Descubren que los pájaros también se masturban
Un nuevo estudio sugiere que las aves deben incorporarse al grupo de animales con prácticas de autosatisfacción sexual: la masturbación suele ir acompañada de muchos aleteos y vocalizaciones autocomplacientes, y estaría relacionada con aspectos evolutivos.
[–>[–>[–>La masturbación en aves, durante mucho tiempo vista como una rareza o un problema de conducta, resulta ser un comportamiento mucho más extendido de lo que se creía. Una investigación publicada en la revista Ecology and Evolution analiza 120 especies y concluye que no se trata de una anomalía ligada al encierro, sino de una práctica natural en el repertorio sexual de muchas aves.
[–> [–>[–>No sería una respuesta al encierro
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La masturbación está ampliamente documentada en primates, y en los humanos es un eje de los estudios en sexología. Las tortugas vocalizan cuando buscan su autosatisfacción, los camellos frotan sus penes en la arena y los puercoespines hacen un uso inventivo de todo tipo de objetos. ¿Qué pasa en el caso de las aves?
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La conclusión principal de los científicos de la Universidad de Oxford, en el Reino Unido, es importante para el bienestar animal: la masturbación aparece con más frecuencia en aves silvestres que en aves cautivas, dejando en claro que no se trata de una respuesta al encierro. También se observó que las aves criadas por sus padres muestran más este comportamiento que las criadas por humanos, de acuerdo a una nota de prensa.
[–>[–>[–>¿Una adaptación evolutiva?
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Los datos muestran además que no es un comportamiento exclusivo de los machos. Aunque ellos lo registran con mayor frecuencia, las hembras también participan: en los registros analizados, el 55 % correspondió a machos y el 36 % a hembras. La investigación también halló que ejemplares jóvenes y adultos presentan tasas muy similares, lo que indica que no puede explicarse solo como una práctica previa a la madurez sexual.
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Referencia
La evolución de la masturbación en las aves. Chloe Heys y otros. Ecología y Evolución (2026). DOI: https://doi.org/10.1002/ece3.73693
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Otro hallazgo clave, según un artículo publicado en The Conversation por los autores del estudio, es que la conducta es más común en especies con sistemas de apareamiento indiscriminados o promiscuos, que en aquellas monógamas o con vínculos de pareja duraderos.
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[–>Desde el punto de vista evolutivo, el descubrimiento abre una pregunta más amplia: ¿por qué persiste un comportamiento que consume tiempo, energía y, en el caso de los machos, incluso esperma? Los autores plantean que podría funcionar como una vía de descarga de una alta excitación sexual, o bien tener algún valor adaptativo vinculado con la selección posterior a la cópula y el éxito reproductivo. En otras palabras, no sería un “error” biológico, sino una pieza más en la compleja estrategia reproductiva de las aves.
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