Europa busca su independencia de Washington, en el 250 aniversario de la de Estados Unidos
Cuando en diciembre del pasado año Estados Unidos hizo pública su estrategia nacional de seguridad, en la que ponía en cuestión que la Unión Europea fuera democrática y apoyaba abiertamente revertir la situación respaldando a los partidos de extrema derecha, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, reconoció, por primera vez públicamente, que «Europa y Estados Unidos no comparten la misma visión del orden internacional«. En el 250 aniversario de la independencia del país, la relación entre ambos está en mínimos históricos, y los europeos buscan alejarse de Washington para ganar soberanía y libertad.
[–>[–>[–>Desde que el presidente de EEUU, Donald Trump, llegó a la Casa Blanca para un segundo mandato, las relaciones con la UE se han deteriorado notablemente. Las tensiones comerciales, las amenazas contra Groenlandia o las diferencias en política internacional de Ucrania a Gaza, pasando por Irán, han ido tensando la cuerda. «Las relaciones entre aliados y las alianzas tras la Segunda Guerra Mundial han cambiado«, reconoció Costa tras la publicación de la nueva estrategia de seguridad americana.
[–> [–>[–>La cumbre del G7 del pasado mes de junio dio un respiro a los líderes. Fue la primera vez en meses en que el presidente de Estados Unidos mostró cierta sintonía con los europeos, la primera vez que dio un respaldo público y firme a Ucrania. Pero en este segundo mandato, Trump ha resultado ser aún más impredecible y, sobre todo, más duro. Incluso los que creen tener una mejor relación con el republicano, como la primera ministra italiana, Georgia Meloni, tarde o temprano acaban enfrentándose a los desplantes del dirigente.
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Apaciguamiento e independencia
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A pesar de que Costa subió el tono, llegando a decir que Europa tenía que protegerse no solo de sus adversarios «sino también de los socios que nos desafían», la política europea ha sido de apaciguamiento. Es decir, hacer lo posible por no provocar al presidente, mientras en paralelo buscan reducir sus dependencias. Pero países como Dinamarca consideran formalmente a Washington un posible adversario, ante las amenazas de invasión de su territorio.
[–>[–>[–>De puertas afuera, la estrategia es ofrecer diálogo a Washington, insistir en el importante vínculo entre Estados Unidos y Europa, y no responder a amenazas sino a decisiones para evitar provocar nuevas crisis. De puertas adentro, hay una cierta sensación de impotencia y hasta de resignación ante la falta de una postura común frente a Washington.
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Lograr una condena común y en firme de la amenaza de invasión de Groenlandia no fue fácil, y para muchos países, hacer uso del instrumento anticoerción, pensado para China, cuando Estados Unidos usa la política comercial para influir en las decisiones comunitarias es ir demasiado lejos. Que haya estado sobre la mesa, en cualquier caso, da una idea del estado de las relaciones transatlánticas. Aunque en lo único en lo que parecen estar de acuerdo los Veintisiete, reconoció una alta fuente comunitaria, es que la principal respuesta pasa por reforzar la soberanía europea.
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[–>Mínimos históricos
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«Las relaciones UE-EEUU atraviesan uno de sus periodos más difíciles, en gran medida debido al enfoque a menudo confrontativo y agresivo del presidente Trump y su Administración», asegura Brando Benifei, presidente de la delegación del Parlamento Europeo para las relaciones con Estados Unidos, en declaraciones a EL PERIÓDICO. Benifei defiende en cualquier caso mantener un diálogo abierto con Washington «porque la asociación transatlántica sigue siendo esencial para el comercio, la inversión, el empleo y nuestra seguridad compartida».
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El socialista italiano, sin embargo, cree que la UE tiene que ser más firme, «exigiendo al mismo tiempo el respeto que nos corresponde como aliados y socios». Benifei subraya en particular la necesidad de establecer «líneas rojas» concretas, «especialmente en lo que respecta a nuestra soberanía regulatoria». Porque la última amenaza de Trump ha sido imponer aranceles del 100% a los países que introduzcan un impuesto a las grandes tecnológicas, mayoritariamente estadounidenses.
