El fuego se extiende
No podemos decir perplejos aunque sí espantados asisten algunos al juicio del «caso Mascarillas». Algunas de las revelaciones forman parte de otras causas investigadas pero como los protagonistas son los mismos los escándalos se superponen. Lo más inquietante de la declaración de Víctor de Aldama ante el Tribunal Supremo no es la gravedad de lo dicho, sino la terrible naturalidad con que se expresa. Como si en España nos hubiéramos acostumbrado a oír a un empresario relatar, casi con tono administrativo, cómo un partido en el Gobierno puede servirse de intermediarios para recaudar dinero en efectivo de determinadas constructoras, con la supuesta bendición de quienes ocupan los despachos más altos. Según su versión, Koldo García y José Luis Ábalos no solo le abrieron la puerta del ministerio: le habrían fichado para la tarea mucho más delicada de convertir la cercanía al poder en una caja paralela.
[–>[–>[–>La acusación de que Pedro Sánchez conocía aquella mecánica añade ahora una dimensión política explosiva a un caso que ya había dejado de ser un simple escándalo de comisiones en contratos durante la pandemia. Hasta el momento, el Gobierno ha intentado encapsular el llamado «caso Koldo» en el perímetro de unos cuantos nombres sacrificables. El problema es que cada declaración va ensanchando ese perímetro hasta acercarlo peligrosamente al núcleo mismo del poder. La trama ya no puede contemplarse como una causa aislada. Y en política, como ocurre con los incendios, lo más peligroso no suele ser la primera llama, sino el viento que viene después a propagar el fuego. Insisten en Ferraz en que todo responde a una huida desesperada hacia adelante de quien busca rebajar su propia responsabilidad. No hay que descartarlo. Pero también es cierto que el temor empieza a ser visible en el partido principal del Gobierno, donde se percibe que esto no ha hecho más que empezar.
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