diccionario de la secuela más esperada sobre el mundo de la moda
Antes de estrenarse, el próximo 30 de abril, la secuela de la icónica cinta sobre el mundo de la moda -‘El diablo viste de Prada II’– ya ha impuesto su propio lenguaje: poder, archivo, negocio, nostalgia y alfombra roja. De la portada de ‘Vogue’ que por fin ha reunido a Anna Wintour con Meryl Streep a un ‘press tour’ convertido en pasarela divina, estas son las claves del regreso del universo de ‘Runway’.
[–>[–>[–>A de Anna
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La imagen decisiva no sale de la ficción, sino de la revista ‘Vogue’, ‘la biblia de la moda’, directamente conectada con el filme: Anna Wintour y Meryl Streep compartiendo portada. La editora real y el gran alter ego de la moda frente a frente, por fin, una verdad a gritos. No es un guiño: era una consagración.
[–> [–>[–>Anna Wintour y Meryl Streep, por fin juntas en la portada de la revista, y en el estreno mundial en Nueva York. / VOGUE INSTAGRAM / EFE
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… y de Andy Sachs!
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Hace 20 años, Andy Sachs (el personaje al que da vida Anne Hathaway) llegaba a la redacción de la revista ‘Runway’ (el alter ego de ‘Vogue’) para una entrevista que cambiaría su vida. La joven buscaba convertirse en asistente de la temida editora Miranda Priestly, encarnada por Meryl Streep (alter ego de Anna Wintour), en la primera parte de ‘El diablo viste de Prada’. La gran pregunta ahora ya no es si Andy volvería, sino cómo. Ya no regresa como becaria desubicada, sino como una mujer que conoce el sistema y vuelve a mirarlo desde dentro, con menos ingenuidad y más memoria. Como una jefaza.
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Meryl Streep, Emily Blunt, Stanley Tucci y Anne Hathaway (Andy), en el estreno mundial en Nueva York, el 20 de abril. / ANGELA WEISS / AFP
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B de Business
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Si la primera película hablaba del coste íntimo del ascenso, la segunda parece hablar del coste económico de seguir existiendo. El problema de Miranda ya no es solo el poder: es la supervivencia del modelo editorial.
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Miranda, directora de ‘Pasarela’. / Bcn
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C de Cerúleo
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Según el diccionario, cerúleo es un color semejante al del cielo despejado o el de la alta mar. En la película, ese color tiene mucho peso porque aparece en la escena en la que Miranda le explica a Andy que su jersey azul no es una elección tan «casual» o «personal» como ella cree. Lo que Miranda quiere decir es que ese color llegó hasta una tienda barata después de pasar por diseñadores, pasarelas, editoriales y grandes marcas. Por eso, en el filme, el cerúleo simboliza el poder de la moda para decidir qué termina llevando todo el mundo, incluso la gente que piensa que está al margen de ese mundo. Durante la promoción de la secuela, Streep lució un jersey de ese color de la firma J.Crew, en su aparición en ‘The Late Show’ de Stephen Colbert.
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El color cerúleo, símbolo de ‘El diablo viste de Prada’. / INSTAGRAM
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D de Dior (además de Prada)
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La primera película tira más de marcas-ícono del lujo de los 2000, sobre todo Chanel, Prada y Donna Karan: Andy, por ejemplo, se transforma con ‘looks’ muy ligados a Chanel y accesorios de casas como Prada o Louis Vuitton, mientras Miranda proyecta su autoridad con una elegancia más sobria y poderosa, muy asociada a Donna Karan. La segunda, en cambio, mezcla más archivo, autor y lujo contemporáneo, con peso de Dior, Schiaparelli, Gaultier y Armani: Miranda se mueve entre firmas como Dior o Schiaparelli, y Andy (Hathaway) lleva un armario más actual y ecléctico, con marcas como Armani, Rabanne o Gabriela Hearst.
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Anne Hathaway, durante el rodaje de la secuela, en Nueva York. / INSTAGRAM
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E de Emily Charlton
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Emily Charlton (interpretada por Emily Blunt, que ha vuelto a la melena pelirroja) pasa de ser la primera asistente estresada y subordinada de Miranda en la película de 2006 a convertirse en la secuela en una ejecutiva poderosa de un gran grupo de lujo, con algo que antes no tenía: poder real sobre Miranda, porque controla o influye en los presupuestos publicitarios que ‘Runway’ necesita para sobrevivir en un contexto de crisis en la prensa impresa. El suyo, es el ascenso más ‘top’ de toda la saga.
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Emily Blunt (derecha) con Anne Hathaway. / EPC
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F de ‘Front row’
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La película no solo habla de moda: se ha metido dentro de ella. Más que observar el sistema desde fuera, ahora parece integrarse en su coreografía. La secuela quiere pertenecer al mundo que retrata. Y la retrata fielmente.