[–>[–>[–>A ojos de Diana Riba, eurodiputada de Esquerra Republicana, los años de buenas relaciones nos han hecho dependientes de Estados Unidos. Esa dependencia es la que ahora la Administración Trump utiliza como arma arrojadiza. «Hemos creado una estructura de seguridad económica alrededor de un Estados Unidos que era una potencia económica y social y democrática muy fuerte«, explica Riba en una entrevista con este diario. «Cuando las relaciones van mal, esta dependencia nos pasa factura», insiste.
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La eurodiputada de Esquerra apunta a que esta situación, sumada a los problemas en el seno de la propia UE, deja al bloque en una posición muy delicada. Riba insiste en la necesidad de «encontrar un liderazgo que hable de tú a tú con Estados Unidos», como principal reto para los europeos. Alguien que defienda las fortalezas de la Unión y no busque «apaciguar» las relaciones.
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A largo plazo, Riba también opta por reforzar la soberanía europea y la independencia de Estados Unidos en ámbitos clave como la defensa, la energía, pero también en los servicios tecnológicos, desde los métodos de pago hasta las redes sociales. «Tenemos muchos retos», reconoce, acusando a la UE de haber «vendido» su soberanía alimentaria «a Mercosur», la energética «a Rusia» y la de defensa «a Estados Unidos».
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«Europa tiene unas fortalezas enormes, por eso nos mira tanto Estados Unidos», defiende Riba. «Somos el mercado más grande de consumo; tenemos que utilizar estas fortalezas para hacer palanca y ser más soberanos y mirar hacia otros lados del mundo», añade.
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No es Trump, es EEUU
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Para Scott Marcus, investigador asociado del Centro de Estudios de Política Europea (CEPS por sus siglas en inglés), la relación entre Estados Unidos y la UE es «bastante mala y es probable que empeore mucho más». En conversación con EL PERIÓDICO, Marcus reconoce que «siempre ha habido aspectos de competición» entre ambos, pero estos son ahora dominantes.
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«Debemos entender que Estados Unidos en su forma actual es un rival sistémico en el mismo sentido que China», asegura. «Con Estados Unidos, al igual que con China, hay muchas áreas donde tenemos intereses alineados y donde debemos trabajar juntos, y hay otras áreas donde no tenemos intereses alineados y no deberíamos engañarnos», recalca.
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Preguntado sobre si esta situación podría revertirse en caso de un cambio de gobierno, Marcus duda. «Estamos ante un Estados Unidos diferente al que estamos acostumbrados», admite. «Además, ha habido demasiados cambios. No son fáciles de revertir«, añade, apuntando a los casos de Polonia o Hungría donde, a pesar de los cambios de gobierno, revertir las políticas no está siendo fácil.
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Riba tampoco cree que las relaciones entre Estados Unidos y la UE vayan a cambiar significativamente con un cambio de signo político en el Ejecutivo. «Nada empieza con Trump», asegura la eurodiputada. «Estados Unidos tiene sus propios retos internos que también lo llevan a posicionarse internacionalmente de manera diferente», explica. Solo que «con Trump se acentúa y, sobre todo, se hace más transparente», insiste la representante de Esquerra.
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Scott, como Riba, Benifei o buena parte de los líderes del bloque entienden que la única respuesta posible pasa por fortalecer la independencia de la UE. Buena parte de las propuestas de la Comisión Europea van en este sentido, introduciendo la prioridad europea en las políticas de defensa o industriales, o promoviendo la diversificación del comercio. «Los responsables políticos europeos entienden ahora a qué se enfrentan y están intentando tomar medidas significativas», explica. Pero para Scott ciertos problemas estructurales lastran la capacidad de actuar del bloque.
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«La estructura de la Unión Europea dificulta que hagamos todo lo que deberíamos idealmente hacer», afirma el investigador. La fragmentación del mercado único o la falta de un mercado común de capitales, clave para promover la inversión, son algunos ejemplos. «Un proceso de toma de decisiones donde tanto se deja a la unanimidad significa que la Unión Europea siempre estará sujeta a problemas planteados por uno o dos estados miembros recalcitrantes», reconoce.
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