El abandono de la ganadería de vacuno y ovino encarece la carne hasta un 17% en un año
El mercado de la carne de vacuno, ovino y caprino en Europa está inmerso en una sensacional espiral destructiva, porque mientras los precios aumentan a doble dígito en los supermercados, las granjas en el campo cierran hasta el punto de que no es exagerado decir que … El Viejo Continente va camino de quedarse sin ganadería extensiva en unas pocas décadas. El fenómeno se hizo evidente a lo largo del año pasado pero viene de lejos; Según datos de la Comisión Europea, en la última década han desaparecido ovejas y vacas a un ritmo de un millón y 700.000 animales al año respectivamente.
En concreto, desde 2015 la cabaña bovina en la UE ha caído un 9,7%, hasta 71,5 millones de individuos en 2025; el de vacas lecheras, el 11,8% (hasta 19 millones); el de oveja, un 30,7% (53,8 millones); y las cabras, el 19,8% (9,9 millones). Si sólo se toman los datos de España, el resultado es mixto: igual de dramático para las cabras (-31,2%), ovino (-14,4%) y vacas lecheras (-9,8%), pero notablemente positivo para la carne de vacuno (leche y vacuno), con un aumento del 1,8%.
El caso es que hasta la pandemia, al menos la relación causal entre falta de ‘stock’ y precios se había resistido a aparecer, pero en 2022 empezó a hacer acto de presencia y, con los datos de 2025 en la mano, ya está clamando al cielo. Entre enero y diciembre del año pasado, el IPC de vacuno aumentó un 14,2% en la UE y un 17,2% en España, y el del ovino subió un 8,2% en la UE y un 7,4% en nuestro país.
Recientemente, el Comisario europeo de Agricultura, Christophe Hansen, situó el desequilibrio en la oferta porque «la gente no come más carne que hace diez años», afirmó, en una declaración que reconoce implícitamente un fallo en la ley de la oferta y la demanda -al menos en su interpretación más clásica- ya que la perspectiva de mejores ingresos gracias a los altos precios no está atrayendo inversiones al sector. De hecho, la opinión de la asociación del sector cárnico de Anice es que la espiral inflacionaria está generando el efecto contrario, en forma de una creciente desinversión por parte de los ganaderos que prefieren captar beneficios antes que continuar en una profesión que no es rentable a largo plazo.
cabezas de ganado
en Europa y España
Cabezas de ganado en Europa y España
Es cierto que esto también es un problema cultural, una expresión más del abandono rural que tiene mucho que ver con las aspiraciones de las nuevas generaciones. Sin embargo, existen causas exógenas, como bien dijo el Comisario Hansen. Y resulta paradójico que un comisario lo reconociera, ya que el sector asegura que hay dos elementos disruptivos y vinieron de Bruselas: el exceso de burocracia y las leyes ‘verdes’.
El sector lleva tiempo siendo víctima de abusos regulatorios, pero la tendencia se agravó tras la aprobación del ‘Green Deal’ por la primera comisión Von der Leyen, en 2020, que también eliminó las subvenciones. Como explica a este periódico Matilde Moro, que es gerente de la Asociación Española de Productores de Vacuno (Asoprovac), esto se tradujo en la retirada de hasta el 70% de las ayudas de la PAC para muchos profesionales, además de un aumento de las obligaciones. Más que de una política concreta, Matilde nos habla de un estado de opinión en Europa contrario a la supervivencia de la ganadería, y del ejemplo del gobierno holandés, que desde 2023 ha destinado más de 1.700 millones de sus presupuestos a pagar a sus ganaderos para que cierren sus granjascon el objetivo de reducir las emisiones de nitrógeno.
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El Pacto Verde recortó un 70% las ayudas a muchos ganaderos y en Holanda les pagan por cerrar sus explotaciones, denuncia la patronal
Según el experto, esto acabará provocando -de hecho, ya está ocurriendo- un problema medioambiental aún mayor, en forma de abandono rural, pérdida de ecosistemas y aumento de los incendios forestales. Y si hablamos de incendios, hay que hacer referencia a las cabras y ovejas, animales que sólo pueden pastar extensivamente, hecho beneficioso -esencial, más bien- para el mantenimiento del medio ambiente.
Diferente es el caso de la carne vacuna, que en los últimos años ha sufrido una creciente reconversión desde granjas a cielo abierto hacia modelos intensivos, que se postulan como los únicos verdaderamente rentables. De hecho, desde hace un tiempo el fenómeno ha ido un paso más allá con el impulso de los esquemas integrados, que son aquellos en los que la industria proporciona la gestión de la explotación y de los animales a cambio de las instalaciones y el trabajo del ganadero, quien a su vez se compromete a mantener una relación exclusiva con ese cliente.
El cerdo español, la gran excepción
Y llegados a este punto es ineludible hacer referencia al cerdo, que en este cuento es algo así como el invitado de piedra, al menos en el caso español. Durante la última década, mientras la cabana porcina en la UE se ha reducido un 8,8%, en nuestro país ha crecido un sensacional 18,6%, consolidando a España como el primer exportador mundial. Esto se explica principalmente por la generalización del modelo integrado, que ha dado origen a gigantes como Vall Companys, Grupo Jorge o Grupo Fuertes (ElPozo) y «tiene cosas muy positivas» también para la carne de vacuno, afirma Moro. Sin embargo, continúa el experto, el precio a pagar será más cierres de pequeñas explotaciones.
A todo ello se suma el acuerdo comercial recientemente aprobado con Mercosur, que autorizará la llegada de 99.000 toneladas de carne vacuna anualmente. «Es el equivalente a un filete por europeo al año»Lo ha asegurado en varias ocasiones el ministro de Economía, Carlos Cuerpo. Y así es, pero si al Mercosur se le suman las cuotas que ya se han pactado en los acuerdos comerciales con Australia, Nueva Zelanda y Canadá, resulta que Bruselas ha dado entrada al equivalente al 3% de la producción europea de vacas y al 12% de la de cabras y ovejas.
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