GIJÓN HALLAZGO PROYECTIL | Los ecos de la Guerra Civil que aún afloran en las playas de Gijón
El proyectil de mortero hallado este miércoles en plena playa de San Lorenzo, cerca de la desembocadura del Piles, reaviva el debate sobre la presencia ya más que evidente de artillería vinculada a la Guerra Civil en todo el litoral gijonés. Este elemento sorprende especialmente porque apareció muy cerca de la superficie, enterrado bajo pocos centímetros de arena, y la suerte hizo que el hallazgo lo hiciese una persona con experiencia militar y que pudo sospechar pronto y a tiempo de que el objeto podía ser peligroso. Sumado esto a la aparición hace ahora casi dos años de varios proyectiles hundidos en las aguas frente al Cerro de Santa Catalina, los expertos insisten en que este tipo de objetos “siguen siendo peligrosos” y que no deben ser manipulados por viandantes.
[–>[–>[–>Pablo García encontró este nuevo proyectil con su detector de metales, una afición que desarrolla desde hace años y del que divulga con asiduidad en redes sociales para enseñar “el lado bueno” de una actividad que mal empleada puede caer en el espolio, pero que él usa para regresar a sus dueños enseres personales perdidos, como alianzas de boda y relojes.
[–> [–>[–>[–>[–>[–>En estos últimos años, cuenta, ha encontrado también muchos vestigios antiguos, sobre todo monedas, y algunos restos seguramente vinculados a la Guerra Civil, principalmente balas. “Pero algo de este calibre es la primera vez que me lo encuentro”, reconoce el responsable del hallazgo, que, tras el eco mediático de estas últimas horas, insiste en que este tipo de encuentros son siempre peligrosos. “Me pitó el detector, extraje arena con la pala un par de veces y, viendo que parecía un objeto grande, lo cogí con la mano. Esto ya lo pensé después, pero si hubiese seguido golpeando con la pala hubiese incrementado el riesgo de detonación”, explica.
[–>[–>[–>
También piensa ahora García que haberlo manipulado con la mano tampoco fue lo más prudente, y considera que tuvo la suerte de que, al haber sido militar durante unos años, la forma del objeto pronto le hizo sospechar de que podría tratarse de un mortero. “Estoy en contacto con expertos de esta materia y siempre nos dicen lo mismo: no tocar ni manipular. Es más peligroso de lo que quizás parece”, razona.
[–>[–>[–>Expertos vinculados al Museo Militar de El Cuetu apuntan a que la hipótesis más probable es que este proyectil fuese arrojado por algún particular hace algún tiempo al Piles, y que por eso apareció casi en la superficie. Es también posible, añaden, que se tratase de un artefacto usado durante el conflicto armado que jamás llegó a detonar por caer en zona blanda. Ya entonces estos morteros tenían un porcentaje de fallos muy alto, pero eso hace que a día de hoy sigan siendo peligrosos y deban ser manipulados solo por expertos.
[–>[–>[–>[–>[–>[–>
El historiador Pablo Martínez Corral, por su parte, señala también que ambas opciones son posibles. Detalla que en verano del 36 Gijón fue “un campo de batalla calle por calle”, con los asedios conocidos a los cuarteles de Simancas y Zapadores, y que esa lucha tomó también como sede en entorno del Cerro de Santa Catalina entre milicias republicanas y sublevados. Estos últimos, añade, iban armados con el mortero “Valero” hallado este miércoles en la playa. “Muchos de esos proyectiles, al caer sobre la arena blanda o zonas de marisma, no encontraron la resistencia necesaria para activar sus espoletas”, añade el historiador, que entiende posible que, debido a eso, algunos artefactos acabasen enterrados en la arena o arrastrados por la marea.
[–>[–>
[–>Añade, similar a esta idea, otra hipótesis vinculada a la “precariedad técnica de las primeras semanas” de conflicto. “Ante la falta de bombas de aviación reglamentarias, los aviones que operaban sobre la bahía de Gijón recurrieron a las llamadas bombas de circunstancias. Se lanzaban proyectiles de artillería o mortero adaptados con aletas caseras. Este armamento improvisado tenía un índice de fallo altísimo; al caer al agua o en la zona intermareal, se perdieron de vista, conservando su carga explosiva intacta bajo capas de sedimento durante décadas”, resume.
[–>[–>[–>
Al igual que explicaban desde el Museo de El Cuetu, Martínez Corral también ve probable la explicación de que el elemento fuese arrojado posteriormente por un ciudadano. “Al finalizar la contienda, el miedo a las represalias y los registros domiciliarios llevó a muchos ciudadanos a deshacerse de recuerdos peligrosos”, cuenta. Señala, en cualquier caso, que la presencia de estos elementos en el litoral gijonés es evidente y que no aparecen por mera casualidad.
[–>[–>[–>Otros proyectiles sumergidos
[–>[–>[–>
Esta aparición recuerda a dos intervenciones realizadas en 2024, en mayo y julio, en la bahía gijonesa, cuando se hallaron varios proyectiles a pocos metros del acantilado del Cerro, en el suelo marino. Fueron neutralizados por el Equipo de Desactivación de Explosivos de la Unidad de Buceo de Ferrol, y las partes recuperables fueron entregadas después por la Armada al Ayuntamiento con fines expositivos. Uno de los hallazgos, el de julio, lo habían hecho integrantes de los Grupos de Especialistas en Actividades Subacuáticas (GEAS) en una exploración rutinaria, pero en mayo la voz de la alerta la habían dado unos buzos aficionados que se habían encontrado con los proyectiles a simple vista.
[–>[–>[–>
Suscríbete para seguir leyendo
Puedes consultar la fuente de este artículo aquí