Feministas bajo la dictadura (I)
La de la II República, aunque duró poco, fue una prometedora época para las mujeres españolas, con avances sociales, jurídicos y políticos tan decisivos como el derecho al voto, el divorcio, la patria potestad compartida y cierta equiparación laboral. Hasta llegar ahí hubo un largo camino. En su libro «Republicanas. Revolución, guerra y exilio de nueve diputadas» (Tusquets Editores) el periodista Miguel Ángel Villena dedica un capítulo a las mujeres que alentaron la llama del feminismo bajo la dictadura de Primo de Rivera.
[–>[–>[–>El cuartelazo de Miguel Primo de Rivera se produjo el 13 de septiembre de 1923, derogó la Constitución de 1876 y constituyó una Asamblea Nacional Consultiva. En un contexto de transformación socioeconómica y consciente de la importancia creciente de las mujeres en la vida laboral y social, Primo de Rivera tanteó a algunas dirigentes del movimiento feminista para que se unieran a su proyecto político. Algunas aceptaron su invitación. Es el caso de María Espinosa de los Monteros, que por entonces ocupaba la presidencia de la Asociación Nacional de Mujeres Españolas y que formó parte de la corporación del Ayuntamiento de Segovia, convirtiéndose en una de las primeras concejalas de la historia de España, o el de María de Maeztu, fundadora de la Residencia de Señoritas y del Lyceum Club que, por designación directa, formó parte de la Asamblea Nacional Consultiva. Las abogadas Clara Campoamor y Victoria Kent recibieron la misma oferta y la rechazaron.
[–> [–>[–>Primo de Rivera llegó a encomendar la redacción de un Estatuto Municipal que otorgaba el voto a las mujeres, pero con tantas restricciones que Miguel Ángel Villena opina que el derecho acababa convertido en parodia: solo podrían votar las mujeres mayores de 23 años, emancipadas y cabezas de familias, es decir, viudas y huérfanas, y ni siquiera así llegó a aplicarse.
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Colaborar o no con el régimen militar era todo un dilema y no fácil de dirimir. Los dirigentes de la UGT aceptaron cargos oficiales en la dictadura, incluido su secretario general, Francisco Largo Caballero, y el incipiente movimiento feminista español se vio en el mismo brete. Victoria Kent formó parte de los comités paritarios de empresas y trabajadores; Clara Campoamor y Matilde Huici se negaron.
[–>[–>[–>El 30 de abril de 1930 Victoria Kent se convirtió en la primera abogada en ejercer por primera vez en España ante un tribunal, en la Audiencia Nacional, en un caso de homicidio por atropello y un año después Clara Campoamor litigaba en los tribunales con Niceto Alcalá-Zamora por una demanda de paternidad.
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