El parque Ferrera cumple 50 años abierto a los avilesinos «en plena forma»
El 19 de mayo de 1976, los por entonces reyes, Juan Carlos I y Sofía, inauguraron el parque Ferrera. Fue en el mismo viaje oficial en el que se cortó la cinta del Hospital San Agustín (aun sin el apellido universitario) y de la Casa del Mar. Cincuenta años después, el “pulmón verde” de la ciudad se ha convertido en el lugar de encuentro de miles de avilesinos, que lo aprovechan para pasear, disfrutar de la lectura en un banco, hacer deporte o como nodo para conectar barrios como Versalles o La Magdalena con el centro.
[–>[–>[–>Las 8,3 hectáreas del parque de la Marquesa, como todavía es llamado por muchos avilesinos, tiene dos zonas claramente diferenciadas: el jardín inglés, que ocupa la mayoría de la extensión, y el francés, que es el que se encuentra más próximo al palacio. Ambas son cuidadas con mimo y detalle por trabajadores municipales. “Tanto aquí como en el parque del Muelle empleamos personal propio para el mantenimiento. Queremos que el control sobre todo lo que se hace sea directo”, aclara el concejal de Servicios Urbanos, Movilidad, Medio Ambiente y Participación, Pelayo García.
[–> [–>[–>El mantenimiento del estanque
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Esas labores de cuidado y mantenimiento comienzan en uno de los puntos más icónicos del parque: el estanque. “Lo primero que hacemos al llegar es dar de comer maíz a los animales”, explica Carlos Rodríguez, de una laguna en la que habitan patos franceses, ocas, gansos y patos silvestres, y que también es frecuentada por las garzas reales que se han quedado a vivir en el Ferrera y por unas enormes carpas que habitan la laguna. “Hay especies que se han quedado aquí, porque han encontrado tranquilidad y alimento”, agrega uno de los responsables del cuidado del «pulmón», que también hace referencia a uno de los clásicos del Ferrera: los niños dando de comer a los patos: “En su día fue un problema, pero por suerte la gente ha tomado conciencia y no les dan cosas raras. Pero todo el mundo puede estar tranquilos: están bien alimentados”.
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Justo al lado del estanque, en el suelo que sujeta el mural de cerámica que homenajea a San Agustín de la Florida, se encuentra una de las singularidades más desconocidas del parque. “Hemos plantado semillas de flores silvestres. La intención es usar este terreno como banco de pruebas y, si funcionan, utilizarlas para decorar glorietas”, detalla Cristina Tezanos, jefa de Parques y Jardines, del uso como “laboratorio” del parque.
[–>[–>[–>Una vez cuidados los animales del estanque, el grueso del tiempo se va en el mantenimiento de las zonas verdes. “Con los años, el concepto ha ido evolucionando. Antes se hacían cuidados muy exhaustivos, pero ha quedado demostrado que ese mantenimiento tan intensivo fomenta la aparición de nuevos problemas: cuando debilitas el ecosistema, fomentas la llegada de nuevas amenazas que se aprovechan de esa circunstancia”, relata Tezanos, que explica que ahora se apuesta porque “el conjunto funcione todo lo posible por sí solo”: “Eso implica menos mantenimientos, menos gasto de agua… y, por tanto, un trabajo más sostenible”.
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Control de plagas
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Esto incluye también al control de plagas. Por ejemplo, el picudo rojo, que acaba con palmeras, o la oruga procesionaria, se emplean técnicas de endoterapia, consistentes en inyectar sustancias a los árboles; el pulgón se mantiene a raya mediante lucha biológica, utilizando mariquitas, que son depredadoras de este insecto; se efectúan trampeos de velutina; y actualmente se trabaja también para combatir la oruga del boj.
