el centro de la ciudad se llena «a reventar» para celebrar la noche más mágica del año
El calor llegó bastante antes que la noche. Oviedo llevaba todo el día ardiendo antes de que Fidel Fernández, de la comisión de festejos de Llampaxuga, prendiese la mecha para encender la noche más mágica del año. Aun así la ciudad se echó a la calle para seguir subiendo la temperatura con las celebraciones de San Juan. Cuando llegó la medianoche y se encendió la hoguera de la plaza de Porlier, después de una jornada en la que llegaron a rozarse los cuarenta grados, Oviedo seguía sin querer enfriarse y todo el centro urbano estaba a reventar. «No recuerdo haber visto tanta gente nunca”, decía la concejala de Festejos, Covadonga Díaz.
[–>[–>[–>Nadie se quedó en casa. La plaza se llenó hasta los topes para asistir al momento en que saltaron las primeras llamas, con la Catedral de fondo y el gentío apretado alrededor de la pira, como manda la tradición. «Hace muchísimo calor, pero es una noche muy bonita y hay que disfrutarla, sobre todo por el niño, que le hace mucha ilusión”, afirmaba Miriam Adorante mientras le hacía una carantoña a su nieto de cinco años, Maxi Fernández. “Tengo muchas ganas de que la enciendan”.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>En Porlier estaba medio Oviedo. Familias con niños, grupos de amigos, vecinos de toda la vida que no fallan nunca y estudiantes que ya han acabado las clases y tenían muchas ganas de juerga. La noche de San Juan tiene ese poder de sacar a la gente a la calle aunque tenga que trabajar al día siguiente. Lucía Fernández, que vive en El Cristo y vino con sus hijos, lo resumía bien: «Es una tradición que no se puede perder. No sé si es el fuego, la noche o qué, pero aquí hay algo que no tiene ninguna otra fecha del año».
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Lo de la medianoche de este martes tuvo además un mérito extra. San Juan en Asturias siempre ha tenido fama de traer lluvia, de ser esa fecha en la que al verano le cuesta arrancar, pero este año vino sobrado de calor. Y el calor, como el fuego, invita a cumplir con la tradición más arraigada de esta noche: quemar los malos augurios y empezar de nuevo. «Yo vengo a dejar aquí todo lo que no quiero llevarme al verano», decía Roberto Álvarez mientras esperaba a que prendiera la hoguera. «Lo que no sirve, al fuego», dice. También hay quien quema deseos, que eso, según se dice, también funciona.
[–>[–>[–>La fiesta ya arrancó por la tarde, con talleres y juegos para los niños en Porlier que fueron llenando la plaza de familias desde primera hora. Mientras, el Grupo Folclórico «Trasgu», la Banda de Gaitas Vetusta y el Grupo Folclórico «A Media Legua» animaron las calles del casco viejo antes de que el pasacalles del enramado de fuentes, con el Coro de Muyeres de San Esteban marcando el paso, recorriese las calles engalanando el casco antiguo.
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A las doce en punto, cuando prendió la mecha, Porlier estalló. La danza prima alrededor del fuego, el olor a humo mezclado con la noche. Y los deseos, que en San Juan son lo más serio del mundo aunque se pidan entre risas. «Quemo todo lo malo que me ha traído el año y a ver si San Juan me escucha de una vez», decía Álvaro Menéndez, que aseguraba tener lista una lista generosa de cosas que mandar al fuego. A su lado, Concha Iglesias lanzaba un deseo más concreto: «Salud y que refresque un poco, que ya está bien».
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[–>La de Porlier no fue la única hoguera de la noche. En La Corredoria los vecinos del norte de la ciudad tuvieron también su propia cita con el fuego, sin necesidad de bajar al centro, una hoguera que después se vistió de verbena y se prolongó hasta la madrugada para cerrar los festejos del barrio. Dos hogueras, una misma noche, una ciudad entera rindiéndole culto a San Juan de la única manera que sabe: con gente en la calle, música y llamas.
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De nuevo en el casco urbano, después de la hoguera, el ambiente de Porlier se fue desplazando hacia la plaza de la Catedral, que también se llenó durante la actuación de la orquesta «Pasito Show» para seguir estirando una noche que nadie parecía tener prisa por terminar. San Juan lo manda así. Y Oviedo, como siempre, obedeció.
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