el presidente y su familia utilizan la Casa Blanca para enriquecerse como nunca
Nunca en la historia de Estados Unidos la presidencia fue un negocio tan lucrativo. Entre otras cosas porque nunca antes un comandante en jefe había aprovechado el cargo para vender relojes, guitarras, biblias o perfumes con su nombre mientras dirige el país, para invertir en sectores cuya regulación depende de sus decisiones, para convertir su emporio hostelero en el centro oficioso del poder estadounidense o para hacer de la política exterior un instrumento al servicio de sus negocios en el extranjero. Todo eso y mucho más ha hecho Donald Trump desde que regresó a la Casa Blanca hace ahora un año. Su fortuna se ha incrementado desde entonces en 4.000 millones de dólares, según la revista Forbes. Y nada tiene visos de alterar semejante modo de proceder: ni los centenares de conflictos de interés que le persiguen ni las acusaciones de corrupción institucionalizada. La suya, repite Trump, es “la marca más de moda del mundo”.
[–>[–>[–>Las percepciones en política importan. O solían importar. Desde mediados de los años 70, después de que la corrupción y el abuso de poder hundieran la carrera de Nixon, casi todos los presidentes optaron por vender sus negocios antes de asumir el cargo o colocar sus activos en un fondo fiduciario ciego —ajeno a su control— para que nadie pudiera acusarles de impulsar políticas susceptibles de engordar su cuenta corriente. Trump, sin embargo, no lo hizo. Durante su primer mandato, sus únicos gestos fueron dejar la Organización Trump en manos de sus hijos (con los está permanentemente en contacto) e imponer una moratoria a nuevos negocios en el extranjero. Una moratoria que ha pasado a mejor vida en este segundo mandato.
[–> [–>[–>El resultado es el año más lucrativo en la larga carrera de Trump, que ha aprovechado el cargo para ganar dinero como nunca. Tanto que ha avanzado 118 posiciones en la lista Forbes de las 400 personas más ricas de EEUU. Ahora ocupa la posición 201, con un patrimonio de 7.300 millones de dólares. Pero hay otra novedad. Su cartera se ha diversificado significativamente en los últimos dos años. Ya no solo hace dinero con sus hoteles y clubs de golf, convertidos en lugar de peregrinación obligatoria para todo congresista, empresario o líder extranjero que quiera influir sobre el presidente y su círculo más cercano. O con sus edificios de apartamentos y las licencias para estampar su marca en ‘baratijas’ como colchones y botellas de vodka.
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“Trump no solo se ha negado de nuevo a desinvertir de los negocios que posee y con los que se enriquece, sino que ha lanzado muchos otros nuevos para monetizar la presidencia a una escala que excede las dimensiones de la corrupción de su primer mandato”, sostiene CREW (Ciudadanos por la Responsabilidad y la Ética en Washington), una organización que se dedica a velar por el buen gobierno en EEUU.
[–>[–>[–>Diversificación de sus negocios
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El mayor pelotazo llegó con la emisión de criptomonedas. Pero tampoco le fue mal con la red social que creó después de que Twitter y Facebook le expulsaran por incitar al asalto contra el Capitolio. Truth Social apenas gana dinero, pero tiene un valor de mercado cercano a los 2.000 millones, según Forbes.
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Desde entonces la luna parece ser el límite. En junio la empresa familiar anunció la creación de una nueva compañía de telefonía móvil, Trump Mobile, que pretende vender también celulares dorados, marca de la casa. Y en diciembre otra de sus empresas se fusionó con la ‘srtart-up’ TAE Technologies con la intención de construir la primera planta eléctrica de fusión nuclear para uso comercial. En ambos casos los conflictos de interés son evidentes, dada la influencia que ejerce la Casa Blanca sobre las regulaciones del Congreso, pero no han tenido ningún efecto sobre el republicano.
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El criptopelotazo
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Su negocio con las criptomonedas —“parece una estafa”, dijo en 2021— ilustra su manera de actuar. Durante la campaña animó a sus donantes a financiarla con criptomonedas, dando a entender que desde la Casa Blanca impulsaría el sector. Y todavía como candidato, creó World Liberty Financial para invertir en cripto.
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Tres días antes de la investidura lanzó su ‘memecoin’ $TRUMP, impulsada inicialmente por los 70 millones de un multimillonario del sector investigado entonces por la Comisión de Bolsa y Valores de EEUU (SEC) por un presunto fraude. Días después hizo lo mismo la primera dama —que vendió recientemente a Amazon los derechos para un documental por 40 millones de dólares— con $Melania. Debidamente promocionadas y propulsadas por inversores ‘amigos’, ambas ‘memecoins’ generaron más de 1.000 millones para los Trump, según Forbes.
[–>[–>[–>Desde entonces la SEC ha suavizado las regulaciones respecto a las ‘memecoins’, mientras el Congreso aprobaba la primera ley sobre las criptomonedas. Esa ley es muy del gusto del sector, según los expertos, particularmente en lo que respecta a las ‘stablecoins’, un tipo de criptomoneda aparejada al dólar. Meses antes los Trump habían creado su propia ‘stablecoin’.
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El republicano también ha licenciado estos meses su marca para vender todo tipo de merchandising, desde biblias a guitarras con el águila y la bandera de EEUU. Y se ha embolsado más de 400 millones de dólares a base de demandas judiciales contra algunos de sus enemigos declarados, como la cadena de televisión ABC News o el programa ’60 Minutes’.
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Inversiones en el extranjero
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Paralelamente, sus negocios en el extranjero, en gran medida varados hasta que regresó a la presidencia, han vivido una bonanza sin precedentes, expandiéndose principalmente en países gobernados por regímenes autoritarios. En estos meses ha cerrado acuerdos para licenciar nuevos proyectos en Arabia Saudí, Emiratos, Qatar, Vietnam, India o Rumanía. Algo más de una veintena de edificios, hoteles o campos de golf en 11 países, según el recuento de CREW. Negocios que dan a los líderes de esos países la oportunidad de acercarse al presidente a cambio de otorgar condiciones favorables a sus inversiones.
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La Administración Trump, sin embargo, sigue negando que exista conflicto de interés alguno o si quiera una forma de actuar inapropiada. “El público americano y todo el mundo sabe que es absurdo insinuar que el presidente se está lucrando con la presidencia”, dijo en mayo la portavoz de la Casa Blanca, Karoline Leavitt.
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