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[–>Otra de las labores fundamentales del personal es vigilar que los árboles, especialmente los de mayor tamaño, se encuentran en buen estado y no presentan riesgo de desprendimiento para los usuarios del Ferrera. “Tenemos especial cuidado con los que denominamos árboles en diana, que son aquellos que están cerca de un itinerario peatonal. Lo que hacemos cuando detectamos ramas o zonas que pueden entrañar algún tipo de riesgo es sujetarlas con unas cintas que, por un lado, le dan mayor estabilidad, y por otro cuenta con un sistema de aviso: cuando aumenta la tensión muestran una tira de color rojo, que nos permite actuar antes de que pase nada”, ilustra Tezanos.
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Portada de La Nueva España del 19 de junio de 2007, en la que se ve a Woody Allen con Natalio Grueso en el jardín francés / LNE
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El jardín francés, la joya
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Esta explicación tiene lugar ante un enorme liriodendron del jardín francés, la joya de la corona del parque. “Lleva más mantenimiento que todo lo demás”, apunta Rodríguez, sobre la última zona del Ferrera abierta al público, en 1998, elegida por Woody Allen para rodar una escena de su película “Vicky, Cristina, Barcelona”, y donde también se encuentra una de las especies más singulares del “pulmón verde”: un espectacular tejo “del que se dice tiene 400 años”.
[–>[–>[–>El jardín francés está vedado a los perros. Atados o sin atar. No así como el resto del parque, al que pueden acceder pero siempre con correa. Precisamente, la convivencia entre canes y usuarios es uno de los retos del Ferrera. “Las cacas que no se recogen y los orines en el mobiliario nos generan daños y problemas. Además, en ocasiones hay peleas entre animales, ocasionan algún problema a los usuarios…”, apunta Tezanos. Por el momento, explica García, se descarta habilitar zonas para perros en el parque.
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Uno de los motivos que llevan a esta situación es que el Ferrera está catalogado como Bien de Interés Cultural (BIC). “Esto hace que toda actuación sea especialmente compleja, porque debe contar con el visto bueno de Patrimonio”, apunta el concejal de Servicios Urbanos, Movilidad, Medio Ambiente y Participación, Pelayo García.
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Un operario realiza trabajos de mantenimiento en el jardín francés de Ferrera / A. F. V.
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Obras en el parque
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Precisamente, este elevado nivel de protección marcará una de las actuaciones que tiene previstas a corto plazo el Ayuntamiento en el gran parque: una mejora en los itinerarios del parque, que con sus cinco puertas (calle del Marqués, Cervantes, Galiana, Rivero y Casa de Cultura) cumple también una importante función urbanística, haciendo de nudo entre Versalles, La Magdalena, El Carbayedo y el centro. “Estas actuaciones, que cuentan con subvención europea, nos van a permitir cumplir en materia de accesibilidad y fomentar más aún los hábitos de vida saludable”, resalta García, de una intervención que se encuentra enmarcada dentro del Plan de Actuación Integrado (PAI) “Avilés La Carriona en Movimiento”, y que cuenta con una dotación de 1,5 millones de euros, de los que también saldrá una reforma en las vías del parque de La Magdalena.
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¿Y cuánto cuesta a los avilesinos mantener en perfecto estado el Ferrera? “No podemos cuantificarlo, porque se emplea personal propio. Tanto este parque como el del Muelle, que también es BIC, los cuidamos con trabajadores municipales porque nos asegura un mayor control y mayor implicación. Cuando escuchas hablar a los jardineros hablan de sus árboles, porque les hacen seguimientos diarios, porque saben qué problemas tienen o pueden tener…”, reflexiona García, que, eso sí, cuantifica algo más de medio millón de euros en inversiones para el Ferrera, La Magdalena y El Muelle desde 2020, destinadas a mejoras en las zonas de juegos infantiles, zonas deportivas, arbolado y reparaciones varias. «Es un lugar al que cada vez viene más gente a hacer ejercicio. Gente de todas las edades», destaca García quien, pese a todo, considera que los costes de mantenimiento del parque de la Marquesa son más bien una inversión: “El balance va a ser siempre positivo, porque el Ferrera es salud. Y eso siempre lo hará rentable”.
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