dos caras económicas y políticas en una semana crucial
A veces basta una semana para retratar a un país. El martes, el Congreso tumbó la senda de déficit, un trámite imprescindible para aprobar los Presupuestos, y volvió a demostrar la fragilidad de la legislatura. Tres días después, los datos de afiliación a la Seguridad Social confirmaban que la economía española seguía creando empleo a un ritmo que la sitúa entre las más dinámicas de Europa. Dos fotografías ciertas, aunque parezcan sacadas de países distintos.
[–>[–>[–>Sería un error negar que estos datos macroeconómicos cuestan de conciliar con la realidad de una ciudadanía angustiada por la vivienda y la inflación, que no nota la mejora que reflejan las estadísticas. Pero también sería miope ignorar la fortaleza de la economía española en un momento que tiene ante sí una oportunidad histórica frente al resto de Europa.
[–> [–>[–>En este contexto, desconcierta que la política lleve tanto tiempo hablando solo de sí misma. Pedro Sánchez sigue empeñado en convertir la resistencia en el eje de su acción política, mientras las explicaciones sobre los casos de corrupción que afectan a su entorno político y familiar quedan en un segundo plano. Alberto Núñez-Feijóo, por su parte, ha entendido que el PP no puede vivir eternamente de la amnistía, pero aún no ha sido capaz de reemplazar ese discurso por un proyecto ilusionante.
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Mientras, la economía avanza a una velocidad difícil de asimilar. EEUU y China se disputan el liderazgo tecnológico e industrial, a la vez que Europa se prepara para un ciclo de inversiones en defensa sin precedentes. España, que llega a ese momento con una ventaja inesperada, debe aprovecharla si quiere evitar quedarse descolgada de esa liga de futuro.
[–>[–>[–>Sánchez debería dedicar menos energía a resistir y Feijóo, menos a esperar. Ambos, mucho más a preparar el país para la próxima década. Pero las elecciones ya han empezado y eso, probablemente, no ocurrirá, aunque el mundo siga avanzando sin esperar a nadie.
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