de Wallis Simpson a Liz Taylor y Jackie Kennedy
No es solo un libro sobre alhajas. ‘Los Cartier. La historia no contada de la familia tras el imperio de las joyas’, de Francesca Cartier Brickell, abre la caja fuerte emocional de la dinastía que convirtió Cartier en sinónimo de lujo y glamur, pero también en escenario de romances, intrigas, traiciones y dramas singulares. Descendiente directa, su tatarabuelo fundó Cartier en 1847, la autora reconstruye la saga a partir de cartas, recuerdos y una larga investigación. El origen del imperio se remonta al París del XIX con Louis-François Cartier, pero fueron los tres hermanos Louis, Pierre y Jacques quienes lo llevaron a la cima internacional, entre París, Londres y Nueva York, con un lema que resume bien su ambición: «Nunca copies, solo crea».
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La autora Francesca Cartier Brickell y los tres hermanos Cartier con el patriarca Alfred, en 1922: de izquierda a derecha, Pierre, Louis y Jacques. / JONATHAN JAMES WILSON / CARTIER FAMILY ARCHIVES
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Mientras Cartier preparaba piezas para la coronación de Eduardo VIII, fabricaba también el anillo de compromiso de la mujer que acabaría ligada a su abdicación (la condición de divorciada dos veces de la ‘socialite’ estadounidense y la relación que mantenía con el heredero desde que era príncipe provocaron una catástrofe institucional, por la que Eduardo se vio forzado a abdicar del trono británico en 1936). La piedra central era una esmeralda de 19,77 quilates, nacida de una gema gigantesca «del tamaño de un huevo de pájaro», que la casa tuvo que cortar para satisfacer el deseo del rey. Dentro del anillo, además, Cartier grabó una frase íntima: «Ahora somos nuestros 27 36″, por la fecha en que Eduardo se declaró a Wallis y ella obtuvo el divorcio. Antes ya le había regalado otras piezas cargadas de simbolismo, como un colgante de nueve cruces enjoyadas; después llegarían las famosas panteras y tigres, y animales en general, de Cartier, que la convirtieron en la gran sacerdotisa del lujo afilado, por lo que «sigue siendo la clienta de Cartier más asociada a los grandes felinos». Llegó a comprar «12 accesorios con motivos de grandes felinos».
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Los duques de Windsor, en Madrid, en 1940. Wallis luce el broche de flamenco de Cartier. / HULTON ROYALS COLLECTION / GETTY
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La actriz de los ojos violetas recordaba así el regalo de Mike Todd en la Costa Azul: una ‘parure’ [conjunto de joyas para usar juntas] de rubíes y diamantes de Cartier en 1957. «Estaba en la piscina… y Mike salió a hacerme compañía. Salí de la piscina, lo rodeé con mis brazos y él me dijo: ‘No te muevas, llevas la tiara y se te puede caer'», recordó más tarde. Pero su gran capítulo llegó con el diamante que Cartier comprado en una subasta, y que exhibió como el ‘Diamante Cartier’, hasta que en 1969 lo vendió a Richard Burtón quien se lo regaló a la actriz. Desde entonces pasó a denominarse Diamante Taylor Burton. Pero Burton inicialmente perdió la oferta inicial y estalló en ira: ««Me convertí en un maníaco delirante».. Cartier aprovechó la derrota del actor como una brillante operación de marketing, pues antes de que la piedra acabara en el cuello de Taylor, miles de personas hicieron cola para ver la piedra en la tienda de la firma en Nueva York. Era una piedra colosal 69,42 quilatesde presencia teatral y fama mundial, tan grande que el propio Burton bromeó sobre su tamaño: «casi parece un nabo», dijo.
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El ‘Diamante Cartier’ pasó a llamarse ‘Diamante Taylor-Burton’. La actriz lo usó en la ceremonia de los Oscar de 1970. / BETMMAN / GETTY
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La presencia en el libro de la icónica actriz es breve, pero reveladora: basta su asociación con el universo de ‘Los caballeros las prefieren rubias’ (1953), dirigida por Howard Hawks, y protagonizada por Marilyn Monroe y Jane, para fijar el nombre de la Maison en el imaginario del Hollywood clásico. Aquí no importa tanto una pieza concreta como la fuerza simbólica del diamante como promesa de deseo, ascenso y fantasía. Si Wallis convirtió la joya en escándalo y Taylor en exceso, Marilyn la transformó en cultura popular: en una idea de glamur instantáneamente reconocible, incluso para quien jamás cruzará la puerta de una gran joyería.
