El caos en el Huerna, un desprecio a los asturianos
El caos del Huerna es un escarnio para Asturias. No solo la Administración del Estado se niega a corregir de una vez la prórroga de un peaje hasta 2050 cuestionada hasta por la propia Unión Europea, sino que ahora consiente que se cobre el precio más alto de la historia –16,20 euros desde enero– por una autopista que lleva más de año y medio sin estar plenamente operativa.
[–>[–>[–>A 40 y a 60 kilómetros por hora se transita desde hace meses por varios tramos del eje que une Asturias con la Meseta. Unas velocidades de caleya para una vía de alta capacidad. Inaudito. Las reparaciones del argayón y los siete túneles del itinerario obligan a canalizar el tráfico por un solo carril en algunas zonas. Una vuelta a los orígenes, a aquellos tiempos en los que la infraestructura empezó a funcionar a medias como carretera convencional de doble sentido en muchos kilómetros y con los pasos subterráneos sin desdoblar. Un retroceso.
[–> [–>[–>En días de meteorología adversa, el cóctel se vuelve directamente angustioso al incrementar el estrés, el riesgo y la incertidumbre de los usuarios. Ha habido al menos un accidente de consideración. Con el agravante añadido de que nadie explica cuándo va a cesar el calvario, ni la causa de la lentitud en solventarlo. Parte de los trabajos debería haber concluido en diciembre.
[–>[–>[–>
En medio de tanta avería, las tarifas volvieron a subir, obligando a los conductores a desembolsar el mayor importe por usar esta arteria en sus 43 años de funcionamiento. El Huerna lleva 17 meses operando en la anormalidad, pero se paga como si ofreciera sin merma rapidez y fiabilidad. Peaje máximo para una prestación mínima. O cuando menos, peor que antes.
[–>[–>[–>Exigir el mismo precio por una asistencia parcial y degradada roza el abuso. Persistir en ello tras cientos de quejas, con precedentes judiciales sobre la mesa que dan la razón a quienes denuncian, es burlarse de los asturianos. Una concesionaria de Galicia ya fue obligada a devolver dinero a los automovilistas por trabajos que afectaron a la fluidez del tráfico. Pero lo que vale para cualquier otra cosa en la vida aquí no cuenta. Las carreteras y su Ministerio son de otro mundo.
[–>[–>[–>
Emergen conflictos políticos
[–>[–>[–>
No estamos con el Huerna ante una autopista cualquiera, la única de montaña del país. Nació para coser Asturias al resto de España y derribar el muro de la Cordillera, rompiendo la incomunicación. Un símbolo. Hoy la diáspora la ha convertido en su principal avenida del retorno para mantener la conexión con la tierra en fines de semana o vacaciones. Para la economía también ejerce un papel vital. El transporte de mercancías colapsaría sin su existencia. A nadie puede sorprender la indignación con la que empresarios y camioneros sufren la agonía.
[–>[–>
[–>En el deterioro afloran otros conflictos de lectura política. El Principado denota impotencia por la incapacidad para trasladar a la conversación pública nacional la importancia de esta ruta estratégica y negociar una salida. Al ministro del ramo, Óscar Puente, que no contesta ni a las llamadas ni a las cartas, las reclamaciones le entran por un oído y le salen por el otro. Como si en un ramalazo de soberbia considerara a esta tierra periferia resignada y pudiese orillar sin coste alguno su malestar en un gesto de desprecio centralista.
[–>[–>[–>
Una autopista es un contrato de servicio. Y cuando este no se presta en condiciones, el poder, del lado estatal y del autonómico, por encima de simpatías o animadversiones, no puede entregarse a la indiferencia. Está obligado a actuar. Cuanto antes. Si se quiere respeto, no basta solo con lamentar el agravio, pero este bloqueo rebasa el ámbito de la discrepancia administrativa y la rivalidad personal para convertirse en desdén hacia Asturias entera, que paga mucho, recibe poco y encima debe suplicar que la atiendan. Humillante.
[–>[–>[–>
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí