¿Es el plato la nueva obra de arte? El efecto de Instagram en la cultura culinaria
Hoy en día, muchas cosas comienzan en la pantalla. Una persona ve una foto de un plato antes de elegir un restaurante, mira un vídeo corto antes de probar una receta y evalúa la apariencia de una experiencia incluso antes de tenerla. La imagen se ha convertido en la puerta de entrada a casi todo.
En el entretenimiento online, esta lógica también es muy poderosa. En los casinos digitales, por ejemplo, las máquinas tragamonedas no sólo se presentan por sus reglas, sino también por sus colores, temas, personajes y efectos visuales. Portales especializados como Legalbet también tienen en cuenta este aspecto a la hora de analizar ofertas de sitios de juegos online. Incluso una página diseñada para comparar giros gratis debe organizar claramente la información sobre bonos, juegos y condiciones, porque la forma en que se presenta todo influye en la primera lectura del usuario.
Con la comida ocurre algo parecido, pero de forma más profunda. La presentación de un plato no sólo llama la atención: modifica las expectativas, el apetito e incluso la percepción de los sabores. Instagram no inventó este efecto, pero ha amplificado su importancia al transformar cada comida en algo que puede fotografiarse, promocionarse y reproducirse.
Comer con los ojos siempre ha sido una realidad

El entorno digital ha alterado –o al menos amplificado– todas las actividades humanas y los ciclos sociales, desde áreas como la belleza y la salud hasta el entretenimiento mismo.
La hora de comer, por ejemplo, es uno de los momentos más importantes para todos. Por ello existen numerosos estudios sobre la importancia del aspecto visual de los platos. Todos ellos confirman que “comer con los ojos” siempre ha sido una realidad:
• El color de los alimentos es uno de los indicadores más importantes. Según investigaciones científicas, un cambio de color puede alterar la percepción del sabor. Por ejemplo, los tonos cálidos pueden evocar dulzura, mientras que los tonos oscuros evocan amargura.
• Los lugares y comidas famosos “Instagrammable” no son sólo una moda pasajera. Detrás de esto, diversos estudios muestran que composiciones similares a obras de arte -ya sea en términos de color, forma, altura o disposición- modifican no sólo la expectativa, sino también el sabor mismo percibido.
• La disposición a pagar más o menos por un plato también tiene mucho que ver con su presentación. Quienes se acercan a obras de arte ganan puntos en este sentido.
Además, las redes sociales no valoran de la misma manera ningún tipo de belleza. Un plato puede estar técnicamente bien ejecutado, ser equilibrado y sabroso, pero aun así no funcionar muy bien en una pantalla pequeña. Instagram favorece las imágenes que sean fáciles de entender, con contraste, brillo, textura obvia y un elemento sorpresa. Por este motivo, ciertos tipos de comida parecen más propensos a fluir: postres de corte cremoso, pastas de queso elásticas, hamburguesas altas, cócteles coloridos o platos con una composición muy simétrica. No es sólo una cuestión de estética, sino también de legibilidad visual. La comida debe entenderse en segundos.
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elemento visual |
Por qué llama la atención |
Posible efecto sobre la percepción. |
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Colores fuertes y contrastantes |
La imagen se destaca en el flujo. |
El plato puede parecer más fresco o más intenso. |
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Texturas aparentes |
Lo crujiente, cremoso y brillante es fácil de imaginar. |
Genere expectativas antes de intentarlo |
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Altura y volumen |
Da sensación de abundancia |
Puede sugerir mayor coraje o generosidad. |
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Cortar, rellenar o mover |
Crea sorpresa y llama la atención. |
Hace que el plato sea más memorable. |
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Simetría y organización |
Hace que la imagen sea más fácil de leer. |
Transmite una idea de cuidado y sofisticación. |
Este punto nos ayuda a entender por qué no todos los buenos platos se convierten en contenido, y no todos los platos famosos en las redes tienen necesariamente un sabor extraordinario. A menudo, lo que se vuelve viral es lo que mejor transmite un sentimiento en la pantalla.
¿Qué han cambiado realmente las redes sociales?
