David Jiménez, abogado experto en herencias, advisa: «Cuando tú le entregas tus bienes a un hijo has perdido el control”
Cada vez más padres adelantan la herencia a sus hijos con una idea clara en la cabeza: ahorrar impuestos. La lógica parece sencilla. Si se dona ahora, se paga menos que en una herencia futura. El problema es que esa decisión, tomada solo desde el punto de vista fiscal, puede tener consecuencias irreversibles. Algunas tan graves como perder la vivienda familiar.
[–>[–>[–>Es lo que relata el abogado experto en herencias y fiscalidad David Jiménez en uno de sus vídeos publicado en Tiktok. Un caso real que sirve de advertencia para muchas familias que están valorando hacer una donación en vida sin analizar todo el escenario.
[–> [–>[–>La historia que lo cambia todo
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“Se presenta un matrimonio en el despacho y me cuenta que han hecho una donación a su único hijo para ahorrar impuestos en la herencia”, explica el abogado. La operación, en apariencia, era correcta. Padres, hijo único, patrimonio ya repartido y una carga fiscal menor. Pero había un detalle clave que nadie tuvo en cuenta. “Cuando tú le entregas tus bienes a un hijo has perdido el control de esos bienes”, advierte Jiménez. Y ese matiz lo cambia todo.
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Con el paso del tiempo, el negocio del hijo empezó a ir mal. Llegaron las deudas, los problemas financieros y, finalmente, los embargos. Como los bienes ya estaban a su nombre, los acreedores actuaron sobre ese patrimonio, incluida la casa en la que habían vivido los padres toda su vida.
[–>[–>[–>«Ese hijo ya era propietario de los bienes como consecuencia de la donación de sus padres y acabaron embargándole todo», relata. El resultado fue demoledor: los padres, pese a haber sido los propietarios originales, se encontraron ante la posibilidad real de perder su hogar.
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El gran error: pensar solo en impuestos
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La donación en vida se ha popularizado en los últimos años, especialmente en comunidades autónomas con bonificaciones elevadas en el Impuesto sobre Sucesiones y Donaciones. El mensaje se ha simplificado hasta el extremo: donar es más barato que heredar. Pero la realidad es mucho más compleja.
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[–>“La parte fiscal es importante, claro que sí, yo me dedico a esto y me encanta la parte fiscal”, reconoce el abogado, “pero hay que ver todo en su conjunto”. Y ahí es donde muchas familias fallan.
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Donar no es un trámite administrativo sin consecuencias. Es una transmisión plena de la propiedad. Desde el momento en que se firma, el bien deja de pertenecer a los padres y pasa a formar parte del patrimonio del hijo, con todo lo que eso implica.
[–>[–>[–>Cuando el patrimonio hereda los problemas del hijo
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Uno de los grandes riesgos de la donación es que el bien queda expuesto a la vida económica y personal del donatario. Y la vida, por definición, es imprevisible. Un negocio que quiebra, un aval firmado por un tercero, un divorcio conflictivo, una mala inversión o incluso una deuda tributaria pueden terminar afectando a esos bienes. La ley no distingue el origen sentimental del patrimonio. Si está a nombre del hijo, responde de sus deudas.
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«Corres el riesgo de que como a él le vaya mal pierdas todo el patrimonio», resume Jiménez. No es una hipótesis teórica. Es una situación que llega a los despachos profesionales con más frecuencia de lo que muchos imaginan.
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“Es nuestro hijo, nunca pasará nada”… hasta que pasa
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Muchas decisiones de este tipo se toman desde la confianza y el afecto. Nadie duda de su hijo. Nadie piensa que las cosas pueden torcerse. Pero el derecho no funciona con suposiciones. El abogado lo deja claro en su mensaje: no se trata de desconfiar de los hijos, sino de entender que una donación en vida mal planificada elimina cualquier red de seguridad para los padres. Una vez perdido el control del bien, no hay marcha atrás sencilla.
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Incluso en casos de hijos responsables y con buena situación económica, el riesgo existe porque no depende solo de su comportamiento, sino de factores externos que pueden cambiar en cuestión de años.
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Donar no es heredar antes
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Otro error habitual es pensar que la donación es simplemente “una herencia adelantada”. Fiscalmente puede parecerlo en algunos casos, pero jurídicamente son figuras muy distintas.
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En una herencia, la transmisión se produce tras el fallecimiento, cuando ya no existe riesgo vital para el causante. En una donación, ese riesgo permanece durante años o décadas. Y el patrimonio queda expuesto todo ese tiempo.
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Además, revertir una donación no es sencillo. Solo es posible en supuestos muy concretos y, en la mayoría de los casos, si no se han previsto cláusulas específicas desde el principio, la operación es prácticamente irreversible.
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