Gesta de Van Aert en Roubaix ante un Pogacar enorme
Hay victorias de justicia. Hay triunfos que siempre se deben celebrar por mucho cariño que se sienta al aparentemente derrotado. Y hay recompensas, premios que se deben cobrar como si fuera un acto de fe, algo que se le debía a un corredor brillante, polivalente, astuto y tantas veces perseguido por la desdicha como es Wout van Aert. No sólo ganó una París-Roubaix memorable, sino que todavía engrandeció más el triunfo porque venció nada menos que a Tadej Pogacar.
[–>[–>[–>Ellos dos fueron los héroes principales frente a los temibles adoquines del norte de Francia, donde se destrozan bicis como la de Mathieu van der Poel, donde sólo pueden destacar los más fuertes siempre y cuando los acompañen las fuerzas y la suerte, cuando te sobrepones a pinchazos, a cambios de bici y a cacerías que parecían imposible, tal como hicieron Van Aert y Pogacar.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>Van Aert dejó al ciclismo sin la posibilidad de que Pogacar fuera el primer corredor de la historia que ganase los cinco ‘monumentos’ en un mismo año. Ni lo hizo Eddy Merckx, ni seguramente lo hará él, porque es difícil que tenga una Roubaix tan de cara como la que tuvo este domingo.
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Pero si cerró la puerta a la épica de Pogacar abrió la suya. Ya estaba bien de quedar siempre segundo, tercero o cuarto en esta carrera. Debía tener su adoquín personal como si fuese un lingote de oro. Por eso lloró, se emocionó y volvió a cubrirse de lágrimas cuando se abrazó a su pareja y a los dos hijos para decirles: “Papá ha ganado”, ha vencido en la mejor carrera de su vida.
[–>[–>[–>El ‘monumento’ que le falta
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Pogacar se quedó sin el ‘monumento’ que le falta, pero si fue cinco veces a San Remo hasta anotarse la clásica italiana, la gesta de Van Aert lo impulsó, por obra y gracia, a apuntarse de nuevo a la prueba dentro de un año. ¡Alabado sea Van Aert! De haber perdido el esprint final en el velódromo de Roubaix habría privado a los aficionados del mundo entero de volver a ver a Pogacar por esos parajes.
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Van Aert ya tenía una Milán-San Remo, la que se corrió en el verano de la pandemia. Se había quedado a centímetros de no llevarse el Tour de Flandes del mismo año. Sin su participación igual Jonas Vingegaard no gana el primero de sus dos Tours y seguro que Simon Yates no se lleva el Giro del año pasado, cuando lo impulsó en la bajada de La Finestre tal cual fuese una moto de gran cilindrada.
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[–>El ciclista que todos querrían tener
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Por eso, es el ciclista que todos querrían tener, el que gana contrarrelojes en el Tour, el que pasa primero por el Ventoux y el que fue a la Vuelta a lucirse hasta que se destrozó la rodilla en una caída camino de los Lagos de Covadonga.
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Roubaix quería un héroe y al no encontrarlo en un Van der Poel, que buscaba la cuarta victoria, pero que destrozó la bici entre los adoquines del bosque de Aranberg, trató de hallarlo en Pogacar, el que tenía que arremangarse y forzar al máximo para no perder la carrera por un pinchazo a 120 kilómetros de la llegada.
[–>[–>[–>Van der Poel, tras sufrir la avería en Arenberg. / ASO
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Pero no era el día del fenómeno esloveno porque Van Aert, quizá más discreto, corría sabiendo que estaba en una forma exquisita. Tal vez, hace una semana, se equivocó al tratar de ser el único que aguantaba a Pogacar en los muros de Flandes, su tierra, donde pasa parte del año si no está por Alicante, Granada o Tenerife. A Pogacar no le busques las cosquillas en una subida porque morirás en el intento.
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Roubaix es otra cosa
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Pero Roubaix es otra cosa. Allí cuenta el peso, la experiencia, la paciencia y el saber acelerar, como hizo Van Aert, en el momento preciso, en Mons en Pévèle, uno de los tramos más complicados. Y desde allí, con casi 50 kilómetros, aguantar una vez y otra la terrible rueda de Pogacar. Quería ganar, pero sobre todo dedicarle la victoria a su antiguo compañero Michael Goolaerts, que murió en la París-Roubaix de 2018. Por eso levantó el dedo, porque llevaba ocho años esperando lanzar una dedicatoria así para su amigo desaparecido.
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Pogacar, en meta. / ASO
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