El petróleo de Venezuela y sus implicaciones geoestratégicas
En 1978, cuando inicié mi carrera profesional en el petróleo, mi jefe me dio un consejo que, casi 50 años después, aún sigo: «Cuando veas cualquier conflicto internacional busca el petróleo que hay detrás». Esta máxima funciona siempre. Así, conflictos como Sudán del Sur, las dos guerras de Iraq, la guerra de Afganistán (había que construir un oleoducto hasta el golfo Pérsico), la matanza de la etnia rohinyá en el noroeste de Birmania, el terrorismo del triángulo Argelia, Mali y Níger, la partición «de facto» de Libia, etcétera, son algunos ejemplos de lo dicho. El petróleo aflora hoy, de nuevo, en Venezuela.
[–>[–>[–>El presidente de Estados Unidos es claro: Quiere reactivar la industria petrolera del país bajo su control. Venezuela, una dictadura desde principios de siglo, posee las mayores reservas de petróleo y gas del mundo: 300.000 millones de barriles (20% del total). Sin embargo y de acuerdo con estadísticas energéticas fiables, su producción actual es de 960.000 barriles diarios (un escaso 0,9% de la producción mundial). Además, se trata de petróleos pesados y superpesados, con elevado contenido de asfaltos y mucho azufre. Su refino requiere instalaciones especiales que Venezuela no puede permitirse y se requerirá su traslado por barco a las refinerías tejanas que si están preparadas. En Texas, hoy día, refinan petróleos pesados procedentes de Alberta (Canadá).
[–> [–>[–>Después de las nacionalizaciones decididas por el régimen chavista y la expulsión de las compañías petroleras, toda la industria tanto los pozos como las infraestructuras de transporte y almacenamiento de petróleo se han derrumbado pues los materiales y repuestos necesarios para el mantenimiento son de origen norteamericano. Hoy es un sueño alcanzar la producción de 3,5 millones de barriles diarios del siglo pasado.
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Sobre el gas, Venezuela produce 87 millones de m3 diarios (31,7 Bcm anuales) y no posee plantas de licuefacción. No puede, por tanto, exportar gas y éste solo se utiliza para consumo interno. La asociación entre Repsol y ENI produce el 30% del gas venezolano (25 millones de m3 diarios). Como curiosidad, Repsol y ENI llevan sin cobrar por el gas desde marzo de 2025.
[–>[–>[–>El Presidente norteamericano ha convocado a todas las compañías del sector, Repsol incluida, para intentar convencerles de su vuelta a Venezuela. Les pide invertir en la restauración de la infraestructura petrolera como primer paso para la estabilización y recuperación del país. Se habla de inversiones de 50.000 millones de dólares y de recuperar la producción en 18 meses. Técnicamente, sin embargo, se considera que la inversión superará los 100.000 millones y el plazo para restablecer la producción será de unos 10 años. Además, las compañías petroleras son acreedoras del país en varios miles de millones de dólares que deberán ser resarcidos. Por ejemplo, Venezuela mantiene con la asociación Repsol-ENI una deuda de 2.500 millones.
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¿Cuáles serán las consecuencias geoestratégicas del control del petróleo venezolano? El presidente norteamericano ha declarado que incrementar la producción de petróleo en Venezuela contribuirá a una rebaja mundial generalizada del precio del barril. El mercado petrolero global actual está muy equilibrado entre oferta y demanda. Se producen unos 103 millones de barriles diarios con todos los productores en máximos de extracción. La producción es absorbida sin problemas por los consumidores a 60 dólares por barril. La renuncia a los combustibles fósiles que se pretende, como todos los técnicos en energía saben, es una entelequia… pero ese es otro artículo.
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[–>No es posible incrementar la oferta para rebajar precios salvo la aparición de un nuevo actor y éste podría ser Venezuela, que podría inyectar en el futuro entre 2 y 3 millones de barriles diarios. Esto rebajaría los precios del barril hasta 35 o 40 dólares beneficiando mucho a los consumidores americanos y europeos También al resto de la economía mundial, muy intensiva en combustibles fósiles.
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En segundo lugar, se han cortado los suministros de petróleo a Cuba y Nicaragua. Desde hace 25 años Venezuela enviaba a Cuba hasta 100.000 barriles diarios de petróleo subvencionado en el precio o cambiado por servicios de todo tipo. Últimamente se enviaban 38.000 barriles diarios (4% de la producción del país) pero de forma inestable y discontinua. Se estima que Venezuela, en los últimos 20 años, ha enviado a Cuba unos 400 millones de barriles (unos 24.000 millones de dólares). En Nicaragua la situación es similar aunque a menor escala. La falta de suministro de petróleo hundirá estas economías a medio plazo que es lo que pretende Estados Unidos.
[–>[–>[–>En tercer lugar, el envío de petróleos pesados de Venezuela a las refinerías especializadas de Texas hace innecesario el consumo de los petróleos pesados procedentes de Alberta, en estas refinerías. Canadá produce 5,9 millones de barriles diarios y exporta por oleoducto una parte muy importante a Estados Unidos. Cuando este cambio en el proceso de refino se produzca, la industria petrolera canadiense podría quedarse sin consumidores a medio plazo. Esto proporcionará a Estados Unidos, un arma de negociación importante para insistir en sus deseos de anexión del país norteño.
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En cuarto lugar, China y Rusia son otros perjudicados por este movimiento. China recibía unos 650.000 barriles diarios de Venezuela (68% de la producción del país) pero su economía es una gran consumidora de petróleo con importaciones de 16,5 millones de barriles diarios. El recorte es, por tanto, del 4%. No será difícil para China absorber este recorte en el mercado libre mundial, aunque sí perderá totalmente su influencia sobre Venezuela. En el caso de Rusia, la recepción de petróleo venezolano no es importante (unos 8.000 barriles diarios). Este volumen de petróleo servía para «blanquear» el crudo ruso. En efecto, las refinerías rusas refinaban el petróleo venezolano y exportaban sus derivados (gasolinas y gasóleos). Ni que decir tiene que se exportaban muchos más derivados que lo correspondiente al crudo recibido, burlando así las sanciones por la guerra de Ucrania.
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Resumiendo, el petróleo y no la democracia, la libertad y otros valores morales importantes, están en el fondo de las decisiones tomadas por Estados Unidos. Eso sí, los europeos nos rasgamos mucho las vestiduras a pesar de que estas maniobras contribuyen a nuestra estabilidad económica y a nuestro desarrollo y bienestar. Los occidentales en lo relativo al petróleo y a otras materias primas minerales estratégicas y críticas mantenemos, desgraciadamente, con el resto del mundo una actitud hipócrita muy notable. Ya saben aquello de: «Ande yo caliente y ríase la gente». Luis de Góngora dixit. n
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