explotación más pequeña, con una docena de vacas, pero comparte la misma preocupación. En este conflicto, el tamaño de la ganadería no marca la diferencia. Todos dependen de un sistema que ha funcionado durante generaciones.
[–>[–>[–>Marga Vázquez, rodeada de ganaderos. / David Montañés
[–>[–>[–>
Marga Vázquez, otra ganadera mierense, pone el acento en la dimensión histórica del problema. “Lo que no se entiende es que una propiedad que pertenece al Ayuntamiento, comprada por el pueblo para uso y disfrute de los ganaderos, ahora no podamos utilizarla”, explica. Recuerda que aquella adquisición supuso en su día un enorme esfuerzo económico para el municipio. “Costó todo el presupuesto de un año”, subraya.
[–>[–>[–>
Agravio comparativo con León
[–>[–>[–>
La sensación de agravio se agrava al comparar la situación con la de los ganaderos leoneses. “A nosotros se nos prohíbe y a ellos se lo permiten”, denuncia. Más allá de la disputa administrativa, Vázquez describe un modelo de trabajo que depende de ese equilibrio estacional. En invierno, el ganado permanece estabulado; en primavera, los prados se recuperan; y en verano, el traslado a la montaña permite segar hierba para el resto del año.
[–>[–>
[–>“Si no podemos subir, no podemos segar, y entonces hay que comprar forraje. Eso es insostenible”, explica. En su caso, con 17 reses, el margen es mínimo. Pero el problema es común: «Sin Pinos, el sistema se rompe».
[–>[–>[–>
En las voces de los ganaderos no hay discursos grandilocuentes, sino una preocupación concreta y compartida. La de un modo de vida que se tambalea. Porque para ellos, el conflicto no es solo jurídico ni político. Es, sobre todo, una cuestión de supervivencia.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí