Economia

El gran tsunami no está en la IA

El gran tsunami no está en la IA
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  • Publishedjulio 17, 2026



Jaime Miguel

Presidente y CEO de Tendam

17/07/2026

Actualizado a las 11:04 am

Vivimos en una época en la que casi todas las conversaciones sobre el futuro giran en torno a la inteligencia artificial. Y es lógico. Su capacidad para transformar disruptivamente industrias, procesos y modelos de negocio es extraordinaria y tiene un impacto aún inimaginable en nuestro estado de bienestar. Como ya comenté en mi intervención durante la pasada edición de Líderes con Propósito –impulsada por el director de este diario en el Museo del Prado– el gran tsunami de nuestra sociedad actual no está en la IA, está en los valores, en la ausencia de estos o en su cuestionamiento. Y donde el relato, la posverdad, está por encima de la verdad.

En el Museo del Prado, y en otros grandes museos, vemos obras de artistas que no siempre trabajaron pendientes de aprobación inmediata. Los movía la pasión, la convicción y sus valores. Siglos después, el valor se mantiene y aumenta.

Resulta especialmente sugerente que la edición de este año haya girado en torno al humanismo y la regeneración. Dos conceptos que pueden parecer alejados de la realidad empresarial cotidiana, pero que, en realidad, tienen mucho que decir sobre los retos a los que nos enfrentamos.

La gran transformación de nuestro tiempo está en el cambio profundo del sistema de valores que sustenta nuestra sociedad.

Vivimos en una época fascinante. Nunca hemos tenido acceso a tanta tecnología, a tanta información, ni a tanta capacidad para transformar nuestras organizaciones. Pero cuanto más aceleramos, más evidente se vuelve la paradoja: el gran cambio de nuestro tiempo no es sólo tecnológico. El gran tsunami no está en la IA. Está en el cambio profundo del sistema de valores que sustenta nuestra sociedad.

Más allá de la tecnología

Desde la humildad de quien no es sociólogo ni pretende ofrecer respuestas definitivas, percibo una sociedad que ha ganado en libertad, diversidad y capacidad de elegir, pero que al mismo tiempo parece carecer de referentes compartidos.

Durante el siglo XX y principios del XXI se ha demostrado que ni el capitalismo salvaje ni el comunismo puro han sido capaces de ofrecer alternativas económicas y sociales eficientes. Si a esto le sumamos que la religión ocupa un lugar menos central en la sociedad, el resultado es la pérdida de referentes morales y la ausencia de valores. En este contexto, el riesgo es que sólo prevalezcan dos ‘valores’: el dinero y el poder. Y no se puede construir una sociedad más justa y humana sólo con dinero y poder.

Lo que queda es aquello que aporta valor real, que conecta con las personas y que resiste el tiempo.

Ante este contexto, las empresas tienen la oportunidad y la responsabilidad de ser líderes no sólo en lo económico, sino también en lo social y también en lo humano. Porque a través de nuestras decisiones, nuestras culturas corporativas y la forma en que ejercemos el liderazgo influyemos directamente en millones de personas.

Una organización inspira cuando hay coherencia entre lo que dice y lo que hace; cuando actúas con integridad incluso en tiempos difíciles; y cuando demuestra que es posible crecer sin renunciar a principios fundamentales. Es la fuerza de la verdad por encima de la historia.

El humanismo como ventaja competitiva

Durante años, el éxito empresarial estuvo asociado a la eficiencia, la productividad o la capacidad de crecimiento. Todos ellos siguen siendo esenciales. Sin embargo, cada vez resulta más claro que el crecimiento por sí solo no garantiza el progreso.

Las organizaciones más admiradas del futuro no serán sólo aquellas que logren los mejores resultados, sino aquellas capaces de lograrlos fortaleciendo a las personas que los hacen posibles. En un entorno en el que la tecnología multiplica las capacidades, el verdadero diferencial seguirá estando en la confianza, el talento y la capacidad de colaborar.

El humanismo empresarial no es una concesión a los tiempos. Es una forma inteligente de hacer negocios. Implica comprender que la innovación surge con más fuerza cuando las personas se sienten escuchadas; que la diversidad mejora la calidad de las decisiones; y que las organizaciones más resilientes son aquellas capaces de combinar demanda con empatía, ambición con propósito y transformación con significado.

hacerse más fuerte

A menudo asociamos el éxito con la capacidad de generar valor. Pero la regeneración introduce una pregunta adicional: ¿qué tipo de valor generamos y qué dejamos a nuestro paso?

Las empresas forman parte de un ecosistema más amplio que sus resultados financieros. Crecen gracias a sus clientes, sus equipos, sus socios y las comunidades en las que operan. Por eso, las empresas con vocación de futuro no pueden limitarse a preguntarse cuánto crecen. También deberían preguntarse qué contribución hacen a medida que crecen.

En Tendam esta reflexión forma parte de nuestra forma de entender la transformación empresarial. Hemos evolucionado nuestro modelo de negocio, fortalecido nuestras capacidades digitales y desarrollado un ecosistema omnicanal cada vez más conectado con nuestros clientes. Pero hemos aprendido que la transformación más importante no es la tecnológica. Es humano.

Consiste en evolucionar sin perder identidad, incorporar capacidades sin renunciar a los valores que nos definen y crecer sin olvidar que detrás de cada decisión hay personas.

Cuando salí del Museo del Prado esa noche todavía estaba pensando en una idea que trasciende el arte y los negocios. Lo que queda rara vez es el resultado de la improvisación. Lo que queda es lo que aporta valor real, lo que conecta con las personas y lo que resiste el tiempo.

Quizás por esta razón humanismo y regeneración sean dos conceptos tan pertinentes. Porque nos recuerdan que el verdadero progreso no consiste sólo en avanzar rápido, sino en hacerlo mejor.

Al final, ya sea en el arte, en los negocios, en la política o en tantos otros ámbitos, la prueba definitiva no son los acontecimientos actuales, ni el mercado, ni la tecnología. El tiempo lo marca. Es la fuerza y ​​el valor de la verdad por encima de la historia.



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