Cucarachas contra el Gobierno en la India
Las emergentes estrellas políticas en la India son las cucarachas. Miles, millones de cucarachas por todos los rincones de un país con muchos deberes pendientes en higiene, pero la epidemia se ha incubado en la cochambrosa política. Es el signo de los tiempos: el Partido Popular de las Cucarachas (CJP, por sus siglas inglesas) surgió como una inocua travesura digital y se ha erigido en la plataforma de una juventud desengañada y frustrada. También es la confirmación de la parodia y la sátira como armas de destrucción masivas.
[–>[–>[–>Nació el movimiento tras el resbalón más insospechado. Los indios acumulan lamentos sobre los políticos pero es ampliamente respetado el Tribunal Supremo porque compensa a menudo la ineptitud gubernamental en asuntos tan nucleares como la protección medioambiental. El magistrado Surya Kant habrá tenido días más esclarecidos que cuando describió a los jóvenes desempleados como cucarachas y parásitos que, sin ningún mejor plan para ocupar sus vidas, «atacan a todo el mundo» desde el activismo social o el periodismo. Buscaba estigmatizarlos y consiguió un orgullo de clase: las cucarachas surgen en ecosistemas tan hostiles como lo es la India para los jóvenes. Poco después, ya en la tormenta, matizó el mensaje. No pretendía insultar a todos sino solo a los que compraban diplomas universitarios falsos. No funcionó.
[–> [–>[–>La IA, aliada
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Abhijeet Dipke, un estudiante treintañero en Boston y estratega político, respondió en Twitter: ¿Qué pasaría si todas las cucarachas se unieran? Sorprendido por las miles de inmediatas respuestas, decidió crear la página web del movimiento con ayuda de amigos y de la Inteligencia Artificial. Estuvo lista en dos horas y, en pocos días, había superado los 20 millones de seguidores en Instagram.
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Son más del doble que los del Partido Popular de India del primer ministro Narendra Modi y, presuntamente, con el mayor número de afiliados del mundo. El manifiesto fundacional del CJP cita asuntos candentes de la política nacional como las alegaciones de pucherazos electorales, la cercanía de Gobierno y grupos mediáticos o las jubilaciones doradas de políticos y jueces. También incluye un formulario de inscripción, rellenado por millones de solicitantes, que detalla los requisitos: desempleado, gandul, crónicamente en las redes sociales y con aptitudes profesionales para despotricar. La etiqueta ‘#MainBhiCockroach’ (Yo también soy una cucaracha) se popularizó mientras las redes sociales encadenaban vídeos y memes elaborados con inteligencia artificial sobre corrupción, nepotismo, ineptitud y otras taras nacionales.
[–>[–>[–>Ha insistido Dipke en que nunca planeó catalizar el descontento. Simplemente, ocurrió. «Los jóvenes están muy frustrados y carecen de vías para expresarse. Las democracias necesitan espacios para la disensión, el humor, la sátira e incluso la frustración», ha dicho en sus múltiples entrevistas. «Los que están en el poder piensan que los ciudadanos son cucarachas. Deberían saber que las cucarachas se alimentan en lugares podridos. Eso es la India hoy”, ha añadido. Para desacreditarle ha recordado el Gobierno su pasado en el Aam Aadmy Party, formación opositora nacida en 2012 para denunciar las corruptelas del poder.
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Crecimiento económico
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La economía crece por encima del 7% anual, el país es una potencia tecnológica y Modi alude sin descanso a la grandeza que asoma. A la primera potencia demográfica global, con casi la mitad de sus 1.400 millones de habitantes por debajo de la treintena, se le supone un futuro prometedor. Pero la macroeconomía y los discursos nacionalistas les parecen ajenos a los millones de jóvenes desempleados o con salarios misérrimos que lidian con la presión social y familiar, la soledad y la incertidumbre. Los doce años de Modi en el poder tampoco han calmado las tensiones religiosas ni rebajado las desigualdades sociales.
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[–>Su Gobierno se afana estos días en exterminar las cucarachas. La cuenta en Twitter del partido ha sido bloqueada en India tras una demanda legal, la web sufre ataques y la cuenta personal de Dipke en Instagram ya ha sido hackeada. El estudiante ha desvelado que trabaja en nuevos «hogares». «Las cucarachas nunca mueren», ha recordado.
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