‘UN CAFÉ EN LAS ALTURAS’
Pocas voces hablan con tanta autoridad como Antón Costas sobre la marcha del país. Es uno de los economistas españoles más prestigiosos y preside el Consejo Económico y Social, un órgano consultivo que asesora al Gobierno sobre políticas socioeconómicas y laborales.
[–>[–>[–>Gallego de nacimiento y devoción, catalán de adopción y madrileño de afición, Antón Costas reflexiona en Un café en las alturas sobre cómo le va a España: “España va bien en el sentido macroeconómico, pero ese progreso no llega por igual al conjunto de los ciudadanos”. Y encuentra en el ser humano la mejor metáfora: “Es como si en nuestro cuerpo los órganos principales funcionaran muy bien -el corazón, el páncreas, los riñones- y, sin embargo, la sangre no llegase de forma adecuada a todos los lugares de nuestra piel”.
[–> [–>[–>A su juicio, “se ha roto el puente que durante algunas décadas existió entre crecimiento y progreso social, y ha fallado el pilar fundamental de ese puente que son los buenos empleos”. “El empleo es el mecanismo más importante para trasladar el comportamiento de la economía al bienestar de las familias”, concluye.
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Costas introduce en la ecuación el problema de la vivienda que, en su opinión, es “un gran agujero negro” que se traga toda la mejora que se está produciendo en el resto de la economía: “los salarios van al alza y el empleo aumenta, pero hay muchos factores positivos en la economía española que son absorbidos por el agujero negro de la vivienda”. Explica que “el esfuerzo -el número de años necesarios para poder acceder a una vivienda- se ha ampliado de una manera que empobrece realmente a muchas familias e impide, especialmente, la emancipación de los jóvenes de nuestro país”.
[–>[–>[–>A cuenta del empleo, destaca que la reforma laboral, aprobada por el Congreso y negociada con sindicatos y patronal, está produciendo “una reducción de la temporalidad que tiene unos efectos positivos que -espero- continúen en los próximos años”.
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Antón Costas cree que “algo se ha roto en el contrato social (el pegamento que permite conciliar derechos y deberes en una sociedad liberal de tipo pluralista), pero no soy tan apocalíptico como veo a mi alrededor. Yo creo que el contrato social sigue siendo muy importante en las sociedades del bienestar, aunque haya que introducir nuevos elementos como un contrato social para los cuidados, un nuevo contrato social muy enfocado a cómo afrontamos y repartimos los costes de una sociedad longeva, el de los cuidados”.
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[–>Pensiones e inmigración
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Preguntado si es sostenible el sistema actual de pensiones y si tienen motivo para la preocupación los nacidos en el baby boom, responde: “rotundamente, no”. Y añade: “El sistema de pensiones es un pilar fundamental del capitalismo democrático y de la sociedad legal. A la vez que advierte: “Tiene que trabajar más gente de la que está trabajando y tiene que haber buenos empleos; con más gente trabajando y mejores empleos no veo problemas de financiación del sistema público de pensiones para las próximas generaciones”.
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Al hilo de la transformación demográfica que viene experimentando España en los últimos años, Antón Costas afirma que “la inmigración, bien gestionada, es una bendición para un país como el nuestro”. Y razona: “Si la población nativa de un país percibe que los flujos migratorios están controlados y tienen beneficios para los propios ciudadanos del país, las sociedades son más tolerantes respecto a la inmigración, y yo creo que en España aún es así”.
[–>[–>[–>Costas ve en el odio al inmigrante “un sentimiento perverso”, pero sí entiende el mensaje del miedo, que tiene una cierta lógica puesto que “España es el único país del mundo que ha aumentado su población inmigrante en diez millones de personas en apenas dos décadas; no hay ningún otro país del mundo que se haya enfrentado a un proceso inmigratorio de tal intensidad en tan poco tiempo”.
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En la entrevista, el presidente del Consejo Económico y Social pone también el acento, entre otras cuestiones, en las brechas de desigualdad y pobreza, especialmente la infantil: “Es algo que me destroza, no soy capaz de entender cómo en España, que es el cuarto país en potencia económica de la Unión Europea, una democracia consolidada y de calidad reconocida en el mundo, la pobreza infantil es la más elevada de toda la Unión Europea”.
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