El lector pasmado
Leo en un periódico la crónica social subsiguiente a la presentación madrileña de Oviedo como Capital Europea de la Cultura para 2031. Tal acto social se celebró «ante los asturianos ‘del exterior’, que son muchos, influyentes y con poderío». Cuánto les habría gustado a mis padres que su único hijo hubiese alcanzado poder, dominio, señorío, imperio…, que es lo que significa «poderío». No pudo ser: me quedé en lector pasmado. Escribe la cronista firmante que razones para que mi ciudad natal fuese la elegida hay muchas. Por ejemplo, «su pasado cultural, como avanzada de la Ilustración, con Benito Jerónimo Feijóo, Jovellanos y Clarín». Vamos a ver: (1) Feijóo no lleva tilde, pues es palabra llana o grave o paroxítona terminada en vocal; (2) que Alberto Núñez Feijóo se la ponga obedece a que le da por la gana de ponérsela, no a razones ortográficas sancionadas por la RAE y su gramática: como si yo firmo Franciscó Garciá Peréz; (3) los sabios estudiosos han acordado que la Ilustración (con mayúscula) viene a ser el siglo XVIII, así que el fraile Feijoo y el ejemplar Jovellanos fueron ilustrados fetén, no avanzados de tal movimiento; (y 4) el enorme Clarín nació a mediados del XIX: formar en las filas de la Ilustración le quedaba ya a desmano. La intención de la firmante es ovetensemente loable, pero periodísticamente indocumentada, digo yo.
[–>[–>[–>—
[–> [–>[–>La placa que en el «skatepark» de Las Vegas, en el concejo asturiano de Corvera, homenajeaba a Ignacio Echeverría −el héroe del monopatín, que se dejó la vida al enfrentarse en Londres a unos yihadistas en 2017− fue retirada un tiempo para subsanar las faltas ortográficas que contenía. Bien está. Rectificar es de sabios y tal y cual. Pero atentos todos a la explicación chiripitifláutica que ofreció el concejal de Obras, Jorge Suárez. En vez de agachar las orejas y asumir los errores como responsable, la prensa recoge esta desmadrada perla suya del género político que ya podemos bautizar como «Elyonofuí». Lean: «Fue un error de imprenta, el escrito que mandamos a la imprenta desde el Ayuntamiento era correcto, sin embargo, contenía errores». Era correcto, pero con errores. ¿Y eso cómo se come, cómo se bebe, cómo se entiende, señor mío, compañero secretario general corverano?
[–>[–>[–>
—
[–>[–>[–>Cantaba irónico el inmenso Georges Brassens que en su pueblo tenía mala reputación: «Tout le monde médit de moi… sauf les muets, ça va de soi» («Todos hablan mal de mí… menos los mudos, naturalmente»). Ese «ça va de soi» francés se traduce al español también por: claro, es evidente, es natural, desde luego, por supuesto, no necesita explicación, cae por su propio peso, etcétera. Sin embargo, el lorailolá actual de la lengua española sigue relegándola al cuarto de las escobas cuando tantos personajes públicos hablan y usan la traducción literal de idiomas que deben de considerar superiores y que, encima, no saben verter al español. Juan Cofiño –presidente de la Junta General del Principado de Asturias– confiesa en una entrevista la nostalgia que le produce leer las memorias de Pedro de Silva: «Porque uno era más joven, va de suyo». Va de suyo, ole.
[–>[–>[–>
—
[–>[–>
[–>Cito a Robert Coover: «Lo que el psicoanálisis fue a la novela lo es la física a la novela posmoderna». Dicho lo cual, ya sé qué debo responder cuando me pregunten qué es eso de la literatura posmoderna. Aconsejaré que se lean «Música en lengua extranjera», la primera de las nueve novelas del escocés Andrew Crumey, que aparece traducida y estudiada en un posfacio por Rodrigo Guijarro Lasheras, uno de esos lujos profesorales con los que cuenta la Universidad de Oviedo. Voy sumando: thriller más distopía, más pastiches, más ideas científicas, más extrañamientos continuos, más influencias –desde Orwell hasta Borges– que incluyen ese prodigio que son las Variaciones Goldberg, usadas hoy hasta para anuncios de morcilla: que Dios no los perdone. No, ya no todo es exposición, nudo y desenlace.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí