del «gilipollas» de Labordeta a la «palmera» de Rufián sin olvidar el «me gusta la fruta» del PP de Ayuso
El concejal del Partido Popular (PP) que este domingo insultó al presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, en plena manifestación a gritos «Hijo de puta» Aseguró este lunes que así lo hizo. una manera espontánea y que no debería haberlo hecho. Una acción que constata el uso constante del insulto como herramienta y que nos lleva a pensar en La ‘insultocracia’ instaurada en España.
Sin ir más lejos, este mismo lunes el portavoz de ERC en el Congreso, Gabriel Rufiány el líder del PP, Alberto Núñez Feijóohan acabado hablando en términos como «cuñado», «demagogo» o «arrogante», durante la comparecencia ‘popular’ en el comisión dana en la Cámara Baja.
De hecho, el republicano ha encendido varios comités en el Congreso. Por ejemplo, en 2018 cuando interrogaba a Francisco Álvarez-Cascos sobre la financiación irregular del PP acabó echando de menos al diputado que tenía a su lado. Fue Beatriz Escudero quien Rufián llamado «palmera». A la ‘popular’ le gustó tan poco que antes de abandonar la sala llamó «imbécil» al miembro de ERC, precedido de un «no me guiñes el ojo».
Un año después, el entonces líder del PP, Pablo Casadose le escuchó lanzar una ristra de insultos contra Sánchez, entre los que se encontraban: «traidor», «criminal», «irresponsable», «incapaz», «desleal», «mentiroso», «compulsivo», «incompetente» o «mediocre». Luego de este crack, se justificó que esas eliminatorias no eran descalificaciones sino descripciones.
Otros como el presidente de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayusono esconden e insultan directamente al presidente del Gobierno con un lema que no dejan de repetir desde las filas ‘populares’. Sí, se trata de ese «hijo de puta» -derivado de «me gusta la fruta»- que se podía leer en sus labios cuando estaba en el gallinero del Congreso de los Diputados.
Quien también fue captado por las cámaras soltando un exabrupto fue el vicepresidente segundo y ministro de Trabajo, Yolanda Díaz. En concreto, el fundador de Sumar dijo «a la mierda», justo después de responder al líder de la oposición en la Cámara Baja. Después quiso restar importancia a su importancia explicando que había invocado a José Antonio Labordeta.
Díaz se refería a aquella ocasión en la que el cantautor y político de la Chunta Aragonesista (CHA) mostró enfado con los diputados del PP que no le dejaban hablar: «Joder, a ver si no puedo hablar aquí. Joder, joder. Estoy hablando con el ministro y no contigo». Pese a su contundencia, la bancada ‘popular’ continuó la suya y Labordeta insistió: «Ahora os molesta que vengamos aquí gente que hemos sido torturados por la dictadura. Eso es lo que os molesta. A la mierda».
Este episodio fue hace más de dos décadas, como el que también protagonizó el aragonés un año después cuando espetó a un diputado ‘popular’: «¿Qué haces con el puño cerrado? Yo llevo con dignidad el puño cerrado, no me lo cierres, pendejo». A principios del año 2000 estos momentos eran totalmente excepcionales. Ahora, muy lamentablemente, los insultos forman parte de la vida política diaria.
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