El respeto es el pegamento que mantiene unida a la sociedad. Y si no tenemos eso, vamos mal



En octubre de 2025 tuvo lugar la ceremonia de entrega del Premio Princesa de Asturias, durante la cual el filósofo Byung-Chul Han recibió el premio de Comunicación y Ciencias Humanas, en reconocimiento a su lucidez ante los problemas de nuestra sociedad. Una sociedad de fatiga, rendimiento y, añade Han en el nuevo trabajo en el que trabaja, que perdió respeto por los demás.
El filósofo habla de esta obra, que se publicará en 2026 en Alemania, durante la rueda de prensa que ofreció pocos días antes de la entrega del premio en Oviedo. El primero de su carrera, en agradecimiento a su labor periodística, que resalta la importancia de su trabajo. “Vivimos en un universo en el que no nos respetamos unos a otros”dijo el pensador surcoreano.
Una empresa agresiva
En “La sociedad de la fatiga”, Han nos ofrece una radiografía del mundo moderno a través de la productividad. El que ha perdido de vista la justa medida del esfuerzo y que ha hecho de la realización personal a través del trabajo una forma de esclavitud moderna. El neoliberalismo y el capitalismo son las piedras angulares de esta sociedad que “convierte a los seres humanos en ganado», dice el pensador.
Este mundo ante el cual no nos rebelamos, en el que somos prisioneros de nosotros mismos, también ha dado lugar a una sociedad agresiva.
El pensador aseguró que hoy en día la gente «es agresiva unos con otros». incapaz de tolerar opiniones diferentes. Cualquiera que piense diferente a ti es automáticamente tu enemigo. Hemos perdido la noción de barrio, de comunidad. «Somos agresivos, sentimos resentimiento y odio unos hacia otros. Y El respeto es el pegamento que une a la sociedad. Si no tenemos eso, vamos mal”, subraya el escritor.
Redes sociales y adicciones modernas.
Si buscamos a los culpables de este tipo de desvinculación social que nos lleva a la agresividad, debemos analizar los cambios que ha experimentado la sociedad moderna. Y eso significa inevitablemente prestar atención a las redes sociales y a los nuevos medios.
Las redes sociales, explica Han, “No generan comunidad, y una democracia sin comunidad se derrumbaPara él, el uso de las redes sociales ha encerrado a los hombres «en habitaciones donde reciben su propio eco», que no representan «una realidad común ni problemas comunes», sino un individualismo feroz.
Todo esto, sumado a la desinformación que transmiten ciertos medios sin reflexión, contribuye a crear un clima de «maremagnum de la información y la comunicación», que “por sí solos no proporcionan ni apoyo ni orientación”. Porque, dice Han, «hoy en día ya no tenemos modelos. Tenemos influencers que venden objetos y productos». Estos son nuestros nuevos “ídolos”, nuestros nuevos modelos. “Pero los influencers”, añade el pensador, “a diferencia de los ideales y modelos, no nos apoyan ni nos guían«.
Aceleración
Para analizar esta misma falta de comunidad, de unión, este exceso de agresividad, bien podríamos utilizar las ideas de un pensador más cercano a nosotros: Santiago Alba Rico. El filósofo, a quien Bodymente entrevistó recientemente, culpa a la aceleración de ser una parte obvia del problema.
«Cosas deben durar ante nuestros ojos para que adquieran una existencia y por tanto un valor», explica Alba Rico. «En un mundo donde somos incapaces de estar frente a las cosas, frente a los cuerpos, estos pierden valor y pierden su existencia«.
Esto es lo que decía la filósofa Simone Weil cuando nos hablaba de la atención como el don más preciado. “La atención es la forma más rara y pura de generosidad”, afirmó la francesa. «Prestar atención es un acto revolucionario es decir, estar verdaderamente presente en el otro, sin juzgar ni esperar nada a cambio.
Y también hablamos de actos revolucionarios con los españoles, para quienes un auténtico acto de levantamiento es prestar atención al cuerpocomprender la vulnerabilidad, aceptar el dolor.
Conecta con el cuerpo
Vivimos en una sociedad individualista que lleva como bandera «No necesito a nadie». Y al mismo tiempo, de forma extraña y peligrosa, vivimos desconectados de nosotros mismos. La falta de tiempo, el cansancio extremo, los acelerones imposibles nos desconectan de quienes somos realmente. Y de esta manera, Nos sumergimos en esta sociedad agresiva de la que habla Han. Una sociedad agresiva, tanto con su propio ser como con lo ajeno.
“Escuchar al cuerpo siempre es doloroso”, explica Alba Rico a este medio, “y por eso hay que aceptar que La hipótesis misma del dolor es un acto de resistencia.«Y es que ‘escuchar al cuerpo es escuchar su fragilidad esencial’. Reconocer, en primer lugar, que sufrimos. Nada, ningún gran avance tecnológico o social, puede evitar por completo el sufrimiento. En segundo lugar, nos exige que reconocerse como vulnerable y, por lo tanto, dependiente del otro.
Invulnerable
En Occidente, continúa el filósofo, Creemos que somos “invulnerables”“La tecnología médica siempre podrá salvarnos, separarnos de esos tres jinetes del sufrimiento de los que habla el budismo: la enfermedad, la vejez e incluso la muerte.
“Percibimos el cuerpo como algo amenazante” añade Alba Rico. «El cuerpo es algo que poseen los inmigrantes, los ancianos, los terroristas. » Tenemos miedo de conectarnos con el cuerpo, porque nos reconoceríamos incompletos, vulnerables e indefensos. También reconoceríamos que, Si nuestro propio cuerpo sufre, el de otro también sufre.
La conexión con el cuerpo es, por tanto, el último acto de rebelión que nos queda para afrontar la sociedad del cansancio, la sociedad agresiva de Byung-Chul Han. Porque “en esta descomposición de las grandes verdades, lo unico universal que nos queda es la corporalidad incluso. Si no escuchamos a nuestro cuerpo, si nos protegemos de cualquier amenaza, acabamos renunciando a una autoridad universal imprescindible para imaginar el cuerpo del otro a partir de nuestro dolor», concluye Alba Rico. Para superar el clima de agresión, no queda más remedio que recordar que el dolor lo que nuestro cuerpo siente es la misma que siente aquel a quien llamamos enemigo.
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí