El poder de Vox
Después de la debacle socialista, el tropiezo popular, la desaparición de Podemos, el tortazo de Sumar y la subida de la Chunta en Aragón, todos saben que el verdadero vencedor de las elecciones ha sido Vox. Ahora toca echarle la culpa al otro del triunfo de la rabia y el descontento.
[–>[–>[–>Se comprueba con alarma el giro de la juventud española, pero no solo de ella, hacia esa derecha que ha hecho de la lucha contra la inmigración, la obsesión con el cambio climático y las imposiciones de Bruselas sobre el campo, su principal bandera. Además de reaccionar con razón, pero también con furia a los sectarismos gubernamentales sobre los toros y la cultura y a las cesiones bochornosas para mantener a Sánchez en el poder. Execran las políticas comunitarias y no respetan al rey. Hace tiempo que Abascal se acerca más a una ideología antisistema, tal como se entiende el actual sistema político español y europeo, que a un partido comprometido con el bienestar y, sobre todo, responsable en facilitar la gobernabilidad. Y, como no creo que todos los que le voten sean una pandilla de gremlins malos, fachosféricos, violentos y odiadores, como ha insinuado la portavoz del PSOE, mermado su raciocinio por el tortazo aragonés a Sánchez en la cara de Alegría, considero que el voto a esa formación que propone soluciones drásticas, extremas, radicales y a menudo imposibles a problemas complejísimos que muchas veces implican derechos humanos fundamentales, supone un grito democrático, porque se produce en las urnas, de desesperación ante la sordera del gobierno central, la corrupción, los muros, la desigualdad entre territorios y el fracaso por mejorar la vida de los españoles de quienes detentan el poder en España y en las comunidades.
[–> [–>[–>Es difícil adelantar lo que va a suceder ahora en Extremadura y Aragón. Y después en España toda. Lo que está claro es que Vox tiene la llave y su líder, que es el único que manda, no parece dispuesto a facilitar nada que no sea su propia conveniencia. Y de esos políticos solo pendientes de su ombligo ya hemos sufrido demasiados.
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