El partido nonato
El llamado «partido de los empresarios» –antes incluso de nacer– inquieta a los dirigentes políticos asturianos. Por un lado, no me extraña; primero porque estos dirigentes, distantes de los problemas que afectan a los asturianos, tienen pocas cosas de las que preocuparse que no estén íntimamente relacionadas con su subsistencia personal. Segundo, porque ni el PSOE ni el Partido Popular saben con certeza a quién beneficiaría en las urnas una iniciativa así. Pero, al mismo tiempo, me llena de asombro, dado que la criatura anunciada por el alcalde socialista de Siero aún no ha encontrado incubadora electoral ni comadrona que le firme el acta de nacimiento.
[–>[–>[–>Así y todo, el nonato ha disparado la confrontación: la derecha denunciando sectarismo, la izquierda viendo oportunismo en la supuesta operación, los empresarios insistiendo en que nadie les entiende y el resto de los asturianos pensando que tienen que madrugar al día siguiente. Menos estos últimos, todos los demás convencidos de que lo que está en juego es el futuro de Asturias, como si una maniobra municipal personalista teñida, según algunos, de oscuros intereses y un partido que aún no existe fueran el nuevo Tratado de Versalles. En medio de todo ello, el presidente de la Cámara de Comercio de Oviedo, testigo del anuncio y cercado por las sospechas, ha irrumpido en escena para recalcar que él no ha participado en la iniciativa.
[–> [–>[–>Estamos seguramente ante otra de esas refriegas estratégicas de pasillo que se viven con pasión en los corrillos políticos pero que se diluyen en cuanto uno pisa la calle. La pregunta es si de verdad la refriega interesa al asturiano medio. Particularmente soy de los que creen que a falta de trenes que lleguen, sueldos que den para vivir y médicos que sobren, lo único que crece saludablemente en Asturias es el ego. n
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