ENTREVISTA EXCLUSIVA LOLO ESCOBAR AVILES
Si algo ha incidido Lolo Escobar (Don Benito, 1976) en sus primeros días ha sido en el cambio de energía que necesita el Avilés. Está convencido de que un triunfo va a desbloquear a un equipo que lleva demasiado tiempo sin conocer las mieles de la victoria. El pacense se sienta con LA NUEVA ESPAÑA por primera vez en el banquillo del Suárez Puerta para analizar la situación del club y hacer un largo repaso a su carrera. Desde la influencia de su padre hasta su estreno en Segunda División, pasando por la gestión familiar siendo un entrenador trotamundos. No es la primera vez que vive una situación como la que atraviesa el Avilés y tiene claro que «lo vamos a sacar adelante». No esconde las ganas que tiene de escuchar rugir, ante el Ourense, al estadio avilesino.
[–>[–>[–>¿Cómo está llevando la adaptación al Avilés y a la ciudad?
[–> [–>[–>La verdad que estoy contento. Esta semana está siendo un poco más larga, en los primeros días tuve poco tiempo para sacar conclusiones. Estos días estoy pudiendo trabajar más y ver todo con más detenimiento. He decidido quedarme estas semanas en la ciudad, queda muy poco tiempo y así estoy cerca del estadio. En esta situación hay que echar muchas horas, cuanto más cerca del despacho.
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Ante el Arenas ya dirigió su primer partido con el Avilés. ¿Qué ha tratado de cambiar respecto a Dani Vidal?
[–>[–>[–>Si miras los números fríamente no ha cambiado nada, porque encajamos tres goles, algo que no se puede permitir. Si analizas el juego creo que tratamos de fue más pausado, no tanto rock and roll. Me siento más identificado con esa idea. Tenemos que cambiar bastantes cosas para ser más competitivos, pero ese es un buen punto de inicio.
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¿Qué cosas hay que cambiar?
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[–>Uno de los puntos que más me preocupa es el lenguaje corporal de los jugadores, lo que transmiten. Quiero que el rival vea futbolistas vivos. Me encontré un grupo muy tocado en lo anímico, poco a poco vamos a cambiarlo. Tienes que demostrar que vas a estar de pie hasta que quiera el árbitro.
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Uno de los temas que mencionó en los primeros días fue la necesidad de mimar al vestuario.
[–>[–>[–>En eso estamos. Creo que, en esta situación, lo único que puedes hacer es apoyar al máximo al jugador. Vengo para pocos partidos y lo que quiero es sacar lo mejor de ellos. Siempre he creído que, para conseguir ese objetivo, lo mejor es ir por las buenas, convenciendo más que siendo un dictador. Estamos en el proceso de dar cariño, que es lo que necesitan.
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Durante su presentación habló de que, para defender mejor, influye de la manera en la que se ataque. ¿En qué van a cambiar los ataques del Avilés?
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Creo que, si atacas de manera más pausada y todos juntos, eso facilita a la hora de defender. Estás menos expuesto a la pérdida y puedes hacer la presión de mejor manera. En mi modelo de juego es importante estar todos más juntos, para no quedarte tan expuesto. Es algo en lo que estamos trabajando.
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En esta situación lo único que puedes hacer es apoyar al máximo al jugador
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¿Cree que así se solucionará la fragilidad defensiva de este Avilés?
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Esa fragilidad creo que no es algo que tenga que ver con lo táctico, lo físico o lo técnico. Creo que es más una cuestión anímica, psicológica. Estamos incidiendo en ello. Los futbolistas necesitan victoria, es la gasolina del día a día, y el no ganar hace que el equipo se vaya deprimiendo y perdiendo energía. Por eso los domingos, en los duelos, se nota que el equipo no está en buena dinámica. Si la dinámica fuese positiva ante el Arenas no nos habríamos resbalado y hubiésemos sacado el segundo gol. Lo psicológico tiene mucho que ver en todo ello. Tenemos poco tiempo, pero creo que en ese apartado está la mejora real de este grupo.
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Ante el Arenas tuvo que vivir el partido desde la grada por arrastrar una sanción de su etapa en el Lugo. ¿Cómo vivió el partido?
