Dongguan se reinventa tras ejercer de prostíbulo nacional de China
Dongguan es una efervescente ciudad de diez millones de habitantes al este del Delta del Río de la Perla. Fue de las primeras en abrazar las reformas económicas y hoy acoge a más de 10.000 empresas de alta tecnología. Ha quintuplicado su gasto en innovación en la última década, ejerce de nudo logístico en Guandong, la provincia más poblada y dinámica del país, y aquí tienen su sede gigantes como Huawei, Oppo o Vivo. Cuenta también con una tradición deportiva notable, especialmente en halterofilia y baloncesto. Por esos asuntos es conocida Dongguan en el país, señalan los funcionarios que acompañan a una delegación de prensa extranjera. Sería una descortesía hacia el anfitrión recordar que Dongguan ejerció durante décadas de lupanar nacional. Las sonrisas cómplices brotaban si alguien anunciaba un viaje de negocios a Dongguan y aún hoy persisten las chanzas.
[–>[–>[–>Un bombardeo, un desastre natural o unos Juegos Olímpicos pueden cambiar el curso de una ciudad. El parteaguas en Dongguan fue el reportaje televisivo del 9 de febrero de 2014 emitido en horario de máxima audiencia. Periodistas de la cadena pública con cámaras ocultas revelaron la variadísima oferta sexual que ofrecían sin recato una docena de establecimientos. Demostró lo sabido, que la ciudad estaba consagrada a la prostitución, y lo sospechado, que la industria estaba tutelada por las autoridades políticas locales. El escándalo provocó lo esperado. Ese mismo día anunciaba el secretario del partido provincial una inmisericorde cruzada. A la mañana siguiente hubo una operación policial sin precedentes. Unos 6.700 agentes cerraron 3.000 negocios como saunas, karaokes, casas de masajes y hoteles. La huida a la carrera de 300.000 prostitutas inquietó a la policía de la cercana Hong Kong por el presumible aluvión.
[–> [–>[–>«Dongguan, no llores. ¡Sé fuerte!»
[–>[–>[–>
A este corresponsal le bastó un breve paseo en aquel tiempo por esas calles atiborradas de neones sugerentes para confirmar una reputación que nadie en el país desconocía. La evidencia sólo se le escapo a su alcalde, Yuan Baocheng. «Francamente, me sorprendió saber que el comercio ilegal de sexo estaba tan extendido», afirmó en una entrevista tras las redadas policiales.
[–>[–>[–>
Los mensajes de «Dongguan, no llores. ¡Sé fuerte!» o «Todos somos Dongguan» se popularizaron en las redes sociales como si la ciudad hubiera sufrido un seísmo. Fue un seísmo económico. Según cifras necesariamente oficiosas, Dongguan recibía de la prostitución entre el 10% y 14% de su PIB. Llenaba hoteles y restaurantes, disparaba los beneficios de negocios de belleza y completaba los ingresos de los taxistas con comisiones de los burdeles. El turismo cayó ese año tras una década de sólidas subidas.
[–>[–>[–>El milagro chino exigió el trasvase masivo de mano de obra barata desde las atrasadas provincias rurales del interior hasta las fábricas de la boyante costa oriental. La mayoría dejó a su familia atrás y la prostitución brotó en la década de los 90 en ese contexto de pulsiones prosaicas desatendidas y escasas alternativas de ocio. Dongguan se había erigido muy pronto en un centro manufacturero que nutría al mundo de zapatos, juguetes y muebles y la población flotante de mingong (emigrantes laborales) superó a la local. La ciudad disfrutó de un espectacular crecimiento económico del 23% que doblaba la media nacional gracias a fábricas y meretrices, quienes ganaban mucho más en la cama que en las cadenas de montaje.
[–>[–>[–>
El nuevo ‘estilo Dongguan’
[–>[–>[–>
Dos factores explican el desarrollo superlativo de la prostitución en Dongguan. La ciudad ocupa el centro de la zona de la Gran Bahía y se convirtió en un lugar de paso obligado cuando abrió la estación ferroviaria en la línea Guangzhou-Hong Kong. Era habitual que los empresarios hongkoneses, con o sin negocios en Dongguan, encadenaran ahí fines de semana de frenesí. Fue célebre una comedia erótica local, estrenada dos años antes de la campaña, sobre las aventuras de un comerciante de la excolonia en Dongguan. Influyó también la fama de los servicios más diestros y esmerados. No era raro que los hoteles de lujo formaran concienzudamente a las prostitutas en las artes del fornicio. Dongguan era un sello de calidad, una denominación de origen, una forma de hacer las cosas. En todo el país emergieron «Saunas Dongguan» y «Masajes Dongguan».
[–>[–>
[–>Aquello pertenece a la memoria nacional. El ‘estilo Dongguan‘ ahora alude a su eficacia para producir la más avanzada tecnología del mundo. La prostitución se ofrece con discreción y en las mismas magnitudes razonables que en el resto del país. El Hotel Versalles resume el fin de los tiempos licenciosos. Por ahí pasaban 800 prostitutas y 500 clientes en un fin de semana, recordaba su propietario a la prensa local. Ahora sirve a otro sector en auge y estimulado por las políticas oficiales. Es un asilo en un país con serios problemas de envejecimiento.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí