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«Europa tiene que aprender el lenguaje del poder»

«Europa tiene que aprender el lenguaje del poder»
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  • Publishedmarzo 26, 2026




En un contexto internacional marcado por la guerra de Ucrania, la escalada en Oriente Medio y el giro estratégico de Estados Unidos, el diplomático Pablo García-Berdoy, ex embajador permanente de España ante la UE y actual líder de Asuntos Públicos de LLYC en Europa, sostiene en esta entrevista que el orden multilateral surgido tras la Segunda Guerra Mundial está llegando a su fin. Europa, advierte, enfrenta la necesidad de adaptarse a un mundo más «transaccional» en el que el poder duro vuelve a ocupar un lugar central.

El nuevo orden internacional que Washington parece querer promover incomoda a Europa…

Es un cambio profundo. Europa

es el fruto de un orden multilateral basado en reglas que, en gran medida,

medida, fue promovida por Estados Unidos después de la Segunda Guerra Mundial. Ese ha sido nuestro ecosistema natural durante décadas. El avance hacia un orden más transaccional no forma parte de nuestro ADN político o institucional, pero nos obliga a adaptarnos rápidamente, tanto en la forma de ejercer el poder como en nuestra propia integración.

¿Ha terminado definitivamente este multilateralismo?

Como lo sabíamos, sí. El orden que surja será diferente. Y esto no es sólo una consecuencia de una Administración específica en Washington. Ya en administraciones anteriores se percibía que este sistema ya no servía para garantizar el predominio global de Estados Unidos. El ascenso de China y la dinámica del sur global han alterado profundamente el equilibrio internacional.

¿Cómo encaja en ese contexto la crisis en Oriente Medio, en particular la ofensiva contra Irán?

Lo más llamativo es la ausencia de objetivos claros y de una estrategia de salida definida. El cambio de régimen, que parecía uno de los objetivos implícitos, no se ha producido. Tampoco hay señales de estabilidad regional a corto plazo. Estamos en un escenario en el que la operación militar parece ahora buscar otros objetivos, pero no está claro qué ni cómo lograrlos. Esto hace que sea muy difícil anticipar la evolución del conflicto.

¿Existe riesgo de una mayor escalada?

Siempre existe ese riesgo. La historia nos muestra que cuando las operaciones no logran sus objetivos iniciales, existe la tentación de intensificar el esfuerzo en lugar de reducirlo. Esto es lo que pasó en Vietnam. Ahora mismo parece que existe el deseo de aumentar la presión, incluso con el despliegue de medios militares adicionales en la región.

Europa ha basado su influencia internacional en el poder blando. ¿Sigue siendo válido?

Ha llegado a su límite. Cuando el sistema internacional está cada vez más gobernado por el poder duro, no podemos seguir actuando exclusivamente con herramientas de poder blando. Europa tiene que integrar esa dimensión en su modelo. No se trata de renunciar a nuestros valores, sino de equiparnos con los instrumentos necesarios para defenderlos.

¿Qué significa eso en términos de defensa?

Implica actuar en varios niveles. En el ámbito industrial se han dado pasos importantes hacia una mayor integración, aunque todavía insuficientes. Pero el problema fundamental sigue estando en la toma de decisiones y la cadena de mando. A corto plazo, la única opción viable es fortalecer el pilar europeo dentro de la OTAN.

¿Es realista pensar en una defensa europea autónoma?

A corto plazo, no. No tenemos las capacidades necesarias. La autonomía estratégica es un objetivo legítimo, pero sólo puede lograrse gradualmente. Para conseguirlo, es imprescindible incrementar el esfuerzo presupuestario en defensa y avanzar en la integración.

¿Puede Europa seguir confiando en Estados Unidos como aliado?

No en los mismos términos que en el pasado. La relación ha cambiado. Pero hay un elemento que no podemos perder de vista: estamos en una guerra en Europa. Y en ese contexto, nuestra dependencia de Estados Unidos es una realidad, no una opción teórica. En tiempos de crisis extrema, los Estados toman decisiones que no necesariamente reflejan sus preferencias ideales.

¿Está Europa sola ante la amenaza rusa?

Es un misterio. Lo veremos dependiendo de cómo evolucione la guerra en Ucrania y cuál sea la estrategia global de Estados Unidos. Lo que sí sabemos es que existe una gran incertidumbre, no sólo en Europa, sino también dentro de la propia Administración estadounidense.

La guerra en Ucrania también ha puesto de relieve las dificultades internas de la UE. ¿Es la unanimidad un obstáculo?

No es el principal problema. La experiencia demuestra que cuando hay una voluntad política clara, la UE encuentra soluciones. Lo que falta en este momento es liderazgo en el Consejo Europeo.

¿Qué papel desempeña la Comisión en este contexto?

La Comisión ha actuado dentro de sus límites, con aciertos y errores. Pero el problema no es un exceso de iniciativa por su parte, sino más bien la falta de una dirección política clara por parte de los Estados miembros.

El eje franco-alemán ha sido históricamente el motor de Europa. ¿Sigue siendo así?

Está en proceso de transformación. Ha sido fundamental, pero ahora enfrenta límites estructurales. La ampliación de la Unión y el cambio en el equilibrio de poder tras la reunificación alemana hacen necesario un liderazgo más amplio. Países como España, Italia o Polonia deben ser parte de ese motor.

¿Cómo debería relacionarse Europa con China?

Europa ya ha definido esa relación como dual. China es un socio esencial en la gobernanza global, desde el cambio climático hasta las grandes cuestiones económicas. Pero también es un rival en áreas estratégicas e ideológicas. Esta dualidad debe gestionarse con realismo.



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