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Se pasa mal, sobre todo en la situación en la que está el equipo. Estar fuera da una impotencia terrible, sobre todo a la hora de hacer correcciones o de dar ánimos. Tengo ganas de sentarme en el banquillo del Suárez Puerta, con nuestra afición, y poder estar a pie de campo, que es como creo que ayuda realmente un entrenador.
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En Fadura fue Guillermo Suárez, su segundo, el que hizo de entrenador principal. Llama la atención la apuesta por él y no por su hermano, José Escobar.
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Tengo un cuerpo técnico ya constituido desde hace años. Son 25 años trabajando con el mismo segundo entrenador y el mismo preparador físico. Cuando llevas un año y dos meses sin entrenar todo el mundo tiene que rehacer su vida, la gente tiene que comer y tienen trabajos y compromisos. Para ocho semanas no se puede renunciar a todo eso. A Guillermo lo tuve en distintas etapas en mi cuerpo técnico, lo conozco perfectamente. Siempre hemos estado en contacto.
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Lolo Escobr / Luisma Murias
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Vayamos al principio de su carrera. ¿Cómo se inició en el mundo del fútbol?
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Fui jugador en mi juventud, llegué hasta Tercera División, donde estuve un par de temporadas. Desde muy pronto tenía claro que lo mío era ser entrenador. Con seis años mi padre, que ha sido entrenador durante toda su vida, ya me metió en el vestuario. Desde los dieciocho compatibilicé entrenar con jugar hasta llegar a un punto donde tuve que elegir y decidí sentarme en el banquillo, porque era lo que más me gustaba.
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Su padre, Manuel Escobar, parece una figura clave en su carrera.
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Es la persona que me lo ha enseñado todo. Siempre he dicho que es mi referente en el mundo del fútbol. Cuando era pequeño le acompañaba por los campos de Extremadura, veía sus charlas, sus correcciones, cómo hablaba con los jugadores… Iba a muchas de sus sesiones de entrenamiento y escuchaba las conversaciones que tenía con los futbolistas en el coche. Con él he aprendido cosas que no te enseñan en los cursos de entrenador. He visto las críticas que recibe un técnico, cómo se le cuestiona… Es mi referente y el que me ha hecho amar la profesión.
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¿Cómo fueron esos primeros pasos los banquillos?
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Con dieciocho años tuve mi primer equipo en niños. A partir de ahí fui creciendo. Estuve once años en la escuela de la Federación Española. He pasado por todas las categorías menos la Primera División. Tengo recuerdos muy positivos de mis primeros años. El Dios del fútbol me hizo empezar desde lo más bajo, en Segunda Regional. Poco a poco fui ascendiendo hasta llegar a Tercera, que la conocía perfectamente. Tuve una adaptación sencilla.
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¿En qué momento se dio cuenta de que podría vivir del fútbol?
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En Segunda Regional, cuando empecé. Era un poco temerario. Soy licenciado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte y tengo un máster en Alto Rendimiento en Fútbol. Me han salido diferentes posibilidades laborales y siempre la rechacé porque aposté por esto a muerte. Mi familia me decía que estaba un poco loco, pero yo siempre creí en mí mismo. Quería ser entrenador y, cuando algo te gusta tanto que no sientes ni que estás trabajando, no te importa echar horas. Cuando eres padre te entran las dudas, porque este es un trabajo demasiado inestable para una familia, pero es que no sé hacer otra cosa.
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La fragilidad defensiva del equipo no es algo táctico o técnico, es más una cuestión anímica
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En esos primeros años el apoyo familiar tuvo que ser clave, sobre todo en la cuestión económica.
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Viví en casa de mis padres y tuve que compatibilizar el entrenar con diferentes trabajos, como estar detrás de la barra de un bar. He hecho de todo para poder seguir entrenando. Cuando entré en la Federación Española el tema económico se tranquilizó, tenía mi sustento económico y podía estar en Tercera madrileña, donde había clubes en los que cobrabas y en otros te dejaban a deber. He vivido todo lo feo del fútbol, pero como tenía mi trabajo no me importó y me permitió seguir creciendo.
