El meme de Ábalos
Este periodo histórico español no se entiende sin la deslegitimación de la política. Todas estas sesiones de lo de Ábalos y lo de Bárcenas y el PP son la evidencia de un fenómeno que los que están ahora a los mandos quieren ver como pasado, pero que no acaba de irse. Dice el exministro que sobre él carga ya «una condena clara» y es verdad, pero es más verdad que ya le va bien con llevarse esa pena de telediario y librarse de la cárcel. La declaración de un imputado ante un tribunal siempre hay que empezarla a verla así, como la de un ser humano que hace todo lo posible por refutar una acusación basada en informes policiales y refrendada por la Fiscalía. Sobre eso de la condena moral y ser «carne de meme», el dirigente valenciano ha puesto una buena parte de sí mismo con el espectáculo de la actriz porno el día del registro en su casa y con los asquerosos mensajes sobre prostitutas cruzados con su leal Koldo, que serán privados, pero destapan el rostro de un personaje público de presunta doctrina feminista.
[–>[–>[–>Es precisamente esa parte de su declaración, la vinculada a los gastos y prebendas a las mujeres del entonces ministro, la más difícil de digerir. Sostener que pidió a su escudero que buscara una colocación a su amante, Jésica Rodríguez, y que esperaba que fuera al margen de las administraciones públicas es de una candidez que no encaja con el político veterano y resabido. El hombre que hemos visto en esos mensajes procaces y soeces se presenta como el enamorado que empieza una relación extramatrimonial que anhela con futuro y, un año después, descubre lo que es el ghosting.
[–> [–>[–>Lo mismo sucede con el poder y la capacidad de acción de Koldo que intenta hacer ver, con una agenda propia, autonomía para adelantar los gastos del ministro y jefe del PSOE, y para buscar ocupaciones a unos y otros, lo que no deja de ser otra manera de apartar responsabilidades de sí mismo. A uno, visto desde fuera, le parece que eso de la lealtad va en este caso más de abajo hacia arriba que al revés. Koldo, ayer, no parecía muy contento. ¿Y qué pasa con Víctor de Aldama? Han dicho algunos testigos que pululaba con frecuencia por el ala noble del Ministerio de Transportes, pero el ministro no sabía casi nada de él, aunque sí recuerda perfectamente que conoció a Jésica por él.
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Ábalos, que vuelve a demostrar dominio del escenario público incluso en una situación tan complicada (con una petición de 24 años de cárcel), se muestra más convincente con todo lo relacionado con las mascarillas, una gestión para la que tiene el argumento de que (al margen de comisiones, sobre las que ya dirá el tribunal) acabó bien en un momento de dificultad máxima, cuando eran de vida o muerte, algo que hoy se tiende a olvidar. De momento, la Fiscalía mantiene su petición de penas, así que ya querría Ábalos quedar en carne de meme.
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