Es un laberinto de silencios y demoras que es desmotivador
El proyecto para rehabilitar y dar un futuro a la impresionante casona de Sestelo, en Castropol, se tambalea. Y no porque el empresario promotor no le haya dedicado «ilusión, tiempo y dinero», sino por las trabas que está encontrando para el desarrollo de esta iniciativa que podría ser tractora para la comarca Oscos-Eo y que plantea una inversión de más de 15 millones. «Lo que debería ser un proceso administrativo ágil y razonable se ha transformado en un laberinto de silencios y demoras, que es desmotivador», señala el dueño de la propiedad, el empresario madrileño Pablo Rivas.
[–>[–>[–>Rivas adquirió el inmueble, que lleva décadas sin uso, para crear un centro pionero de longevidad, una iniciativa que considera «única, tanto en España como en Europa». A su juicio, el proyecto será «capaz de situar a Asturias en la vanguardia de un sector emergente, generar empleo cualificado y recuperar un edificio histórico abandonado durante más de 40 años». Sin embargo, la lentitud administrativa le impide poner en marcha la primera fase de la actuación, que consiste en limpiar el interior del inmueble para garantizar su estabilidad y evitar accidentes. La licencia de obra se presentó en el Ayuntamiento de Castropol el pasado diciembre y, cinco meses después, no tiene respuesta.
[–> [–>[–>Un trámite sencillo
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«Es un trámite sencillo cuyo único objetivo es desescombrar el interior del edificio, sin afectar a ningún elemento exterior. El proyecto fue debidamente visado por el Colegio de Arquitectos, cumpliendo todos los requisitos técnicos y normativos. Cinco meses después, no hay respuesta. Cinco meses para resolver un trámite que, en muchas otras comunidades autónomas, se gestiona mediante una simple declaración responsable», lamenta Rivas, que es consejero delegado (CEO) y fundador de la firma Global Alumni, una empresa de educación tecnológica euroamericana que se dedica a liderar la transformación digital de las mejores universidades del mundo.
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Rivas añade que esta primera actuación no solo busca limpiar el interior de este inmueble de seis plantas y quince habitaciones, sino garantizar «que no exista riesgo para las personas que irresponsablemente entran en un edificio abandonado, que tiene peligro de caídas de diez metros en su interior».
[–>[–>[–>«No se pide un trato de favor»
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«Si estos son los plazos con un procedimiento tan básico, ¿qué cabe esperar cuando se presente la licencia de reforma integral?», señala Rivas, que no entiende que se bloqueen proyectos en un momento «en el que Asturias necesita inversión, nuevos empleos y proyectos transformadores». En este sentido, el dueño de Sestelo lamenta los obstáculos, la falta de acompañamiento y colaboración institucional: «No se está pidiendo financiación pública ni nada similar. No se está solicitando trato de favor. Simplemente se pide algo tan elemental como poder avanzar dentro del marco legal vigente, con seguridad jurídica y plazos razonables».
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La propiedad de Sestelo se suma a la denuncia hecha pública hace unos días por los dueños del palacio de los Uría, en Celorio, que llevan siete meses para tener suministro eléctrico. Considera que el silencio administrativo con el que se encuentran los promotores de cualquier iniciativa «proyecta una imagen innecesaria de Asturias» y considera «preocupante que esta parálisis encuentre complicidad entre el Principado y el Ayuntamiento de Castropo»l.
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[–>Si no obtiene soluciones «no me quedará otra que rendirme» y, añade, Asturias «perderá otra oportunidad de futuro». Lo peor, subraya, «no es perder un proyecto, sino consolidar la idea de que invertir aquí nunca merece la pena».
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La casona de Sestelo data del año 1850 y cuenta con una superficie de 2.527 metros cuadrados ubicada en unos espectaculares jardines de 7 hectáreas. A lo largo de su historia funcionó como fábrica de papel, casa particular, orfanato durante la Guerra Civil y sede de una escuela taller en su última etapa con actividad.
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