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Antes de dar el salto a Segunda B vivió una situación curiosa. En el Puerta Bonita tuvo bajo sus órdenes al actual director deportivo, Miguel Linares.
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Fue una experiencia complicada tanto para Miguel como para mí. Solo cobré un mes estando allí, no cobré ni la pretemporada. Linares salió en el mercado invernal y, poco después, me dijeron que no querían contar conmigo. Disfruté poco de Miguel como jugador, fue un año fuero porque lo extradeportivo lo marcó todo.
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Llegar a Segunda B sería empezar a ver la luz al final del túnel.
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No te creas, porque justo en mi momento más dulce como entrenador, cuando conseguí ascender dos categorías de manera consecutiva y llegué a Segunda B, fue cuando empezó el coronavirus. En ese momento casi todos los clubes entraron en ERTE y te quedas en casa. Fue ciertamente frustrante, con lo que me había costado llegar y lo pude disfrutar muy poco. Por suerte, me salió la oportunidad de fichar por el Salamanca, que fue el club que marcó un punto de inflexión en mi carrera.
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¿Cómo fue esa experiencia?
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Llegué en unas condiciones complicadísimas. Me encontré un vestuario más derruido, llevaban tres puntos en las ocho primeras jornadas. Fue difícil enderezar el rumbo, pero creo tanto en el trabajo que, a fuerza de insistir y trabajar, de repetirles a los jugadores que no eran tan malos, conseguimos darle la vuelta a la situación. La dimensión del Salamanca es muy grande, es un gigante dormido. En el Avilés tengo un pensamiento similar, estoy concentrado en intentar levantar el ánimo, en pensar en positivo para cambiar la dinámica, porque así vendrán los resultados.
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Gelabert era mi niño bonito en el Mirandés, es el jugador más inteligente que he tenido
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Del Salamanca pasó al Mirandés, en Segunda División. ¿Tocar el fútbol profesional fue el momento en el que dijo: ‘Lo conseguí’?
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Debutar en Segunda División fue el premio a una trayectoria de mucho barro y noches sin dormir. El premio me duró poco, porque en la jornada 28 me cesaron. Me dio rabia, porque estaba a cuatro puntos del descenso y con el gol average ganado a casi todos los equipos de la zona baja cuando el objetivo era la permanencia. De esa experiencia aprendí que tengo que hacer mucho más para que no me echen tras dos malos partidos. No tengo el nombre de otros que hayan jugado al fútbol, por eso hay que hacer más.
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El vestuario de ese Mirandés estaba lleno de talento. Allí coincidió con nombres como Gelabert o Hassan.
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Gelabert es el mejor jugador que he entrenado en mi vida. Lo cogí muy joven, venía de romperse el cruzado. Es la persona más inteligente que he visto dentro de un terreno de juego. Era brutal ver cómo interpretaba el juego y los espacios. Cuando se rompió el cruzado la temporada fue cuesta abajo. Me decían que era mi niño bonito y tenían toda la razón. Hassan era todo lo contrario. No tenía la interpretación del juego que tiene Gelabert, pero tiene ese don divino para desequilibrar en el uno contra uno. En aquel momento era muy joven, pero salió una estadística que era el tercer jugador de toda Europa con más uno contra uno favorables. Fue un año muy bonito donde entrené a jugadores como Camello, Íñigo Vicente o Rodrigo Riquelme. El director deportivo, Chema Aragón, era muy bueno, por eso va a subir a Primera División.
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Tras pasar por el Miranda firmó, otra vez con la temporada iniciada, por un histórico como el Hércules.
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Cogí el equipo en el año de su centenario. Unas semanas antes de mi llegada hubo manifestaciones de la afición y habían entrado a invadir el palco. Estaban en una situación muy complicada, quinto por la cola y en puestos de play-out. Una vez más me encontré un equipo con muchos problemas en lo anímico y me centré en recuperar los ánimos. No nos dio para entrar en play-off, pero desde que llegué solo el Teruel hizo más puntos que nosotros.