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Marilyn, en ‘Los caballeros las prefieren rubias’ (1953). Rosa y tachonado de diamantes (los mejores amigos de las chicas). / EPC
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El libro sitúa a la diseñadora en el mismo París que estaba reinventando a la mujer: vestidos más cortos, pelo a lo ‘garçon’, líneas más libres, una elegancia nueva. Louis Cartier entendió muy pronto que la joyería también debía acompasarse a ese cambio. El marchante René Gimpel lo resumió en una frase perfecta: «Es el comienzo de un renacimiento en el arte de la joyería. Cartier ha fijado una fecha». Chanel aparece además en la órbita, pues eran amigas, de Jeanne Toussaint, el gran amor de Louis Cartier, como parte de ese mundo sofisticado y feroz donde el lujo era también una forma de poder. Las dos formaban parte de la élite parisina y artística de la época, siendo además mujeres líderes en sus respectivas industrias, moda y joyería.
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Coco Chanel, en 1935. / GEORGES HOYNINGEN HUENE /EPC
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La aristócrata estadounidense y dama de la alta sociedad neoyorquina, considerada una de las mujeres más ricas del mundo en el siglo XX, fue apodada por la prensa de la época como ‘La pobre niña rica’, a causa de su soledad personal en su infancia. Luego, en cambio, gran parte de su vida estuvo marcada por el derroche de sus placeres amorosos: tuvo siete maridos, príncipes, condes y hasta el actor Cary Grant. La gran heredera fue clienta de por vida de Cartier y en el libro se la recuerda con su célebre collar de jade Cartier de 1933, una pieza tan espectacular como su fortuna. Su gran rival era otra famosa clienta de la marca, Wallis Simpson. Poco antes de una Navidad, Hutton acudió a Cartier para comprar regalos y André Denet, su vendedor favorito, la atendía con normalidad hasta que llegó la duquesa de Windsor, que tenía cita. Denet se disculpó y Hutton, indignada por sentirse desplazada, salió hecha una furia para comprar en la competencia, en Van Cleef & Arpels.
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Barbara Hutton, una de las mejores clientas de Cartier. En la foto, de 1933, luce el collar de jade, que fue subastado en 2014 por 27 millones de dólares. / HORST P L. HORST / CONDÉ NAST / GETTY
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Con Jeanne Toussaint, Cartier entró de lleno en la pasión y el conflicto íntimo. Fue el gran amor de Louis Cartier, pero también una mujer decisiva para la Maison. Nacida en una familia belga muy humilde, se abrió paso en el París ambiguo y brillante de las démi-mondaines [amantes mantenidas, que vivían en los márgenes de la alta sociedad parisina] hasta fascinar a Louis, que vio en ella una singular sensibilidad por el estilo. Y aunque empezó con el diseño de bolsos y pequeños complementos, Desde 1933 hasta casi su muerte en 1976, fue directora creativa de alta joyería de la casa.. Toussaint, apodado por Cartier como ‘La pantera’ Por su misteriosa belleza, elegancia y astucia, adoptó a este animal como su gran tarjeta de presentación, protagonista de sus joyas y símbolo por excelencia de la casa (la primera que diseñó, fue para la duquesa de Windsor). La familia Cartier, sin embargo, la consideraba «inadecuado»aunque gracias a su talento casi milagroso para transformar brocados y sedas antiguas acabó acumulando auténtico poder dentro del imperio joyero. ««Jeanne Toussaint era el alma gemela de Louis».Jean-Jacques Cartier lo recordaría más tarde.
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Juana Toussaint, en 1920. / ADOLF DE MEYER
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La autora recuerda que entre la clientela de Pierre Cartier estuvieron grandes damas del siglo XX, incluida la señora de John F. Kennedy. Ella puso de moda una de las piezas más icónicas de la casa: el reloj Tank, caracterizado por sus líneas geométricas y depuradas, cuya forma evoca un tanque visto desde arriba, con las brancards -las barras verticales a ambos lados de la esfera- que recuerdan a las orugas del carro de combate; correa integrada perfectamente en la caja, números romanos radiantes y la corona con zafiro cabujón. Con Jackie, Cartier deja de ser puro brillo social para convertirse en una símbolo de lujo silencioso, sofisticación contenida y estatus sin estridencias.
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Jackie Onassis en 1970, en Nueva York, con el mítico reloj de pulsera Tank de Cartier. / ART ZELIN / GETTY
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‘Los Cartier’
Autora: Francesca Cartier Brickell
Editorial: Libros La Cúpula
Páginas: 735
Precio: 28,45€
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