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Ferraz colapsa en la gestión del acoso por los «ajustes de cuentas»

Ferraz colapsa en la gestión del acoso por los «ajustes de cuentas»
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  • Publishedenero 5, 2026



Las últimas semanas han sido difíciles en Ferraz. La sede federal del PSOE ha recibido varias denuncias de presunto acoso en su canal interno. El estallido del «caso Salazar» ha supuesto una revolución que ha quitado buena parte de la credibilidad a la organización entre las mujeres.

El feminismo del partido ha gritado alto y claro que se acabó la impunidad. El problema, según fuentes socialistas, es que hay denuncias que se han convertido en una herramienta para «ajustar cuentas». Estas mismas fuentes defienden los cambios internos que la dirección quiere hacer en el protocolo para separar «la venganza de la realidad». «Que la denuncia no sea anónima no significa que no se mantenga el anonimato de la víctima», explica un socialista comprometido con todas las denuncias de acoso que han llegado al buzón de Ferraz. Lo cierto es que el PSOE quiere poder comunicarse más eficazmente con los denunciantes. Por lo tanto, considere reclamar información de contacto. Hasta el momento, el partido sólo puede comunicarse con los denunciantes a través de la propia plataforma online. Ese anonimato es el que ha abierto el agujero por el que se cuelan algunos cuchillos. Tal y como viene informando este diario, el PSOE asiste desde hace semanas a un incipiente conflicto interno.

Las mesas medias del partido huelen el «fin de ciclo» de la etapa de Pedro Sánchez. Y algunos están aprovechando para tomar posiciones respecto a la transición que se abriría en el caso de que el secretario general abandone la presidencia del Gobierno y la dirección del partido. Precisamente, el anonimato fue lo que inicialmente llevó al equipo de Presidencia de Gobierno a sospechar de las dos primeras denuncias contra Paco Salazar publicadas en exclusiva por «eldiario.es» el pasado verano. Esa misma incredulidad fue, de hecho, la que llevó a la exministra portavoz Pilar Alegría a ser vista con Salazar en un restaurante de Madrid.

Los socialistas consultados aseguran que en estos momentos «nadie se fía de nadie». También admiten que el acoso sexual es un tema muy sensible en el partido y que cualquier acusación, dado el contexto, provoca la cuarentena inmediata del presunto acosador. Se trata, pues, de un mecanismo eficaz para eliminar políticamente a los adversarios.

Sánchez, el mes pasado, aseguró que el partido dotaría de más recursos humanos y materiales al equipo que gestiona los casos de acoso sexual en la organización. Por otro lado, existen casos de acoso laboral. El responsable de la gestora en Extremadura, José Luis Quintana -persona de gran confianza de Pedro Sánchez- ha sido el último en ser identificado. Él niega los hechos. Pero el asunto sólo alimenta el ruido interno dentro de un partido que comienza a ver amenazada la paz interna. Precisamente la federación extremeña ya ha mirado por la ventana del «postsanchismo». El fracaso electoral del pasado 21 de diciembre se considera responsable de la situación del partido a nivel nacional. Distintas federaciones señalan a Sánchez como responsable de su gestión de la policrisis que le tiene contra las cuerdas.

La dirección está bajo la lupa: muchos militantes interpretan que intentó cerrar el expediente de Salazar discretamente, sin levantar polvo, lo que en la práctica se percibe como un intento de protegerlo. Salazar perteneció desde el principio al círculo más cercano a Sánchez. Conozca al presidente en detalle. Es, como José Luis Ábalos, uno de esos «hombres del presidente» cuyo poder reside más en lo que guardan para sí que en lo que pueden contar.

Por ello, en sectores del PSOE ese aparente afán de encubrimiento también se vinculó con el temor a una posible reacción de Salazar. Las fuentes consultadas en el partido admiten que «todo puede ir a peor» si viejas rencillas del pasado se zanjan ahora mismo, cuando el presidente y el partido se encuentran en su momento más débil desde 2018. Mientras tanto, el PSOE intentó poner fin a la crisis con un informe del comité antiacoso que «mató» a Salazar y a su ex número dos en Moncloa, Antonio Hernández, pero que el feminismo del partido consideró «una vergüenza».

En el PSOE, en cualquier caso, no pueden superar su asombro ante la virulencia de los casos de acoso sexual. El sector crítico del partido, mientras tanto, pide más cabezas a Sánchez. Las feministas socialistas afirman que hay más «casos Salazar». En verdad, Sánchez sabe que el acoso sexual es un tema tan delicado que puede provocar un grave problema político en un año crucial.



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