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En Salamanca, Hércules y Avilés llegó con la temporada ya iniciada. ¿Tiene miedo que se le catalogue como un entrenador apagafuegos?
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Los entrenadores vamos a donde nos llaman. En Primera Federación han cesado a 28 de los 40 técnicos que empezaron la temporada, tienes que ir a donde te llamen porque no sabes cuándo vas a entrenar ni cuándo no. Entrena el que puede, siempre intentando sacar el máximo rendimiento posible a la situación.
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Suma dos temporadas en Primera Federación. ¿Qué sensaciones le deja la categoría?
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La Primera Federación es una categoría que me encanta, creo que es muy parecida a Segunda en cuanto a que puede pasar de todo. Eso sí, esta categoría tiene sus limitaciones. Me da pena porque siento que no se acaba de profesionalizar. Es profesional en cuanto a horas, dedicación y cuidados, pero le falta capital para acercarse más a Segunda División. Todos los equipos están en deuda o van con el agua al cuello. Tener un equipo en Primera Federación es tener un bolsillo roto y no sé cómo se podría compensar eso, porque yo veo los campos con buenas entradas.
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Mi padre es mi gran referente, de él he aprendido muchas cosas que no enseñan en los cursos
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Salamanca, Alicante, Miranda del Ebro, Algeciras, Lugo… Ha pasado por todos estos sitios siendo padre de dos niños pequeños. ¿Cómo gestiona su propia casa?
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Es durísimo. Yo soy un padre que necesito tener a mis hijos cerca, los considero mis escudos y la cosa más importante de mi vida. Ahora tengo que estar ocho semanas donde los voy a ver muy poco y es muy duro, no le voy a engañar. La gente dice que, como nos pagan bien, se puede llevar, pero no nos pagan tan bien como para separarte de tus hijos. Entiendo que hay profesiones muchísimo más duras. Siendo entrenador somos unos privilegiados, pero la parte más complicada es la familiar. Yo me los he llevado a todos sitios, pero cuando van creciendo ves que te van necesitando más y es duro no poder estar con ellos. También está mi mujer, la verdadera heroína de esta historia. Me sigue a todas partes y que me anima en todo momento a que persiga mi sueño.
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Tantos destinos diferentes acarrean, además, cambios de colegio para tus hijos.
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Fue algo que a mí también me pasó de pequeño. Tuve trece traslados en quince años. En aquel momento no lo entendía, pero creo que me ha hecho convertirme en una persona capaz de adaptarse a todos los escenarios. Con mis hijos creo que pasa algo parecido. Hay momentos en los que les dolerá, pero cuando pasen los años verán que les ha enriquecido.
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Volviendo al Avilés. Tiene ocho finales para conseguir la salvación.
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Estoy convencido de que lo vamos a sacar, si no no hubiese venido. Creo que todo es cuestión de sacar un buen resultado. Lo dijo Dani Vidal en sus últimas ruedas de prensa y tenía razón. Creo que con nosotros va a llegar esa victoria, y que, cuando se consiga, todo se va a ver de manera muy diferente. Lo vamos a dar todo para que ese triunfo llegue el domingo con nuestra gente y ante un rival directo.
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Lolo Escobar / Luisma Murias
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Enfrente estará el Ourense, equipo que tiene un gafe especial con el Avilés. Hace dos temporadas mandó al equipo al play-out y, esta campaña, fue contra ellos cuando empezó la mala racha blanquiazul.
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No creo en ese tipo de cosas, y mira que he sido la persona más supersticiosa del mundo. Como si tenemos al Real Madrid delante, me da igual. Tenemos que ir con todo para aprovechar la oportunidad.
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¿Qué pasará con Lolo Escobar dentro de dos meses?
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No tengo ni idea, no te sé decir ni qué va a pasar mañana. Lo único que sé a ciencia cierta es que voy a dar todo para sacar esto adelante. Los jugadores van a ver una persona que, cuando lleguen al estadio, ya está aquí; y que, cuando se vayan, siga en su despacho. Y, si por lo que sea, tienen que volver más tarde, que también esté. Es lo que les quiero transmitir y, después, será el destino el que me lleve donde merezca.
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