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Europa llega a la Conferencia de Múnich con más dudas que certezas sobre el compromiso de Washington

Europa llega a la Conferencia de Múnich con más dudas que certezas sobre el compromiso de Washington
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  • Publishedfebrero 13, 2026




Europa y Estados Unidos se reencuentran en Munich en un momento de profunda desconfianza mutua. La 62ª Conferencia de Seguridad, que arranca este viernes en la capital bávara, reúne a más de cincuenta jefes de Estado y de Gobierno en un contexto marcado por el deterioro de la relación transatlántica y por una pregunta que sobrevuela cada pasillo del hotel Bayerischer Hof: ¿Sigue siendo fiable Washington como garante último de la seguridad europea?

El foro, tradicionalmente concebido como el termómetro de la alianza occidental, se celebra este año bajo el impacto del regreso de Donald Trump a la Casa Blanca y su deseo explícito de revisar las reglas del orden internacional surgido tras la Segunda Guerra Mundial. El propio informe de la conferencia advierte sobre una etapa de demolición institucional en la que algunas potencias parecen más dispuestas a erosionar el sistema que a reformarlo.

En este escenario, la representación estadounidense adquiere un significado político que va más allá del protocolo. El presidente y su vicepresidente no asisten. La delegación está encabezada por el secretario de Estado, Marco Rubio. Un gesto que no ha pasado desapercibido en las capitales europeas, que interpretan la ausencia del presidente como un síntoma de distanciamiento en un momento en el que la guerra en Ucrania y el debate sobre el gasto en defensa exigen coordinación. Las tensiones no son nuevas, pero han empeorado en los últimos meses.

Washington insiste en que la distribución de cargas dentro de la OTAN ha sido históricamente desequilibrada y se requiere un mayor esfuerzo presupuestario por parte de los socios europeos; De ahí que muchos gobiernos hayan reaccionado acelerando sus planes de inversión militar. Alemania se está preparando para duplicar su gasto en defensa en los próximos años. Otros países, como España, siguen defendiendo un compromiso más gradual.

El trasfondo, sin embargo, es más profundo que una discusión presupuestaria. Varios analistas consultados por la prensa alemana advierten que el problema no es tanto una retirada abrupta del paraguas estadounidense como la progresiva erosión de la confianza. Si aumentan las dudas sobre la verdadera voluntad de los Estados Unidos de cumplir sus compromisos, incluso en el ámbito nuclear, La arquitectura de disuasión que ha garantizado la estabilidad europea durante décadas. podría debilitarse sin necesidad de un anuncio formal.

Esta incertidumbre ha reabierto un debate que hasta hace poco parecía marginal: la posibilidad de fortalecer o incluso redefinir la disuasión europea. Se habla de mayor autonomía estratégica, de coordinación reforzada entre París y Berlín e incluso de nuevas fórmulas institucionales dentro de la Unión Europea. Pero los expertos advierten que no existen soluciones rápidas ni fórmulas mágicas.

Construir una alternativa creíble requeriría años de inversión, cohesión política y consenso social. En este sentido, el canciller alemán, Friedrich Merz, afronta su primera Conferencia de Seguridad en el cargo con la intención de lanzar un mensaje de firmeza y responsabilidad europea. En sus intervenciones anteriores ha insistido en que Alemania sólo puede proyectar influencia dentro de una Europa cohesiva y que cualquier tentación de liderazgo unilateral sería contraproducente. En París y Varsovia, sin embargo, persiste la preocupación por el creciente peso de Berlín en la esfera militar.

También estará presente el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez.en un momento en el que España mantiene una posición diferenciada en el debate sobre el gasto en defensa. Madrid ha reiterado su compromiso con la OTAN, pero sin asumir, por ahora, objetivos más ambiciosos que el 2% del PIB. En Múnich, Sánchez buscará proyectar la imagen de un socio fiable en el marco europeo, al tiempo que defenderá una concepción de seguridad que no se limite a un aumento del presupuesto militar, sino que incluya la estabilidad energética, la cohesión social y la autonomía tecnológica.

La guerra en Ucrania seguirá siendo un eje central del debate. El presidente ucraniano Zelensky participará en un momento en el que se multiplican las especulaciones sobre posibles negociaciones y el alcance de futuras garantías de seguridad. En Berlín se insiste en que un alto el fuego sin un marco sólido podría generar una falsa sensación de seguridad y dejar abiertas nuevas amenazas en el flanco oriental de la OTAN.

La conferencia de este año también refleja una fragmentación más amplia del orden internacional. China estará representada al más alto nivel diplomático, mientras Rusia mantiene su ausencia desde el inicio de la invasión a Ucrania. Paralelamente, figuras de la oposición iraní y venezolana aprovecharán el escaparate de Múnich para denunciar la deriva autoritaria en sus países.

Pero, a pesar de la amplitud temática, el verdadero foco sigue siendo la relación entre Europa y Estados Unidos. Muchos líderes europeos llegan a Baviera con la sensación de que el viejo consenso La lógica basada en valores compartidos ha sido sustituida por una lógica más transaccional, en la que cada compromiso se mide en términos de coste y beneficio inmediatos. Munich no resolverá esta brecha pero servirá para calibrar hasta qué punto la Alianza Atlántica atraviesa una crisis coyuntural o un cambio estructural. En los pasillos del Bayerischer Hof no sólo se discutirán presupuestos o estrategias militares. En última instancia, se discutirá si Occidente sigue siendo una comunidad política o se ha convertido en una suma de intereses divergentes obligados a coexistir.



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