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El asesinato de Saif al Islam, hijo de Gaddafi, sacude el frágil equilibrio de Libia

El asesinato de Saif al Islam, hijo de Gaddafi, sacude el frágil equilibrio de Libia
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  • Publishedfebrero 9, 2026




Saif al-Islam Gadafi, que era el hijo mayor del dictador libio y no hace mucho estaba llamado a suceder a su padre al frente del Estado norteafricano, fue asesinado a tiros el 4 de febrero en su casa de Zintan -localidad situada a 136 kilómetros al suroeste de Trípoli- a la edad de 53 años. Su muerte, ocurrida casi tres décadas después de la de su padre, ha conmocionado a una parte de la sociedad libia y muestra las heridas aún abiertas en un país profundamente dividido -todavía hay dos administraciones paralelas, una con sede en Trípoli y Abdul Hamid Dbeibah como primer ministro y otra con capital en Bengasi, la liderada por Khalifa Haftar-, más de un lustro después de una larga y traumática guerra civil. las imagenes de multitudinario funeral del hijo de Gadaficon miles de leales al régimen anterior reunidos este viernes en la localidad de Bani Walid, dan cuenta de todo ello.

No en vano, el Consejo Presidencial de Libia, principal órgano de las autoridades internacionalmente reconocidas -el Gobierno de Unidad Nacional con sede en Trípoli-, llamó este miércoles a la calma tras el asesinato del hijo de Muamar Gadafi y pidió esperar a los resultados de la investigación. La semana pasada, la organización mostró su «profundo pesar» y destacó que la La Fiscalía ha abierto una investigación determinar las circunstancias y causas del hecho, insistiendo en la necesidad de moderar el discurso y rechazar cualquier incitación. Por ahora, casi una semana después del crimen, ninguna entidad se ha atribuido la responsabilidad.

Por ahora se sabe que el hijo del dictador que tuvo en sus manos las riendas del país magrebí durante 42 años -y fue ejecutado por un grupo de milicianos rebeldes en la localidad de Sirte el 20 de octubre de 2011- murió en un «enfrentamiento directo» con cuatro hombres armados que irrumpieron en su casa de Zintan. En otra versión, su hermana aseguró a la televisión de su país que Saif al-Islam Gaddafi murió cerca de la frontera entre Libia y Argelia. Otros medios locales informaron de enfrentamientos con la Brigada 444 al sur de la ciudad.

Durante varios años su figura fue observada desde Occidente como la de un reformista -había completado su formación con un MBA en la Universidad IMADEC de Viena en 2000 y un doctorado en la London School of Economics (LSE) en 2008- que sería capaz de promover el cambio y el respeto de los derechos humanos en Libia desde dentro. De hecho, dirigió a su país en conversaciones con la comunidad internacional para destruir su arsenal de armas de destrucción masiva y en negociaciones para compensar a las familias de los muertos en el ataque al vuelo 103 de Pan Am (derribado sobre la ciudad escocesa de Lockerbie) en 1988.

Pero lo cierto es que Saif al-Islam Gadafi no dudó en ponerse del lado de su padre en la dura represión que siguió a la revuelta -una de la serie de protestas multitudinarias enmarcadas en la Primavera Árabe- de 2011. Ese mismo año la Corte Penal Internacional emitió una orden de arresto contra el vástago de Muammar Gaddafi por crímenes de lesa humanidad. Fue detenido cuando intentaba huir a Níger ese mismo año. Mientras estaba en prisión, Saif al-Islam Gaddafi fue condenado a muerte por un tribunal de Trípoli en 2015 por el uso de violencia contra manifestantes que pedían la dimisión de su padre, con una sentencia que fue cuestionada por las autoridades rivales, aunque la ejecución no se produjo. Fue puesto en libertad en 2017 en el marco de la amnistía aprobada por el Parlamento con sede en Tobruk.

Tras la guerra, el hijo de Gadafi regresó a la escena política nacional en 2021 como candidato presidencial, pero su candidatura fue rechazada por las autoridades electorales debido a condenas previas por crímenes de guerra tras despertar un profundo rechazo entre las facciones que se oponían al régimen de su padre. El fracaso del intento presidencial del hijo predilecto de Gadafi, que para muchos en su país sigue siendo la alternativa al duopolio representado por Dbeibah y Haftary su reciente muerte son un testimonio del fracaso de las propias Naciones Unidas y de las élites libias en la búsqueda de la unificación de un país fracturado.

En agosto del año pasado, la ONU propuso formalmente una hoja de ruta de 12 a 18 meses para celebrar elecciones presidenciales y legislativas -tras el éxito de la primera fase de las elecciones municipales-, un primer paso para salir del actual estancamiento, pero el proceso sigue bloqueado. A la división entre las administraciones y la acción violenta de las milicias que siguen actuando en todo el territorio, se suma ahora la amenaza de que la muerte del vástago mayor del dictador podría inflamar los ánimos entre los leales al antiguo régimen.



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