Fina ironía de Sánchez
Cabe pensar que Pedro Sánchez se haya arrepentido del alarde de sinceridad que tuvo en la comparecencia de prensa tras visitar a León XIV. Es la primera vez, que yo recuerde, que Sánchez expresa tan claramente su opinión, aunque sea en tono irónico, a propósito del comentario que García-Page, único presidente socialista con mayoría absoluta, había realizado unos días antes y en el que proponía una moción de confianza o un adelanto electoral como única salida para salvar la delicada situación del momento que se está viviendo en la Moncloa (Felipe González también se manifestó en la misma línea).
[–>[–>[–>Seguramente Sánchez no quiso hacerlo, pero no se pudo aguantar. Page le había puesto en bandeja la ocasión para soltar los dardos que tan finamente oculta públicamente.
[–> [–>[–>Y probablemente, sigo diciendo, se haya arrepentido porque la sinceridad no es lo suyo, aunque sea a la inversa.
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Al principio pudo parecer creíble la afirmación de que «Hay algún compañero que lo que me pide es adelantar las elecciones porque es consciente de que voy a tener mayoría parlamentaria en el Gobierno y en el Congreso para gobernar de una manera mucho más tranquila y se lo agradezco…», «pero es que yo no puedo convocar elecciones por interés partidista»… «sino por el interés general de los ciudadanos y ciudadanas».
[–>[–>[–>No tardaron mucho los medios en desvelar la ironía de la inversión a broma en un tema tan serio y recordarle que tan solo tres años antes hacía convocatoria electoral menos de 24 horas después de perder las elecciones municipales y autonómicas por abrumadora mayoría. El propio Page le respondió que «el país está para cualquier cosa menos para bromas». Solo los muy entregados le rieron la gracia o creyeron en su anteponer el bien general al suyo propio.
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Ahora mucha gente comprueba, por este y otros asuntos, que lo que aparecía como un prudente hombre de Estado, temeroso del dios democrático, preocupado por la salud de sus ciudadanos (covid), o por la marcha de la economía, o por la crisis de la vivienda, o de la inmigración, o del estado social, o del auge de la ultraderecha, etcétera, en sus múltiples «homilías semanales teletransmitidas» no es más que una máscara que esconde realmente un «torbellino de pensamientos sarcásticos» entre los que abundan más frecuentemente los descalificantes que los elogiosos.
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[–>Subyace en su fuero interno un mar de inquina e indignación, como saben muy bien en estos casos sus colaboradores más cercanos y se ha visto claramente en los whatsapps de Abalos. Manifestándose presto a abatir a las piezas que dentro de su redil no se sometan a los designios del, «elegido por las bases».
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A los otros no. A los de afuera que le sean necesarios hay que agasajarlos con todo tipo de elogios y regalos para que le den sus votos. Tiempo habrá de atraerlos al redil y entonces machacarlos.
[–>[–>[–>A los que sencillamente no están dentro de su influencia, ni se espera que estén nunca; o que vayan por libre y se les ocurra tener pensamiento propio, simplemente se les desprecia con el amable calificativo de «fachosfera», «lawfare» o peligrosa ultraderecha, da igual quienes sean.
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