La cocina siempre ha tenido una cierta puesta en escena. No hace falta ir muy lejos: basta con ver cualquier programa de televisión sobre cocina para comprender lo cerca que está este momento del arte. El caso es que las redes sociales, especialistas en generación de productos, lo llevan todo al extremo.
Hoy en día, se fotografía cada etapa de la preparación, desde el corte de los ingredientes hasta el plato final, incluso cuando no se trata de un banquete en un restaurante, sino de una simple tostada de desayuno. Todos, les guste o no, terminan siendo influenciados por este comportamiento en línea. A veces incluso nos apetece cocinar algo sólo para hacer la foto, como si el clic fuera un elemento imprescindible de la receta.
Este cambio también afecta la forma en que se diseñan las recetas. En lugar de simplemente preguntarse si un plato es delicioso, muchas personas empiezan a preguntarse si sería un buen vídeo, una buena foto final o un momento impactante. Las recetas con pocos ingredientes, pasos claramente visibles y resultados rápidos suelen funcionar mejor en este entorno porque encajan en el ritmo de los vídeos cortos. Una salsa fluida, una masa extendida con un rodillo, un caramelo cortado por la mitad o una olla burbujeante comunican inmediatamente placer, incluso sin olor ni sabor.
Con todo ello, la cocina doméstica y profesional empieza a absorber el lenguaje de las plataformas. Los restaurantes piensan en la iluminación de la mesa, la vajilla, el fondo de la foto e incluso en cómo llega el plato al cliente. Los creadores de contenido, por otro lado, suelen simplificar técnicas o exagerar ciertos efectos para que la receta sea más clara y más compartible. Esto no es necesariamente malo: puede atraer a más personas a la cocina y animarlas a experimentar. Pero el criterio de éxito también cambia: una receta ya no se evalúa únicamente por su resultado en el plato y pasa a depender de su capacidad para llamar la atención incluso antes de ser probada.
Cómo influye “ser visto” en cada paso hacia la mesa
En el mundo actual, cualquier cosa se puede convertir en contenido: sólo hay que encontrar el formato adecuado. En la cultura culinaria esto se encuentra en todas las etapas hasta la mesa del consumidor:
• Desde la selección hasta la compra, el consumidor está totalmente influenciado por las redes. Es habitual que se pongan de moda no sólo determinados platos, sino incluso ingredientes concretos.
• Para los restaurantes, recopilar estas tendencias y eventualmente replicarlas también puede ser beneficioso, incluso por razones de marketing. Es lo que pasó con el chocolate de Dubái, que se convirtió en un fenómeno viral a finales de 2024, o con el pistacho, que alcanzó una popularidad extrema, en gran parte gracias a las propias campañas en redes sociales.
• A la hora del consumo, también hay investigaciones que demuestran que el placer de ver puede amplificar la experiencia. Pero cuando llega a una proporción demasiado alta o se centra excesivamente en mostrarse ante terceros, puede acabar frustrándola. No es casualidad que algunos restauradores protesten e incluso prohíban el uso de estos dispositivos. El argumento es que la presión estética, en última instancia, perjudica la experiencia gustativa.
Otras consecuencias: ¿Puede Instagram perjudicar la experiencia culinaria?
Las consecuencias de este nuevo mundo digital en la cocina, en los restaurantes y en las mesas de los consumidores son numerosas. En última instancia, todos se relacionan con el “ver y ser visto” que tanto caracteriza a las redes sociales. En este sentido, aunque la vista es esencial para toda experiencia, no puede dominar completamente cada momento.
El énfasis en la belleza puede, a la larga, perjudicar a todos. Mientras quien produce la comida pierde la posibilidad de innovar en términos de sabor para complacer a quien quiere publicar en Instagram, los clientes se olvidan de vivir el momento de la comida, de saborearla, de sentirla, e incluso pueden perder la sensibilidad ante estos momentos a largo plazo. Por supuesto, se trata de equilibrio, no de extremos como la demonización de las redes sociales.
Sí, hoy todo lo que hacemos se convierte fácilmente en contenido. Nos inspira a hacerlo mejor, a probar cosas nuevas y tal vez incluso nos brinde algo de fama. Pero también es importante recordar que debemos descansar de esta producción constante para los demás y vivir simplemente para nosotros mismos.
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