cuatro millones de muertes al año por fallos cardíacos
Por lo que comes, creces, para bien o para mal. El clásico refrán castellano coincide en este caso con la conclusión de un exhaustivo análisis publicado en la revista ‘Nature Medicine’, que rastrea la dieta y salud cardiovascular 204 … país durante las últimas tres décadas. Los datos son sorprendentes: solo en 2023, las dietas subóptimas (es decir, bajas en verduras, frutas o cereales integrales) se asociaron con 4,06 millones de muertes por cardiopatía isquémica en todo el mundo.
El estudio, que forma parte del proyecto Carga Global de Enfermedades, revela que una mala alimentación no sólo acorta la vida, sino que también quita años de calidad. En el último año registrado, el impacto de la mala alimentación provocó la pérdida de casi 97 millones de años de vida ajustados por discapacidad (AVAD).
La investigación analiza 13 factores dietéticos clave, desde el consumo de alimentos frescos hasta el exceso de sodio, pintando un mapa global donde la desnutrición por defecto y el exceso de alimentos ultraprocesados coexisten como dos caras de la misma moneda.
El caso de España: luces y sombras
España, que participó en el estudio a través de instituciones como el CNIC o el Hospital Clínico San Carlos de Madrid, presenta una evolución que invita a un optimismo moderado. Según los datos desagregados del informe, nuestro país siguió la tendencia de Europa occidental, alcanzando un Reducción del 45,2% en la tasa de mortalidad cardiovascular atribuible a la dieta desde 1990. Esta mejora se debe en gran medida al control de los factores de riesgo clásicos y a una mayor adherencia histórica a dietas protectoras.
La evolución de España, que participa a través del CNIC o el Hospital Clínico San Carlos, invita a un optimismo moderado
Sin embargo, los investigadores advierten que no hay lugar para la complacencia. A pesar de la mejora estadística, la cardiopatía isquémica sigue siendo la primera causa de muerte en España ligada a factores de riesgo modificables. El estudio destaca que, incluso en países de tradición mediterránea, la penetración de componentes nocivos como el bebidas azucaradas y exceso de sodio Esto erosiona las ventajas competitivas de nuestra pirámide alimenticia tradicional.
La dictadura de los ultratransformados
La geografía del riesgo cardíaco ha cambiado radicalmente. Mientras que regiones como Europa occidental, Australasia y América del Norte han logrado reducir el número de muertes (en parte gracias a una mayor concienciación y mejores sistemas de salud), otras regiones están avanzando en la dirección contraria. En el África central subsahariana, la mortalidad relacionada con la dieta ha aumentado aumentó en un 20% en el mismo período.
El investigador Min Seo Kim, del Hospital General de Massachusetts y autor principal del estudio, señala que existe una clara brecha entre países en función de su desarrollo. «Mientras los países en desarrollo enfrentan desnutrición y un acceso limitado a alimentos protectores, los países desarrollados se ven más afectados por el consumo excesivo de componentes dañinos», dice Kim. Entre estos últimos destacan las carnes procesadas y el sodio.
Lo que falta y lo que queda
Uno de los hallazgos más relevantes es que la salud del corazón se resiente no sólo por lo que comemos en exceso, sino fundamentalmente por lo que dejamos de lado. La falta de cereales integrales, el bajo consumo de ácidos grasos omega-6 (presentes en aceites vegetales y semillas) y la escasez de frutos secos se posicionan como las principales causas de mortalidad, por delante incluso de las grasas trans.
“Los países en desarrollo enfrentan desnutrición, los países desarrollados enfrentan un consumo excesivo”
Min Seo Kim
Hospital General de Massachusetts
Esta falta de “alimentos protectores” genera un estado de vulnerabilidad de las arterias que el sodio se encarga de remediar. Para Dong Keon Yon, investigador de la Universidad Kyung Hee de Seúl y coautor del trabajo, estos resultados subrayan la necesidad de políticas públicas más agresivas. “Se necesitan acciones específicas para abordar tanto el bajo consumo de alimentos protectores como el elevado consumo de componentes nocivos”, afirma Yon, quien subraya que las intervenciones no pueden ser uniformes, sino más bien adaptado a la realidad de cada región.
Cambio de paradigma
Pese a la magnitud de las cifras, los autores mantienen la necesaria prudencia científica, recordando que el trabajo se basa en datos de observación. Sin embargo, el mensaje es claro: la dieta es el factor de riesgo modificable más importante para detener el aumento de ataques cardíacos y angina registrados en las últimas dos décadas.
La dieta es el factor de riesgo modificable más importante para detener los ataques cardíacos y la angina
El estudio concluye que no basta con pedirle al paciente que “coma menos”; El desafío actual de salud pública es garantizar que la población pueda “comer mejor”. El acceso a grasas poliinsaturadas y fibra de calidad procedentes de cereales integrales demuestra ser una medicina preventiva más barata y eficaz que la mayoría de los medicamentos recetados cuando el daño ya es irreversible.
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