Don Nicanor, el gran Quijote
Si Nicanor López Brugos, el histórico y austero cura de San Juan, en Mieres, fallecido en 2018, comprometido siempre con los más desfavorecidos y vulnerables, viese la tarde del pasado jueves como un grupo de amigos suyos, junto a decenas colectivos sociales encabezados por el Alcalde, organizábamos su tardío homenaje póstumo, nos echaría de la reunión con un enérgico rapapolvo y nos diría si no teníamos otra cosa más importante qué hacer.
[–>[–>[–>Don Nicanor se hubiera negado rotundamente a un homenaje porque su humildad y su honradez le hacían poner foco en ayudar y servir a los más débiles y, su tozudez, en rechazar y rehuir cualquier tipo de protagonismo y reconocimiento público hacia su persona. No le gustaba ser centro de atención porque lo había sido de manera involuntaria durante mucho tiempo por defender aquello en lo que creía: la justicia social.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Me confesó que, recién llegado a Mieres, después de la huelgona minera de 1962, al salir de la misa dominical, tras oír su reivindicativa homilía, se le acercó el entonces alcalde de la villa, el valenciano Rafael Vicente Almazán Pons, y le espetó al novato sacerdote “creo que va a durar usted muy poco tiempo como cura de esta parroquia, así que vaya buscando otra”.
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El insigne alcalde acertó de lleno porque Don Nicanor solamente ejerció durante 55 años como párroco de San Juan, en Mieres, desde 1962 hasta 2017, un año antes de su fallecimiento. Sin embargo, el que duró poco fue el ilustre alcalde pitoniso y registrador de la propiedad, que abandonó el cargo en 1964. Aunque en aquella época la Iglesia y el Estado iban de la mano, Don Nicanor nunca comulgó con ruedas de molino. Otra curiosa anécdota tuvo lugar cuando se negó a oficiar un funeral por Franco “porque no era feligrés de mi parroquia”, dijo.
[–>[–>[–>Este clérigo, calificado como “revoltoso”, no tenía dobleces: pensaba lo que decía, decía lo que pensaba y hacía lo que pensaba y decía. Un hombre íntegro, auténtico genio y figura.
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Antes de llegar a Mieres, Don Nicanor ya conocía en profundidad las necesidades y penurias de las humildes familias mineras. Tras ordenarse sacerdote en 1951, con apenas 22 años, su primer destino fue la parroquia de Santa María de Rioscuro, en el leonés valle de Laciana, donde llegaban emigrantes de otras provincias a trabajar en las minas de carbón. Allí estuvo hasta 1955, año en el que se trasladó a otra parroquia de Santa María, en este caso, de La Vega, en Riosa, concejo al que también llegaban cientos de humildes familias de otras provincias para trabajar en sus minas de carbón.
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[–>Cartel homenaje a Don Nicanor con un retrato suyo realizado por su amigo el pintor Manolo Linares. / LNE
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Huella
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En Riosa, dejó una profunda huella social y despuntó como destacado futbolista que corría, con la sotana arremangada, por la banda derecha del campo del Llerón, según nos recordaba el pasado jueves el colega José Luis Cabo, cronista oficial del concejo.
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En 1961, se fue a Panes, capital de Peñamellera Baja, donde solamente estuvo un año, pero también dejó una profunda huella, tal y como también nos comentaba el jueves Isidro Caballero Sardina, quien ejerció como monaguillo suyo en el extremo oriental de Asturias. Y de Panes a Mieres, su cuarta y última estación, hasta el final de sus días.
[–>[–>[–>La huella e influencia del compromiso e implicación de Don Nicanor abarca más allá de Mieres y su comarca al ser una persona clave en la modernización de los Servicios Sociales en Asturias. Ha participado activamente en la puesta en marcha y desarrollo de numerosos proyectos solidarios para ayudar a los más desfavorecidos y vulnerables con intervenciones socioeducativas en personas con discapacidad intelectual y psicosocial, drogodependientes o enfermos de sida. Algunos ejemplos de su gran legado solidario son la Fundación Vinjoy, Proyecto Hombre con su gran amigo Floro, y la Fundación Siloé con el santo morciniego José Antonio García Santaclara “Santa”.
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Su compromiso social en defensa de los más débiles, su dilatada experiencia en nadar contracorriente y su particular sabiduría, adquirida durante décadas al pie del cañón, deberían impartirse como asignaturas obligatorias en los manuales de conducta humana para que los jóvenes conocieran los valores que hacen excepcionales a los seres humanos, especialmente, en los tiempos difíciles. Las memorias de Don Nicanor se fueron con él a la tumba que comparte con el ilustre Valeriano Miranda. “Si hablo, se enfadarán todos conmigo porque no tengo filtro”, me confesaba ante la insistencia para publicar sus memorias en LA NUEVA ESPAÑA.
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Aperturismo
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Mostró su aperturismo al abrir su casa rectoral a movimientos culturales, sociales y deportivos, entre ellos, La Cucaracha, colectivo en él participó Víctor Manuel, quien le dedicó a Don Nicanor un capítulo en sus “Memorias descosidas” publicadas en 2015.
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La humildad y honradez de este comprometido sacerdote le hacían rehuir cualquier tipo de protagonismo. Renunció a colgar la sotana para presentarse a la alcaldía de Mieres y a ser nombrado Consejero de Servicios Sociales del Gobierno del Principado que presidía su amigo Juan Luis Rodríguez Vigil, también presente en el acto del pasado jueves en Mieres.
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Con Los Quijotes, su segunda familia, como el mismo nos definía, compartió y vivió momentos y anécdotas inolvidables por toda Asturias. Manolo Linares, quijote de Navelgas, será el encargado de reflejar en el semblante de su busto, que se erigirá por cuestación popular, la autoridad moral y compromiso de Don Nicanor para que todos los mierenses y asturianos podamos disfrutarlo a finales de año en la plaza de La Pasera, entre la iglesia de San Juan y Requejo.
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Espero, Nicanor, que no me riñas por escribirte este panegírico, pero si alguien merece un homenaje, aunque sea tardío, eres tú. En este caso, tus amigos te llevaremos la contraria e impondremos nuestro criterio en contra de tu voluntad. Dales un fuerte abrazo a Jose Manuel Valle, Rufino Roces, Ramón Colao y Emilio Serrano. Aquí ya quedamos solo cuatro: Paco Rodríguez, Manolo Linares, Juan Rionda y un servidor. Hacer el bien a los demás es el principal y mayor patrimonio que un ser humano puede acumular y tú te fuiste con las maletas repletas de solidaridad, aunque muy ligero de equipaje.
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