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Stanley y Mery Streep, en primera fila de Dolce & Gabbana, en la Semana de la Moda de Milán, en septiembre de 2025. / EPC
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G de ‘Gird your loins’
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‘El diablo viste de Prada’ no tiene solo personajes o escenas memorables: tiene léxico, y frases que han quedado para la cultura pop. Las cinco frases, quizá, más famosas que suelen citarse del filme son «Florals? For spring? Groundbreaking» («¿Flores para primavera? Innovador»); «Gird your loins» («Prepárate» o «Ármate de valor»), «That’s all». (“Eso es todo.”), «By all means, move at a glacial pace» («Sí, claro, muévete a paso glacial») y «Everybody wants this. Everybody wants to be us» («Todo el mundo quiere esto. Todo el mundo quiere ser como nosotros»).
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Miranda y Andy, en la primera parte de la película. / EPC
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M de Miranda
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Miranda Priestly vuelve, pero a un mundo más inestable. Su autoridad ya no se mide solo por cuánto impone en una redacción, sino por su capacidad para sostener un orden que se resquebraja. En la secuela, Miranda ya no vuelve solo como icono de autoridad, sino como una estratega obligada a defender su poder en un mundo que ha cambiado. Con el declive de la edición impresa y Emily convertida en una ejecutiva clave del lujo, el conflicto sugiere que ahora deberá demostrar que el gusto sin capital ni plataforma ya no basta.
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Meryl Streep, en el estreno de la secuela en Nueva York, el próximo 20 de abril. / Olga Fedorova / EFE
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M de ‘Method dressing’
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La promoción está funcionando como una segunda película. Cada ‘look’ de Anne Hathaway y Meryl Streep prolonga a los personajes fuera de la pantalla. Las presentaciones de ‘El diablo viste de Prada 2’ han sido Ciudad de México (México), el 30 de marzo donde arrancó el tour global; Tokio (Japón), el 6 de abril; Seúl (Corea del Sur), el 8 de abril; Shanghái (China), el 10 de abril; Nueva York (Estados Unidos), el 20 de abril, la gran ‘premiere’ mundial; y Londres (Reino Unido), agendada el 24 de abril, como la puesta de largo de Europa. Por citar algunos de los ‘looks’ más vistosos, en Shanghái, Hathaway apareció con un vestido de Susan Fang, entre fantasía y guiño nostálgico; y Streep, con un Saint Laurent azul de severidad impecable.
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Meryl Streep y Anne Hathaway, en la presentación de Seúl, el 8 de abril. / JUNG YEON-JE / AFP
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N de Nigel
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La secuela amplía reparto y músculo generacional, pero el centro simbólico sigue intacto: Miranda, Andy, Emily y Nigel. Este último es el director de arte / editor de moda de ‘Runway’ y uno de los aliados más cercanos de Miranda Priestly. El actor que lo interpreta es Stanley Tucci. Su personaje es quien entiende de verdad el mundo de la moda. Al principio trata a Andy con ironía, pero luego se convierte en su mentor. Es uno de los personajes más queridos porque combina sarcasmo, buen gusto y ternura.
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Stanley Tucci con Meryl Streep, en la primera parte de la saga. / 06/10/2006_ 16:27
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R de ‘Runway’
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La verdadera protagonista, como siempre, no es una mujer, sino una cabecera. ‘Runway’ vuelve a ser el escenario donde la moda ordena jerarquías y fabrica deseo, aunque ahora bajo la amenaza de la obsolescencia. ‘Runway’ se inspira, sobre todo, en ‘Vogue’ -en particular, la edición estadounidense-, aunque no como copia literal, sino como una versión ficcionalizada y exagerada de ese universo editorial. La razón principal es bastante directa: Lauren Weisberger trabajó como asistente de Anna Wintour en ‘Vogue’, y de esa experiencia nació la novela en la que se basa la película; por eso, durante años se ha entendido que Miranda Priestly remite a Wintour y que ‘Runway’ remite a ‘Vogue’.
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Una escena de ‘El diablo viste de Prada’, durante una fiesta de la revista ‘Runway’. / EPC
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S de Silueta
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En la secuela, por lo que ha mostrado ‘Vogue’ y el material oficial, la silueta gira hacia algo menos punitivo y más asentado: Miranda aparece con ‘blazers’ de hombro poderoso, Andy con trajes blancos fluidos y ‘looks’ más sueltos, y Emily con sastrería de Dior. Se ha querido evitar tanto la tiranía de la microtendencia como el efecto de «hacerlas parecer de 20 años»; de ahí el uso de ‘vintage’ de Armani, ‘menswear’, ‘archival couture’, líneas más largas y más volumen estratégico. Dicho más incisivamente: en 2006 la silueta servía para demostrar que pertenecías; en la secuela sirve para demostrar que ya no necesitas demostrarlo.
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Z de Zapato rojo
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Toda saga necesita un emblema. Esta ha vuelto a apoyarse en el rojo: color de continuidad, golpe de efecto y autoridad. La secuela quiere entrar otra vez en la conversación con la misma seguridad con la que Miranda entraba en una redacción. El zapato rojo se convierte en una pequeña declaración de intenciones: ya no se trata solo de vestir mejor, sino de asumir una identidad nueva, más pulida, más deseable y también más expuesta a las reglas del éxito.
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Streep y Hathaway, en la presentación de Seúl. / JUNG YEON-JE / AFP
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