El español africano
La gente busca un lugar al que pertenecer. A veces pienso que los idiomas también. Cuando pensamos en nuestra lengua, nuestra mirada casi siempre cruza el Atlántico. Nos hemos acostumbrado a mirar hacia América Latina. Mientras tanto, África ya ocupa un lugar esencial en su futuro. Guinea Ecuatorial sigue siendo el único país africano donde el español tiene el estatus de lengua oficial. Pero ella no está sola.
El Instituto Cervantes estima que más de un millón y medio de personas estudian español en el África subsahariana. En Benín, Senegal, Costa de Marfil o Camerún miles de jóvenes eligen aprenderlo cada año. Me gusta imaginar esas aulas. En ellos hay jóvenes que un día decidieron aprender un idioma que no era el suyo. Siempre llego a la misma conclusión: nadie pasa años aprendiéndolo por casualidad. Detrás de esa decisión hay una historia, una curiosidad o, simplemente, las ganas de acercarse a los demás.
Hay un momento en el que un idioma deja de estudiarse y empieza a sentirse. Entonces deja de ser algo ajeno y empieza a ser parte de lo que somos. Ya no aprendes. Vives.
Siempre he pensado que un idioma no nos separa de los demás. Nos ayuda a descubrir todo lo que ya teníamos en común. Al final, todos buscamos un lugar al que pertenecer. Con el tiempo descubrimos que también se puede pertenecer a una lengua.
Hace dos meses recibí el honor de ser nombrado Académico de Honor de la Academia Ecuatoguineana de la Lengua Española. La emoción duró un momento. El compromiso permanece. Una lengua nunca une al mundo por sí sola.. Lo unen quienes deciden hacerlo suyo. Al hacerlo, dejan en él una parte de sí mismos.
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